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Fernando Aínsa, el paseante en calcetines

Paseo por la Feria del Libro de Zaragoza con Luis García Montero, Isaac Rosa, José Luis Acín, los Cálamo y Julia Millán, el día en que llegó la noticia de la muerte del escritor, que había estado el pasado sábado en el recinto

Fernando Aínsa
Fernando Aínsa (1937-2019): poeta, periodista, narrador, ensayista y retornado a Aragón.
Josian Pastor

En la Feria del Libro de Zaragoza ocurre un poco de todo. Isaac Rosa llega con serenidad a Cálamo, Paco y Ana, y corrige con delicadeza : «Mi novela no es ‘Final feliz’ sino ‘Feliz final’. Hasta yo me confundo», dice. Se sienta en una silla entre las casetas y confirma que en otro tiempo jugó al baloncesto. ‘Feliz final’ (Seix Barral) es la historia de un gran amor: la vida de una pareja que toca la luna varias veces y se desploma en el foso del odio y sus afluentes.

Julia Millán, de Antígona, es una de las figuras inabarcables de la Feria: lo mismo coordina la muestra ‘El palacio ilustrado’ de la Aljafería, que busca las mejores novedades de la literatura infantil y juvenil o repara en una nueva colección de libros, la de la Fundación de la Huerta de San Antonio, y en el trabajo del pintor Juan Vida. Saca una de sus joyas: ‘Amistad a lo largo’, de Luis García Montero y Felipe Benítez Reyes, un libro de ‘Correspondencias en verso. Poemas de ocasión. Apreciaciones recíprocas. Cadáveres exquisitos’, que es muy prometedor.

Luis García Montero aparece con José Luis Acín. Firmará su libro ‘Las palabras rotas’ y hablará de todo, no le da tiempo a comentar el ascenso del Granada -en el que jugaron zaragocistas como Izcoa, Lasa, Chirri, Enrique Porta o Manolo Fontenla, que organiza tertulia de ases en la calle Cádiz-, pero su gran pasión es el arte de pensar y opinar con poesía: esa «voluntad de no mentirme».

En Olifante siempre hay poetas con Trinidad, la madrina de la lírica; José Antonio Conde alterna la escritura con la pintura: hace paisajes, mares y ciudades con la mano izquierda que se salvó de un ictus casi letal.

Cuando anochece, se expande la noticia de la muerte de Fernando Aínsa: un hispano-uruguayo con ancestros aragoneses, pasado por Montevideo y París y los sueños literarios, que acabó encontrando refugio y amigos en Zaragoza y Oliete. Había sido editor, periodista, narrador y ensayista. Redescubrió la lírica y el vuelo inefable de los buitres en los cielos de Teruel.

Unos días antes, el pasado sábado, cuando amainaba el calor, había cumplido uno de sus ritos favoritos: pasear entre libros, departir con escritores y avanzar suavemente al lado de su esposa Mónica. Esa podría ser una de las imágenes de la Feria de Zaragoza; la del paseante que anticipó así su fin: «Siento últimamente que la muerte se empeña en sacarme los calcetines».

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