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Ocio y Cultura

LEJOS DE CASA

Néstor Romero: "En música no hay oposiciones"

Después de estudiar en Sabiñánigo, Utrecht o Dublín, entre otros, este compositor zaragozano de 26 años vive en La Haya gracias a su trabajo en varios proyectos en diferentes ciudades europeas mientras sigue a la zaga de nuevas partituras

Néstor Romero, compositor aragonés, estudiando una partitura.
Néstor Romero, compositor aragonés, estudiando una partitura.
Nestor Romero

Como un juglar moderno, Néstor Romero (Zaragoza, 1992) lleva compartiendo su música de un lado para otro desde los 11 años, cuando empezó a estudiar violín en Sabiñánigo, y hasta hoy, cuando tiene varios proyectos en Irlanda, Bulgaria... o donde encuentre una oportunidad interesante. Tanto es así que vivir en La Haya (Holanda) le es cómodo porque está "a 35 minutos del aeropuerto de Ámsterdam". Como quien agradece vivir cerca de la parada del 22.

Con solo 26 años, ya ha conseguido vivir de su música...

Soy Director de contenido de vídeo en la Academia de Compositores de Bandas Sonoras Europea, en Sofía. Además, entre varios compañeros del máster que estudiaba formamos un colectivo de compositores en Dublín: Sonic Gate Studios. Nos dimos cuenta de que, juntos, tenemos más capacidades para encontrar ofertas y dar servicios, como postproducción de sonido, orquestación, mezcla o grabación. Trabajamos con un estudio en Dublín, una productora en Barcelona o una orquesta sinfónica en Bulgaria, entre otros.

Aunque vive en Holanda.

Me mudé a La Haya en febrero porque viajo por trabajo todo el tiempo. En realidad, yo he vivido fuera de España desde los 11 años, cuando estuve en un internado en Francia. Luego, nos fuimos con mi padre a Miami un año; después, nos mudamos a los Países Bajos y, más tarde, empecé mi carrera en Barcelona. Al final, comencé otros estudios, en Países Bajos otra vez, e hice un máster en Dublín. Ahora, he vuelto a Holanda.

¿Y le gustaría regresar a España?

No lo descarto. Aunque en Holanda tengo muchos amigos y, como trabajo bastante en el extranjero, tengo que moverme bastante y coger varios aviones. Vivo a unos 35 minutos en tren del aeropuerto de Ámsterdam y, desde ahí, a una hora y media de Dublín en avión. También estoy a dos horas y poco de Sofía, adonde voy bastante. Me pilla más cerca de todo. Ahora mismo, no me planteo volver, pero tampoco lo descarto. Además, en España se están haciendo muchas cosas y hay gente muy profesional. Si salieran más oportunidades, me plantearía volver.

¿Tiene algún otro proyecto entre manos?

Estoy acabando uno para la fundación Are We Europe, un colectivo de jóvenes europeos que tiene bastante contenido ‘online’. Hemos producido para ellos una serie de relatos visuales de los ganadores del Premio Europeo de Prensa. Me mandaron a Hamburgo, Naarden, París, Madrid, Berlín y Varsovia. Ha sido una maravilla conocer a esta gente, sus historias eran espectaculares.

¿Y, a largo plazo, qué quiere hacer?

Estoy trabajando para un programa de máster nuevo, sobre composición para medios audiovisuales contemporáneos. También colaboro con una cantante, Naomi Wachira, ayudándola con los arreglos, y hay proyectos más pasionales, como uno para readaptar música tradicional irlandesa en el que vamos a recomponer un grupo de música formado por viola de gamba, órgano, tres violines, un chelo y un piano. La idea es emlear piezas de música antigua irlandesa y, entre varios compositores, hacer una serie de recomposiciones para grabarlas en una iglesia de Dublín.

"La música, al final, requiere de mucho trabajo y estudio y de crear una red de personas, amigos y profesionales que sea fuerte"

Cuando decidió dedicarse a la música, ¿esto era lo que quería hacer?

Nunca sabes cómo va a funcionar. En el mundo de los autonómos, todo es muy irregular. A veces, te llegan muchos proyectos y estás sin parar. Otras, estás desesperado por encontrar un trabajo. Pero, sí, lo que hago es algo que me encanta. Eso es una gozada y un privilegio. Sobre todo, poder trabajar con equipos como con los que trabajo. Si tengo que apuntar algo de lo que más afortunado me siento, es de la gente con la que estoy colaborando. Todos tienen mucho optimismo, fuerza y ganas de trabajar.

¿Le dijeron muchas veces aquello de que es imposible vivir de la música?

Qué va. Mi madre es guitarrista clásica y siempre tuve mucho apoyo y mucha ayuda. Desafortunadamente, en ciertos círculos no se considera esta como una profesión viable. En parte, lo entiendo, porque no hay un camino a seguir, aquí no hay oposiciones. Pero la música, al final, requiere de mucho trabajo y estudio y de crear una red de personas, amigos y profesionales que sea fuerte. Hay que decir que sí a casi todo –sin que te exploten–. Habrá gente que necesite música y no tenga dinero para pagarte, pero hay que estudiar aceptar esas ofertas porque, a lo mejor, esa persona está dirigiendo una serie dentro de un año, o un largometraje, y vuelve a contar contigo.

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