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Carmen Aliaga: “En la poesía y en el sexo la imaginación es primordial”

La poeta, rapsoda y actriz zaragozana publica su poemario ‘Madeleine y las otras’ (Olifante, ediciones de poesía), que fue finalista del premio Cálamo de Poesía Erótica.

Carmen Aliaga
Carmen Aliaga ha posado para Juan Moro y su serie 'Gente de mal vivir'.
Juan Moro

-¿Cómo nace su nuevo libro de poemas ‘Madeleine y las otras’, que publica Olifante con prólogo de José Antonio Conde?

Nace, de alguna manera, como todo lo mágico que nos sucede en la vida, de una forma inesperada, imprevisible, como esas tormentas de verano que te sorprenden en medio de una extensa playa. Tras publicar “Libro Huérfano” (Ed.Olifante) me quedé (en esta ocasión, previsiblemente) vacía, hueca y con una especie de rabia y rencor hacia la Poesía que, de nuevo, se había quedado conmigo, alimentándose absolutamente de mí. Busqué, casi inconscientemente un lugar donde poder volver a encontrarme y retorné al cine. Me sumergí especialmente en el director y fotógrafo francés Chris Marker (sobrenombre de Christian François Bouche-Villeneuve) y, como esa lluvia fortuita, surgió un poema y el siguiente y el siguiente. A él también le debo el título del poemario pues habla de lo que para él es “una Madeleine”. Y hablando de menciones...

¿Sí?

Aprovecho para agradecer el hermoso prólogo que me hizo el poeta José Antonio Conde y el fantástico texto que figura en la solapa, de la artista Helena Santolaya.

¿Qué buscaba con ese poemario en tres tiempos y al menos a dos voces?

No tuve ninguna duda en esta división (es la misma usada en mi anterior libro, puesto que considero que todo está ordenado en tres partes: la materia (líquido, sólido y gaseoso), el tiempo (presente, pasado y futuro), el mundo en la metafísica (elemental, celeste e intelectual);los colores primarios son tres (amarillo, azul y rojo) y también las potencias de la inteligencia humana (memoria, entendimiento y voluntad), sin olvidar que ya en la Biblia se alude al tres como símbolo de Unidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Por otra parte, el tres es el símbolo de la creatividad, la emoción, el crecimiento.

¿Y la dos voces?

Respecto a dos voces, representarían lo masculino y femenino, el yin y el yang, aunque en realidad las voces son múltiples, diríase infinitas y, en ningún momento, opuestas, pues las unas forman parte de las otras.

¿Quién es Madeleine, quiénes son las otras, quién es el enamorado?

Madeleine es la mujer y todas las mujeres que en ella habitaron, habitan o habitarán, todas aquellas que forman parte de su pensamiento, su actitud, su afirmación y negación. Tanto Madeleine como el enamorado son, en realidad, lo mismo, la fuerza, la compulsión, el deseo, el instinto, Eros, en el sentido amplio de la palabra.

¿Por qué ha elegido Francia, que parece el escenario casi completo del libro?

También, de una forma casi incomprensible, siento una atracción inmensa por Francia y todo lo relacionado con este país, prolífico en cuanto a hermosos paisajes y de una gran riqueza cultural y artística. De norte a sur me fascina desde niña, desde los exquisitos Castillos del Loira hasta las maravillosas playas de la Costa Azul y los míticos puentes sobre el Sena; pero, especialmente, las pequeñas aldeas de la Bretaña.

¿Cómo define su poesía erótica? ¿Por qué presentó el libro al premio Cálamo?

Entiendo el erotismo como esa especie de deidad que encarna la fuerza no solo del amor por lo corporal, sino también ese impulso creativo de la naturaleza humana, esa especie de luz primigenia y creadora, esa asunción y, a la vez, catarsis, que ordena el cosmos. El erotismo, ese deseo impetuoso, ese poderosísimo anhelo, sería una especie de cohesión entre el cielo y el infierno, metafóricamente hablando, ese invisible intermediario entre dioses y hombres.

¿Dónde es más importante la imaginación: en el sexo o en la poesía?

Creo que tanto en el sexo como en la poesía como en cualquier otra faceta de la vida, la imaginación es primordial. Imaginar es crear, inventar y no concibo mi día a día sin altas dosis de fantasía y fábula. Sin esa utopía, como medida de salvación, sería para mí mucho más difícil adaptarme al mundo y reconciliarme con los otros y conmigo misma.

Carmen Aliaga
Una fotograma de 'La Jetée' de Chris Marker, que ha inspirado a Carmen Aliaga.
Archivo Heraldo.

¿Cómo son sus metáforas? Llama la atención la fantasía y la capacidad de comparar el cuerpo y el alma del amante con los objetos, las estaciones...

Creo que mis metáforas son, en realidad, un espejo de mí misma. Son por tanto, atrevidas, potentes, teatrales, surrealistas en muchos casos. Y, sí, insisto en esa comparación del cuerpo y el alma del amante porque no los concibo por separado. Somos un todo, una unión de huesos, recuerdos, músculos, emociones, piel, olores, costumbres, arrepentimientos y transgresión. Somos nosotros mismos pero también esos que nos han marcado, esos desconocidos que aparecen en nuestros sueños, esos yo-pasado con los que cargamos a la espalda y esos yo-futuros que quizá nunca llegaremos a conocer.

En este campo, de la pasión y la carne, ¿cuáles serían sus poetas y sus libros de referencia?

Sobre poetas que se introducen en esta temática, creo que, afortunadamente, todavía tengo muchos por descubrir, pero podría nombrar a varios, entre ellos a Robert Lowell, Octavio Paz, Anne Sexton, Sylvia Plath, Emilia Cornejo y, volviendo a ese reconocimiento por Francia, citaré a Baudelaire, a Simone de Beauvoir, a Hélène Cixous y, ¡cómo no! a mi admirada Anaïs Nin.

¿Cree que está sucediendo algo especial con la poesía, se ha vuelto a hacer necesaria en nuestros días?

Atravesamos tiempos de incertidumbre, de metamorfosis, de pánico ante la injusticia, la industrialización ilimitada, la imposición de la máquina, la destrucción del planeta, la falta de ideales, la desesperanza… Por consiguiente, es ya no necesaria sino obligatoria la irrupción de la Poesía, como un tornado que se lleve toda esa inquietud, toda esa suciedad y nos ayude a mirar hacia arriba y hacia dentro, nos encamine hacia el puerto de la Bondad y la Belleza.

¿Se puede leer su libro también como un fragmento de novela, como una pequeña ópera...?

Por supuesto que sí. Más de una vez lo concebí así, como una especie de novela en verso, donde existen una trama, unos personajes y un paisaje que los envuelve y determina. Como una novela y, ¿por qué no?, como un largometraje, pues intento que mi poesía resulte visual, cinematográfica (me gusta considerar cada verso como un fotograma creado a conciencia) y, desde luego, podría ser una pequeña ópera también…

¿Casi todo, pues?

Sí. Una pequeaña ópera también, un canto brutalmente bello en que las voces se confunden, se entremezclan, para que sea el oyente el que escuche lo que su propio corazón elija y para que, a su vez, responda, casi violento, con el alma y el cuerpo o, mejor aún, con todas las almas y cuerpos capaces de imaginar.

Carmen Aliaga
Carmen Aliaga suele prodigarse en recitales y en actos líricos, musicales y teatrales.
Juan Moro

DOS POEMAS

Ella,

el reflejo insólito

frente al espejo,

la de mirada albina

como un búfalo blanco.

Paradójica,

errante,

ardiendo en la caldera

de la noche,

mientras que yo me cubro

de dios y de tridentes,

bajo el sueño ligero

de unos ojos humanos.

De dios,

de hijo de dios,

deseando que deje

su corazón plegado

sobre mi lecho.

y así sorber la sangre

que se fuga despacio

por minúsculas grietas

para después

-saciado-

arrojarlo a los buitres

desesperadamente.

*****

¿Quién nos vio marchar?

¿Quién pudo ser testigo

de este estallido múltiple,

catarata,

corpúsculo

cráter y resplandor,

detonación,

fogata,

giraluna?

¿Quién nos vio marchar,

hinchadas y violáceas

las areolas,

cayendo como estrellas

sobre la boca vuestra?

¿Quién y de qué manera

nos escuchó rugir,

firmes,

demoledoras,

allí sobre el antílope

de la apetente carne?

Cabeza de caballo

descifrando el augurio,

el roce de las patas

de los grillos nocturnos,

entre largas zancadas

de la llegada nuestra.

¿Quién nos vio marchar?

¿Quién apretó y soltó

la gasa y la aspereza,

mientras del brazalete

caían sobre el suelo

las pepitas de oro,

el pequeño residuo

de la partida?

¿Quién, cómo y desde dónde?

Zoótropo nosotras

ascendiendo a la nube

dulces como el arroz

y cada vez más pálidas.

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