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Alejandro Palomas: “La infancia debería ser un territorio libre de agresión”


El Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil de 2016 y Premio Nadal de 2018 publica ‘Un secreto’ (Destino), una nueva aventura del joven Guille, donde aborda la inmigración, el miedo y los cuentos de hadas

CULTURA. Entrevista a Alejandro Palomas, escritor/16-2-2016/Foto: asier alcorta
Alejandro Palomas en su último viaje a Zaragoza, en 2018, tras ganar el Premio Nadal.
Asier Alcorta

-¿Recuérdenos quién y cómo es Guille, que ya protagonizaba 'Un hijo' (Destino), novela por la que recibió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2016?

Guille es un niño de 9 años cuyo mayor anhelo es convertirse en Mary Poppins cuando sea mayor. Es además el mejor amigo de Nazia, una compañera paquistaní que ejerce de cómplice necesaria en sus aventuras y que, como él, encarna por encima de todo la resistencia, la magia, la inocencia y la pureza necesarias para que los adultos sigamos manteniendo la fe en nosotros mismos. 

¿Qué te da este personaje y qué hay de usted en él, si pudiera decirse eso?

 Guille es un personaje profundamente generoso, y a mí como autor me da una fuerza que ningún otro personaje me ha dado hasta ahora. Guille me da fe en la condición humana. Y sobre todo me devuelve al Alejandro que sigue estando y que afortunadamente no parece que vaya a perder ya. Hay mucho de mí en Guille, mucho de mi mirada sobre la realidad, mucha de mi fe en lo que podemos llegar hacer.

¿Por qué ha regresado a una novela en apariencia juvenil…? ¿Cómo conviven en usted los ambientes para adultos y para jóvenes?

 Este es un registro -el de esta trilogía- que me resulta imprescindible para trabajar voces, escenarios y personajes que de otro modo me serían absolutamente inaccesibles. Tanto ‘Un hijo’ como ‘Un secreto’ son novelas destinadas por igual a un público juvenil y adulto. En realidad, confluyen en una franja de ficción que calificaría de “familiar”. La convivencia del público en estas dos novelas es muy inusual y se produce cuando las novelas comparten miembros de generaciones distintas. Cuesta que ocurra, es cierto, pero cuando lo hace es prácticamente un milagro.

¿Qué le dan las familias, por qué hurga tanto y tanto en su interior?

 Las familias son el principio de todo. Siempre he tenido la sensación de que si viera mi carrera como una columna vertebral, cada vértebra desvelaría una mirada distinta de lo que es el universo familiar. Me interesa especialmente el entorno de la familia porque en ella se trabaja una intimidad muy específica: la de las relaciones no elegidas y por tanto reactivas. La familia es un microcosmos demasiado rico en matices, emociones y músicas particulares como para desperdiciarla. Es una fuente de inspiración única y sobre todo infinita.

Portada de 'El secreto', segundo volumen de una trilogía sobre Guille.
Portada de 'El secreto', segundo volumen de una trilogía sobre Guille.
Archivo Heraldo.

¿Qué le preocupaba, de partida, para armar ‘El secreto’: la inmigración, la injusticia, las medias verdades, el horror que no se muestra?

 Me preocupaba sobre todo la orfandad de una niña que prefiere vivir en el silencio y acorazarse en él para no sufrir ni hacer sufrir a quienes la rodean. Me preocupaba la incapacidad de los adultos a la hora de escuchar los silencios de los niños y sobre todo me interesaba Dar protagonismo al colectivo de los docentes: maestros, maestras, orientadoras, orientadores y profesores cuya labor e implicación pasa muchas veces desapercibido.

Aváncenos quién es Nazia… ¿Qué puede decir de ella sin caer en el ‘spoiler’?

 Nazia es una niña paquistaní de 9 años que ha tenido la fortuna de evitar ser víctima de un matrimonio por conveniencia. Se ha salvado de un futuro terrible y ahora, mientras sus padres están en manos de la justicia, ella vive en régimen de acogida en casa de Guille. Nazia es una superviviente, pero es también una niña que vive una doble realidad: la que muestra a los adultos que la rodean, y la que esconde en la oscuridad de su miedo más atroz.

¿Ha sido fácil manejar las cuatro voces que usa en ‘Un secreto’?

 Ha sido muy fácil, sí. Y, como ya lo fuera en un hijo, muy enriquecedor. Contar una historia desde las voces de su protagonista proporciona las ventajas de una perspectiva múltiple y de un ritmo y una riqueza narrativa que raramente se consigue con otras fórmulas. Es casi como si el lector/lectora estuviera dentro de la acción y fuera una voz más: la que escucha.

¿Qué es más perturbador: la ausencia de la madre de Guille o el mundo inaccesible, herido, a primera vista, de Nazia?

 Creo que son dos paisajes igual de perturbadores. Ambos reflejan la orfandad de dos niños con una sensibilidad extraordinaria, y reflejan asimismo el valor de la diferencia. Las dos novelas y sus dos protagonistas son, en suma, un canto a esa diferencia, A esa capacidad de convertir la oscuridad en luz gracias al poder de la imaginación y de la ficción.

¿Qué le debe este libro a los cuentos de hadas y en particular a ‘La Cenicienta’?

 Yo diría que ‘Un secreto’ es, en parte, una revisión de el cuento de ‘La Cenicienta en la medida en que nos presenta un nuevo modelo de niña invisible que brilla a pesar de toda la oscuridad que parece rodearla ya no hay necesidad de un príncipe que de sentido al sufrimiento de la niña. La niña es capaz de salvarse sola, siempre con la ayuda de una mujer -la maestra y/o orientadora- que sabe verla y sacarla de su silencio a tiempo.

¿Qué ansía cuándo mira hacia la infancia, qué tienen los niños que no tengan los mayores o qué revelaciones salen a la luz?

 Cuando miro hacia la infancia ansío poder evitar con mi obra aquellas cosas que yo sufrí en carne propia y que, desafortunadamente, moldearon parte de lo que ahora soy: ese Alejandro que nunca consiguió encajar con su entorno y que se sintió castigado por su diferencia. Cuando miro hacia la infancia ansío poder proteger a quienes lo necesitan de un entorno que no siempre sabe mirar bien.

¿Considera que la infancia es un territorio de sombras, más que de luz?

ALEJANDRO PALOMAS ( ESCRITOR ) / 18/11/2014 / FOTO : OLIVER DUCH
Alejandro Palomas, en Zaragoza, es un constante explorador del universo de la familia.
Oliver Duch

No debería serlo. La infancia debería ser un territorio libre de agresión, un refugio en el que el prejuicio quedará fuera, y con él también las voces de los adultos que siguen siendo niños no sanados. Los niños que consiguen evitar la intervención de los temores de sus adultos tienen su propia luz, derrochan luz. La oscuridad no les pertenece, no nace en ellos.

¿De qué le sirve a un escritor andar de aquí para allá, de feria en feria, como ha estado haciendo usted meses atrás? ¿Qué aprende, cómo revierte todo ello en su trabajo, en sus libros?

 Sirve de mucho más de lo que parece: compartes experiencias con colegas de otros países, con otras miradas, conoces a editores de sellos con los que de otra manera jamás tendría relación y aprendo a paladear el panorama literario global. Sin embargo, mentiría si dijera que eso influye en mi trabajo como tal. Afortunadamente mi escritura está blindada del exterior. Si eso no fuera así, estaría perdido

Da la sensación de que cada vez se lee menos y la literatura importa aún  menos. Los políticos en su campaña apenas han citado a un escritor. ¿Cómo lo lleva, cómo lo ha vivido?

Desafortunadamente, estamos cada vez más acostumbrados a que los políticos no se acuerden de nosotros salvo en contadas excepciones. No es tanto que no nos mencionen ni nos citen, sino que muchas veces tenemos la triste impresión de que la mayoría viven de espaldas a la cultura. No soy muy optimista en ese sentido. Pero  yo sigo escribiendo por el mismo motivo que me llevo a escribir desde el primer día: escribo para que me quieran.

LA FICHA

Un secreto. Alejandro Palomas. Segundo volumen de una trilogía. Destino. Barcelona, 2019. 255 páginas. Presentación, miércoles 29 de mayo. Librería París. A las 19.00, con la presencia de la crítica literaria Nerea Marco.

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