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Jorge Herralde, en la tierra prometida de Anagrama

Presentó en Cálamo, con Lali Gubern, su libro ‘Un día en la vida de un editor y otras informaciones fundamentales’, donde reconstruye 50 años publicando libros

Jorge Herralde
Jorge Herralde presentó su último libro en Cálamo en diálogo con Concha Montserrat.
Guillermo Mestre.

Jorge Herralde y Lali Gubern han compartido la vida y un sueño de creación y cultura que es el sello Anagrama, que celebra en 2019 su primer medio siglo. Herralde conversó con Concha Montserrat ayer en Cálamo en torno a la editorial, y también al libro ‘Un día en la vida de un editor y otras informaciones fundamentales’, en la que el editor barcelonés, nacido en 1935, cuenta su aventura, recuerda a los que se han ido y narra, sin ánimo revanchista, lo que él llama “alguna experiencia incómoda” y el caso de algunos autores, “con ego de dromedario que querían vivir y ser tratados como si fueran el único autor de la editorial”.

Jorge Herralde contó a HERALDO que dejó pronto la carrera de ingeniero y de jinete de equitación, con bastantes triunfos a su espalda, y que desde 1967 tenía la quimera de ser editor. “Poco antes de crear Anagrama, me fui una semana a París, visité librerías, contacté con editores, conocí a gente, y tuve la sensación de que la edición era para mí la tierra prometida”. No solo era, o iba a ser, “el mejor oficio del mundo, o un oficio de locos, como han dicho alguna vez editores amigos. Yo lo vivo así y me he zambullido en esa tarea: ser editor es intentar construir un catálogo, y eso se hace con ideas, con deseos concretos, y también con el azar y la suerte”.

Herralde reconstruye la travesía, recuerda éxitos, autores y libros (‘La conjura de los necios’, la serie de Ripley de Patricia Highsmith, a la que conoció en San Sebastián, sorpresas como ‘Bella del Señor’ de Albert Cohen, la huella y el magisterio de Vladimir Nabokov, la consolidación de las colecciones), evoca prescriptores como el zaragozano Rafael Conte, desde las páginas de ‘Informaciones’ y ‘El País’, y no olvida, claro que no, lo que él llamó “el Aragón Power”.

Jorge Herralde y Lali Gubern.
Lali Gubern y Jorge Herralde posan en el Gran Hotel de Zaragoza, antes de ser objeto de un homenaje en Cálamo.
Guillermo Mestre.

“Me ha gustado mucho la parte artesanal de la edición: los títulos, las fajas, las solapas, la promoción. A Javier Tomeo le sugerí un cambio de título y elegimos ‘El castillo de la carta cifrada’, que triunfó en Alemania en teatro y radio. Con Soledad Puértolas tengo una relación excelente, es una mujer delicada y sutil, con un gran sentido del humor, una muy buena escritora, y nos hemos reído mucho en comidas y cenas, con nuestras familias”, cuenta Jorge Herralde.

Y cita a otros: a Ignacio Martínez de Pisón, Félix Romeo, Ismael Grasa, Mariano Gistaín o a Julio José Ordovás, “que publica ahora con nosotros. Me ha gustado acompañar siempre a los autores y es tremendo cuando tienes que decirle a alguien que un libro no te ha gustado, que no cumple las expectativas, etc. No he sido un editor intervencionista, pero me ha gustado sugerir, aconsejar. Un editor es, ante todo, un lector apasionado, y yo lo he sido y lo sigo siendo”, dice.

A Jorge Herralde lo acompaña ahora como directora literaria la leridana Silvia Sesé, de ascendencia aragonesa, que ha vivido varios años en Huesca. Se conocieron cuando ella publicó, en Círculo de Lectores, una versión ilustrada de su libro ‘Opiniones de un mohicano’, y conectaron muy bien. Años después la eligió para relevarlo: “Silvia Sesé es uno de mis mayores aciertos. Tenemos una relación milagrosamente insuperable sin un solo conato de discusión”, dice.

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