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Entrevista

Carme Pinós: "Las ciudades son incómodas porque se han convertido en un negocio"

La arquitecta que diseñó el Caixaforum zaragozano (Barcelona, 1954), impartió ayer una conferencia en el Colegio de Arquitectos de Aragón.

Carme Pinós, en Zaragoza
CONTRAPORTADA CARMEN PINOS ARQUITECTA / 09-05-2019 / FOTO: ARANZAZU NAVARRO [[[FOTOGRAFOS]]]
ARANZAZU NAVARRO

El Caixaforum acaba de cumplir cinco años, ¿cómo lo ve?

Continúa teniendo una buena presencia. La gente lo cuida y lo ama.

Pero el entorno...

Yo quería hacer un edificio-puerta que conectara la ciudad histórica con el barrio que estaba separado por las vías del tren. Estaba previsto derribar la estación y aún no ha ocurrido, pero el edificio estaba pensado escultóricamente y por eso, aún así, funciona.

Usted siempre lo cita entre sus grandes proyectos.

Es muy singular, pura estructura. Fue una gran oportunidad: no es lo mismo hacer un centro cultural que un hospital, donde el programa arquitectónico te limita más.

Visto ahora, ¿qué cambiaría?

Eso no se lo voy a decir. Si lo hago, los zaragozanos solo verán en él lo que me gustaría cambiar.

¿Qué le parece la arquitectura de la Expo de Zaragoza?

Hay edificios bien lindos, como el puente de Zaha Hadid, y otros no tanto. Pero yo cuestiono este tipo de exposiciones y la arquitectura que llevan aparejada. Luego casi siempre no se sabe qué hacer con muchos edificios.

Usted fue seleccionada para el concurso para diseñar el pabellón de Dubái en la Expo 2020...

...Y no fui elegida. Más que un edificio, planteé una estructura desmontable que, una vez acabada la Expo, podía montarse de otra manera y convertirse en una escuela, un museo...

Arquitectura sostenible, concepto que a usted le gusta mucho.

La arquitectura sostenible no crea escombros, es responsable con su función. No se puede hacer un edificio espectacular sin nada detrás, no se puede construir desde su propio ego. Un edificio es emblemático solo si logra identificarse con la ciudad en la que está.

Usted ha intervenido en el Raval barcelonés. Y, antes de hacerlo, acudía allí a observar a las gentes del barrio.

Claro. Yo hago arquitectura desde el contexto. No sé pensar en un proyecto sin ir al lugar donde se va a construir. Hay que estar allí, ver y escuchar. Siempre le pregunto a la ciudad qué es lo que quiere, aunque a veces me equivoque al dar la respuesta. Los arquitectos tenemos una gran responsabilidad con nuestra sociedad.

Las ciudades no son cómodas.

Porque se han convertido en un negocio: se han reducido a vías de acceso y parcelas que vender. Cuando una ciudad responde a la especulación se convierte en algo frío, inhóspito y obsoleto.

¿Hay solución?

Sí. Hay que frenar el mercado y reivindicar la ciudad como algo que nos hace crecer y ser dignos. Y pensar que no todo se justifica invocando el número de puestos de trabajo que genera.

Imagine que la nombran concejal de Urbanismo de su Barcelona natal. ¿Por dónde empezaría?

Por estudiar la situación. Me preocupa que la ciudad sea un lugar de encuentro y de dignificación de las personas que la habitan. Afortunadamente, cada vez existe una mayor conciencia acerca de los espacios públicos, que son lo más importante en las ciudades porque es allí donde se relacionan los ciudadanos. Una ciudad es, sobre todo, memoria.

¿Diseñaría un campo de fútbol?

He participado en algún concurso para hacerlo (risas). Soy capaz de cualquier cosa.

¿Y una catedral?

Pongo la misma pasión en todos mis proyectos. No tengo fe, pero sí espiritualidad. En cualquier caso, las catedrales antiguamente representaban la espiritualidad unánime de toda una ciudad. Hoy solo una parte.

¿Ha sufrido discriminación profesional por ser mujer?

El mercado privado todavía es machista. Y no entiendo por qué. Hay edificios de grandes estrellas de la arquitectura que valen fortunas por detalles en los que han sido inflexibles y que, en realidad, no aportan nada sustancial. Las arquitectas, en general, somos flexibles, tenemos más empatía. No nos importa cambiar algo para economizar si no se altera la idea original. El problema es que eso a menudo es considerado como debilidad.

¿Y lo es?

Lo considero una fuerza. Mis proyectos son fuertes porque no dependen de un material caro para funcionar.

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