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Reaparece en Granada una tabla flamenca vendida hace un siglo en Torralba de Ribota

La pintura, datada a finales del siglo XV, pertenece al Museo del Instituto Gómez-Moreno

La tabla flamenca ha aparecido entre los fondos del legado del arqueólogo e historiador Manuel Gómez-Moreno
La tabla flamenca ha aparecido entre los fondos del legado del arqueólogo e historiador Manuel Gómez-Moreno
Instituto Gómez-Moreno

«Torralba de Ribota». Esta simple anotación a lápiz en el reverso de una tabla flamenca puede esclarecer el destino de un importante conjunto de obras de arte vendidas legalmente a principios del siglo XX en la provincia de Zaragoza. La obra salió a la luz hace unos meses, cuando el Museo del Instituto Gómez-Moreno de la Fundación Rodríguez-Acosta de Granada inició la restauración de una tabla flamenca anónima, datada a fines del siglo XV, que forma parte de la colección del historiador Manuel Gómez-Moreno. Cuando los expertos la examinaron descubrieron la anotación manuscrita al dorso.

«Es el único dato que tenemos sobre la autoría o procedencia de la obra –señala Javier Moya, conservador de la Fundación–. Sabemos que Gómez-Moreno la compró, pero no cuándo ni dónde, y que de su propia mano hizo esa anotación al dorso. El marco está firmado por un carpintero de Bruselas y es de la misma época que la pintura».

En los últimos seis meses se ha llevado a cabo un minucioso proceso de restauración para devolver a la pieza a su aspecto original y poder exponerla al público en las mejores condiciones. La suciedad y el barniz deteriorado oscurecían la obra e impedían apreciar su riqueza.

El Instituto Gómez-Moreno conserva el legado artístico y cultural de Manuel Gómez-Moreno (Granada, 1870 - Madrid, 1970), arqueólogo e historiador español que se ocupó a principios del siglo XX de la elaboración de los catálogos monumentales de varias provincias españolas, y que durante más de un cuarto de siglo dirigió la sección de Arqueología del Centro de Estudios Históricos. Además, fue catedrático de Arqueología Árabe en la Universidad Central.

El Instituto Gómez-Moreno se creó en 1972 cuando el Patronato de la Fundación Rodríguez-Acosta, y las hijas del historiador, María Elena, Carmen y Natividad, llegaron a un acuerdo sobre la cesión de su legado. En terrenos cercanos a la sede de la fundación se construyó un museo, un archivo y una biblioteca para albergar 17.000 volúmenes.

«Los fondos artísticos responden a los intereses personales del creador de la colección –relata Javier Moya–. Hay presencia notable de exvotos ibéricos y, en lo pictórico, desde pintura gótica catalana hasta Sorolla, con obras de Zurbarán, Alonso Cano, Carreño de Miranda, Fortuny, Madrazo, Regoyos...».

El cuadro ahora redescubierto se encontraba en los almacenes de la institución y no había sido expuesto al público nunca hasta ahora, ni siquiera se le había fotografiado. Presenta el busto de una Virgen rezando, con una diadema de perlas, una ligera túnica y una capa bordada.

La noticia de que se había redescubierto la pintura no pasó inadvertida en Aragón. Más bien al contrario: despertó mucho interés, especialmente en el historiador del arte José Luis Cortés, centrado desde hace años en una investigación sobre el patrimonio emigrado de la comarca de Calatayud.

«Creo que la tabla es una de las obras que se vendieron a principios del siglo XX para arreglar la iglesia de la localidad –relata–. En 1908, el alcalde de Torralba de Ribota ya pensó en vender algunas tablas de la ermita de San Sebastián, presumiblemente para ayudar económicamente a las obras del cementerio, que se estaba construyendo entonces. Pero aquello no salió adelante. Tres años más tarde, en 1911, sin embargo, se hundió el suelo de la iglesia y se inundó la cripta. El sacerdote escribió al arzobispado contando que en la cripta los restos de los muertos estaban flotando sobre el agua y que el médico se temía una epidemia de cólera y había amenazado con cerrar la iglesia por insalubre si no se solucionaba rápido el problema». Se tomaron tres pinturas de la iglesia y se llevaron a Calatayud para que dos anticuarios, Sanz, de Zaragoza, y Palencia, de Madrid, realizaran sus ofertas.

«Con lo que les daban por ellas no había suficiente para las obras que había que hacer –añade Cortés–, así que se decidió vender tres piezas más que estaban en la sacristía. Al final, por todo el lote se lograron 4.800 pesetas, y los permisos pertinentes para la venta se agilizaron desde la Nunciatura por el grave problema de salud que se podía originar».

Para el historiador del arte, la tabla de Granada ha de ser, necesariamente, una de esas seis piezas, de las que solo se tiene una descripción somera de alguna de ellas. Durante años ha recorrido todo tipo de archivos y solo ha podido documentar esa venta de 1911. Javier Moya, por su parte, no lo tiene tan claro. «Puede pertenecer a ese lote... o no. Gómez-Moreno inició su colección en 1903, cuando su padre le dio una pintura como regalo de bodas. Y estuvo comprando arte hasta bien entrados los años 60. No sabemos ni cuándo ni dónde compró la tabla de Torralba de Ribota».

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