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«Los objetos son metáforas visuales y sirven muy bien para contar una historia»

La compañía El Mar del Norte, último premio Revelación en la Gala del Teatro Aragonés, prepara ya nuevo espectáculo

Marta Cortel y David Moreau, de la compañía El Mar del Norte
Marta Cortel y David Moreau, de la compañía El Mar del Norte
Francisco Jiménez

La pieza se titula ‘En el vientre de la ballena’, dura apenas 23 minutos y tiene una puesta en escena sencilla pero efectista: una tabla de planchar rehabilitada como mesa y recubierta de arena y, sobre ella, un Madelman buzo, dos pequeños retratos, un cerdito de goma y varios muebles de casa de muñecas.

Pese a su liviandad escenográfica, ‘En el vientre de la ballena’, de la compañía El Mar del Norte, obtuvo días atrás el premio al Espectáculo Revelación en la Gala del Teatro Aragonés. El secreto de su éxito descansa en una actriz todoterreno y magistral en su trabajo, Marta Cortel; y en un texto luminoso que sumerge al espectador en un laberinto de sonrisas y lágrimas, y que es obra de la actriz zaragozana y de David Moreau.

La idea de la obra surgió después de una estancia de ambos en Bruselas. Moreau asistió allí a la escuela internacional de teatro Lassaad, con los maestros Lassaad Saïdi y Norman Taylor; y Cortel siguió una formación en teatro de objetos con Agnes Limbos y Cristina Carrignon. ¿Cómo surgió la obra?

«A los dos nos interesan los objetos en cuanto que son metáforas visuales y pueden servir muy bien para contar una historia –relata Marta Cortel–. Un día una compañera nos trajo un muñeco de un mercadillo, me lo regaló, y allí surgió una primera historia, que titulamos ‘En el vientre de la ballena’ pero que, en realidad, tenía poco que ver con la obra actual. A veces las cosas nacen de forma inconsciente pero tienen un sentido global».

«El argumento y su desarrollo los fuimos perfilando entre los dos –apunta David Moreau–. Ella quería contar la historia de una niña que se siente extranjera en su propia familia, y yo quería incluir en la trama el debate entre el ser y el no ser. Poco a poco le fuimos añadiendo cosas de una forma muy intuitiva». A finales de 2016 lo presentaron en el Al! Festival del Centro Cívico La Almozara. «Salió algo decente pero frágil», resume Moreau. Y lo dejaron reposar.

El sosiego le vino muy bien a ‘En el vientre de la ballena’ y, cuando el espectáculo reapareció el año pasado en el Festival Imaginaria de Binéfar, ya era redondo y perfecto como una bola de cristal. Casi, porque cada función le añade matices.

«El teatro es un intercambio de energía entre los actores y el público –subraya Marta Cortel–. Ayuda mucho observar y escuchar a quienes han venido a la representación, verles llorar o reír, porque eso siempre te provoca cosas. Si un espectáculo no lo mueves, no crece».

Pero una obra es, en realidad y ante todo, un relato. «Desde el punto de vista teatral –subraya David Moreau–, una buena historia solo es aquella que habla del ser humano y consigue emocionar. Tiene que haber verdad en ella». Y Marta Cortel añade: «partimos de una verdad, la nuestra, y le decimos al público que nuestra vida es en parte suya, y que por eso le resuena y conmueve. Una buena obra de teatro tiene que partir de la realidad para transformarla. Al final, el teatro es una suma de emociones».

El premio a ‘En el vientre de la ballena’, que Cortel califica como una obra «muy técnica, muy exigente a nivel corporal», ha hecho que se le reclame en varias ciudades. Ellos quieren darle larga vida, pero trabajan ya en otra obra, en la que el punto de partida es una pareja que se separa. Confían en que esté lista el año que viene. «No tenemos una fórmula definida de trabajo, sino que usamos mucho la fórmula de la prueba y el error. Pero queremos encontrar nuestro propio estilo, una manera propia de contar las cosas», asegura Moreau. «Los objetos generan siempre un recorrido –concluye Marta Cortel–, y a mí me ha ayudado mucho el haber sido titiritera, porque el trabajo con los títeres te exige saber muy bien dónde está cada cosa antes de utilizarla en escena». «En este tipo de interpretación –dice Moreau–, tan importante es el texto como el gesto».

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