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Ocio y Cultura

ORIGAMI

Papiroflexia en Zaragoza: 75 años dotando de alma al papel

El Grupo Zaragozano de Papiroflexia, que dio origen al Museo del Origami, celebra sus tres cuartos de siglo. Gracias a él, la capital aragonesa es referencia en todo el mundo

Origami Virgen del Pilar
Una Virgen del Pilar de papel. Una de las piezas del Museo del Origami.
Asier Alcorta/ Archivo Heraldo

«Para los que no hemos pasado del ‘abc’ de los barquitos y las pajaritas, el ver las cosas que hacían con una seriedad imponente constituía un espectáculo de lo más interesante y divertido. Es asombroso comprobar lo que se puede confeccionar con un trozo de papel». Con estas palabras escribía Andrés Ruiz Castillo ‘Calpe’ en HERALDO, en 1955, sus impresiones respecto a una curiosa tertulia que tenía lugar los lunes por la tarde en la sala Río Club, en la calle Cinco de Marzo (que después se reconvertiría en el Galerías Primero). Un tertulia, la del Grupo Zaragozano de Papiroflexia, que se creó en 1944 y que ahora cumple 75 años. Tres cuartos de siglo de pliegues y creaciones, de tertulias y exposiciones, que culminaron hace cinco años en la apertura del Museo de Origami, en el Centro de Historias de Zaragoza, único en toda España.

«Había en los años 40 muchas tertulias en los cafés, de temas muy diversos. Las había literarias, de cine..., y de papiroflexia. En Madrid formaban parte de esta última personalidades como Miguel de Unamuno o Ramón Gómez de la Serna», explica Luis Fernando Giménez, miembro del grupo, así como de la Asociación Origami Zaragoza. «Pero la de aquí era muy especial. La componía gente de lo más variada: curas, maestros, médicos, farmacéuticos..., que se reunían en espacios abiertos e invitaban al público a participar». Fue la de Zaragoza la única agrupación de España durante décadas, la responsable de conservar y desarrollar las técnicas de papiroflexia en el país.

Grupo Zaragozano de Papiroflexia: conocido en todo el mundo

«Al ser el único grupo de papiroflexia en toda España, Zaragoza era la conexión con otras agrupaciones del mundo. Los miembros recibieron incluso cartas de Akira Yoshizawa, considerado el mayor maestro del origami», indica Jorge Pardo, que además de ser del Grupo Zaragozano de Papiroflexia es director del zaragozano Museo del Origami. De hecho, y como cuenta Luis Fernando Giménez, «cuando vino Akira Yoshizawa a la Expo de Sevilla, en 1992, en el pabellón de Japón, donde había una exposición de origami, preguntó expresamente por el grupo zaragozano. Y vino a Zaragoza a vernos».

Akira Yoshizawa visitó la exposición de papiroflexia que se podía entonces ver en el Colegio Mayor Cerbuna, donde había residido el fundador del grupo zaragozano, Eduardo Gálvez, catedrático de Química. «Durante años, Yoshizawa se había carteado con el grupo zaragozano y nos había enviado en su momento uno de sus modelos. Al verlo, se quedó prendado, ya que era una de sus antiguas creaciones y hacía años que no la realizaba». El japonés insistió en que quería llevarse esa figura para su colección particular, «algo que suponía una mala noticia para el grupo zaragozano, ya que perdía uno de sus tesoros –continúa Gimeno–. Pero propuso, a cambio, crear ese mismo modelo y dejarse filmar. Y ahora tenemos esa joya, ese vídeo del mayor maestro del origami del mundo creando para nosotros una figura».

Un grupo abierto al ciudadano

Si algo sorprende a los aficionados a la papiroflexia en todo el mundo es la sencillez del grupo zaragozano, cómo sigue abierto a todos los ciudadanos con las tertulias semanales, que continúan ahora igual que hace 75 años. Aquellos encuentros en el Club Río, el café Ambos Mundos o el Niké, se reeditan ahora los lunes a las 20.00, en el Café de Levante (calle Almagro, 4). «Nunca nos hemos juntado en la sede ni en casa de un particular, siempre en un espacio público, para que quien quiera se siente a mirar, a charlar o a plegar con nosotros», destaca Felipe Moreno, del Museo del Origami.

A lo largo de estos 75 años la papiroflexia también ha evolucionado. Si en los años 50 los había ortodoxos (que se negaban a cortar y pegar) y heterodoxo (que se basa únicamente en doblar el papel), ahora el grupo está abierto a todo tipo de técnicas, «aunque seguimos siendo bastante ortodoxos», considera Pardo. Entonces se consideraba imposible hacer cuadrúpedos y solo salían figuras de tres patas, «y ahora ya no hay problema y salen con todo tipo de extremidades».

Nuevas generaciones

Jorge Pardo destaca la buena salud de la papiroflexia en Zaragoza, gracias al museo, la escuela y sus exposiciones, «que visitan decenas de escolares cada año, con lo que tendremos a alguien interesado en recoger el testigo y conservar el grupo». Y lo dice recordando aquel 1972, cuando falleció Eduardo Gálvez y el grupo estuvo a punto de desaparecer. «Pero llegaron entonces Gabriel Álvarez y Carlos Pomarón y lo retomaron en 1978. Se recuperó la tertulia y en los ochenta incluso lograron crear una gran exposición internacional», recuerda Giménez.

Ahora, desde el grupo confían en que el Museo del Origami continúe abierto (el año pasado se consideró su cierre) y la ciudad saque más partido a la papiroflexia. «Vienen turistas, pero el museo se promociona poco. Y tampoco participamos en muestras internacionales, aunque Zaragoza sigue siendo la capital española del origami –concluye Pardo–. Tenemos una de las mejores colecciones de todo el mundo». El grupo culminará su año de celebración con un encuentro internacional que tendrá lugar en febrero de 2020.

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