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María Cardarelly y Juana Cabello, dos zaragozanas pioneras de la fotografía en Compostela

La primera tuvo el primer estudio en la ciudad, entre 1864 y 1866, y la segunda abrió local en 1884 y es la madre del niño fotógrafo Luis Hermida.

María Cardarelly
Los dos retratos que la zaragozana María Cardarelly le hizo a Rosalía de Castro en 1865.
María Cardarelly

Carlos Castelao es un fotohistoriador asturiano, nacido en Madrid, que vive en Santiago de Compostela desde hace 30 años. Su especialidad es la cartofilia o deltiología, el estudio y el coleccionismo que tiene por afán recopilar y clasificar tarjetas postales. De esa pasión ha pasado a la investigación detectivesca en los territorios de la imagen con logros admirables. Acaba de publicar en el sello Alvarellos el libro ‘As orixes da fotografía en Galiza’ y en él, entre otras revelaciones, aparecen noticias importantes para Aragón: la primera mujer que abrió un estudio fotográfico en Compostela fue María Cardarelly (ya le dedicó un estudio exhaustivo tiempo atrás: ‘María Cardarelly, un lostrego na fotografía galega’. Fundación Rosalía de Castro), que había nacido en Zaragoza en 1845, y de ella se conservan cuatro fotos: dos de Rosalía de Castro, otra de una mujer y de una niña, que “para mí es de Alejandra Martínez Murguía de Castro, hija de Rosalía”, avanza Castelao. Otra fotógrafa profesional importante fue Juana Cabello Samitier, nacida en Zaragoza también, quizá un año después, en 1846, que además fue madre del ‘niño fotógrafo’ Luis Hermida Cabello, que entre los ocho y los diez años tuvo estudio propio en la ciudad y realizó fotos. Para Carlos Castelao, que reconoce otros fotógrafos niños en la historia, por ejemplo Jacques-Henri Lartigue, “Luis Hermida es el primer fotógrafo niño profesional de la historia”, según dice Carlos Castelao a HERALDO.ES, que es un investigador meticuloso, un lector e intérprete de imágenes “que nunca da nada por sabido o por seguro. Hay que preguntarse siempre, hay que dudar”.

María Cecilia Carderelly Bousquet era hija de un matrimonio francés que se instaló en Zaragoza hacia 1845. Eran tintoreros de oficio, y no estuvierpon mucho tiempo a orillas del Ebro. Cuenta Castelao que, en 1851, “un anuncio en la prensa oficial informaba de la llegada a la ciudad de Lugo del tintorero Mr. Cardarelli y de su esposa Mariana Cardarelli, limpiadora de ropas delicadas”. Más tarde, la familia se trasladó a Orense y, finalmente, los Cardarerlly se instalaron en Santiago en 1854, que era una ciudad muy activa por la que pululuban escritores románticos y “la vanguardia ideológica del vanguardismo gallego”: pensemos en poetas como Eduardo Pondal, el autor del himno gallego, Aurelio Aguirre, que se arrojaría al mar de San Amaro poco después o Manuel Murguía, marido de Rosalía, y por supuesto ella misma.

Los Cardarelly residían, “como inquilinos”, en la calle del Hórreo, 26. Permanecieron allí alrededor de doce años. Y María Cardarelly, según ‘El Indicador de España y sus posesiones ultramarinas’, de Viñas y Campí, comenzó sus actividades como fotógrafa hacia 1864, aunque según Castelao es posible que ya tuviera buenos conocimientos de pintura. Tenía 19 años, y mantendría su local abierto hasta 1866. Entonces en Santiago había fotógrafos famosos como Carlos García, Juan Palmeiro, que sería relevado por su hijo Manuel, Emilio Segond y Louis Encausse, etc.

Carlos Castelao explica que María, que debía contar con la autorización de su padre, no tuvo mucho éxito. Razona las causas: “La primera, la localización de su estudio en el barrio del Hórreo, alejado a los ojos de la gente de aquel tiempo del campo donde se debía mover ‘la buena sociedad’. La segunda, el estado del inmueble en el que se hallaba y la actividad tintorera que en sus inmediaciones se tenía que producir”. Carlos Castelao dice en que en la misma calle tuvo durante un tiempo su estudio Emilio Segond, que ambos trabajaron un tiempo en Noia, una localidad cercana. No sería extraño que hubiesen colaborado en algún momento.

De María Cardarelly, como se avanzaba más arriba, se conservan cuatro fotos: el retrato de Teresa Lamas Rey, hermana del juez de Noya, y el de una niña, que se hallaba en el fondo de Manuel Murguía, en un álbum, que se conserva en la Real Academia Gallega. Carlos Castelao lo tiene muy claro: “Creo que es una imagen de Alejandra, la hija mayor de Rosalía y Murguía”, añade.

María Cardarelly.
Retrato que se conserva de la fotógrafa zaragozana María Cardarelly.
 Anónimo/Alvarellos.

Hay dos imágenres más para la historia de la literatura y la iconografía: dos retratos de Rosalía de Castro (1837-1885), tomadas posiblemente el mismo día y con la misma ropa, en 1865; una es un retrato forntal y otra un levo escorzo. Carlos Castelao dice que María Cardarelly retrata a Rosalía “con asombrosa dignidad, a pesar de la aparente sencillez de su indumentaria, una capa de tafetán de seda”. Añade que de “Rosalía interesa el gesto, no la puesta en escena. Reflejan o bien determinación o bien ensoñación, pero en ambos casos también delicadeza física y espiritual”.

Recuerda el fotohistoriador que las fotos son en formato CdV (carta o tarjeta de visita). La foto frontal es la clásica que se halla desde hace muchos años en los fondos de la RAG, y la otra, de leve perfil, la halló en 2013 el presidente de la Fundación Rosalía de Castro, Anxo Angueira, incorporada y pegada en una ejemplar del libro ‘Cantares gallegos’, publicado originalmente en 1863.

La historia fotográfica de María Cardarelly concluyó en Santiago en 1866, tras dos años largos de profesión. La familia se trasladó luego a El Ferrol y ella dejó la fotografía para siempre. Tras la muerte de su padre, se casó con el pintor madrileño y maestro de dibujo Juan Velasco Martínez, con quien tendría una hija, Matilde Dolores. Cuenta Castelao que la necesidad de contar con más ingresos le llevó a la venta, a comisión, de pianos. Se quedó viuda hacia 1878, y acabaría casándose, en segundas nupcias, en 1881, con el ingeniero naval Antonio Pérez Castro. Fue muy amiga de la compositora Eugenia Osterberger. Dice Castelao que en los últimos años se le pierde el rastro, “aunque sabemos que falleció antes de 1919 y, probablemente, en la capital de España”.

Juana Cabello Samitier

Juana Cabello.
Familia de Rosalía de Castro y Manuel Murguía, en la que sería una foto de Juana Cabello.
Juana Cabello

No es menos interesante la vida de Juana Cabello Samitier (Zaragoza, 1846-Santiago de Compostela?, 1885), que solía firmar como J. Cabello, de la que sigue habiendo “enormes vacíos”. Era hija de Miguel Joaquín Cabello Balfagón y de Manuela Samitier Salas, y tuvo una hermana mayor, Bernardina, nacida en 1831. Juana Cabello se casó con el militar de infantería Andrés Hermida, en el barrio del Gancho de Zaragoza, en la iglesia de San Pablo, un 14 de marzo de 1876.

Dice Carlos Castelao en su libro: “Hacía poco que se conocían y los dos rondaban los 30 años”. Andrés, que no tardaría en alcanzar el grado de teniente segundo, había mantenido una relación con Mercedes Espinosa López, con la que no se llegó a casar. Con todo, tuvieron dos hijos, que Juana asumió como propios. Vivieron diversos traslados -Ceuta, Melilla, Tarragona, Lérida, etc.- y pronto tuvieron a su primer y único hijo, Luis Hermida Cabello.

El militar Andrés era gallego y buscó volver a su tierra. Consta que lo logró en abril de 1882, destinado al Batallón de Depósito de Santiago n.º 62, donde “realizaría -cuenta Castelao- la labor de ayudante fiscal del citado batallón”.

Juana Cabello abrió su primer estudio fotográfico en la calle Franco, 8. Más tarde, entre finales de 1884 y principios de 1885, alquilaría en la céntrica Rúa do Villar el estudio de Manuel Palmeiro, hijo del pionero Juan Palmeiro. “Puede decirse que fracasó, esencialmente por el hecho de ser mujer. Apenas ejerció ocho meses, aunque yo creo que siempre estuvo detrás de su hijo”. Y fue entonces cuando la familia Hermida-Cabello tomó “la decisión de abrir un estudio fotográfico, cuando este apenas contaba ocho años. Es un caso inaudito no solo en Compostela, sino en toda Galicia y, quizá, en España”.

Luis Hermida estuvo en Compostela dos años más. En medio falleció su madre, el 30 de agosto de 1885 y debió dedicarse por un tiempo a la foto ambulante.

De Juana Cabello, cuya “calidad de sus imágenes está por encima de la media vista hasta ese momento en la ciudad” (apunta Carlos Castelao), quedan dos fotos, un busto de dama, de 1884, y un retrato familiar, tradicionalmente firmado a los Palmeiro. “Como le adquirieron su estudio y sus papeles de impresión, yo creo que esa foto, tan impresionante, es de Juana, aunque esté firmada por J. Palmeiro, ya habían muerto él y su hijo. Y yo sospecho, estoy casi seguro, de que ese retrato de Murguía y Rosalía y sus hijos en el pazo de A Matanza es de Juana Cabello Samitier, que murió antes de cumplir los 40 años”.

Esa foto está datada en 1884, poco antes de la muerte, de cáncer, de Rosalía de Castro. La autora de ‘Follas novas’ y ‘En las orillas del Sar’ pidió: “Abridme esa ventana que quiero ver el mar”.

Este tema también lo han estudiado otros historiadores como Xosé Enrique Acuña, uno de los clásicos historiadores de la fotografía en Galicia, y María del Carmen Agustín Lacruz y Sandra Tomás Esteban, por la parte aragonesa. 

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