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TELEVISIÓN

Jorge Sanz: "La vida sigue, me ha puesto a prueba y yo espero estar a su altura"

El actor protagoniza la serie ‘Derecho a soñar’ y recuerda a Paloma Gómez, la madre de su hijo, recién fallecida, que fue la niña de ‘Valentina’.

Jorge Sanz regresa a la televisión en la serie de abogados, 'Derecho a soñar'.
Jorge Sanz regresa a la televisión en la serie de abogados, 'Derecho a soñar'.
Archivo Sanz/EGV

Jorge Sanz (Madrid, 1969) encarna la vitalidad y la resistencia. Tras la muerte de Paloma Gómez, su joven amiga en la película ‘Valentina’ y compañera tiempo después durante cuatro años y madre de su hijo Merlín, entiende que "la vida me ha dado un gran revés y es el momento de hacerme fuerte, es como una prueba, y debo dar lo mejor de mí mismo. La primera lección la recibo de mi hijo: está increíblemente sereno y maduro. Ha vivido todos estos años conmigo, pero el último año y medio lo pasó con su madre". Jorge Sanz ha vuelto a la tele, con ‘Derecho a soñar’, una serie de abogados de "unos 200 capítulos" donde encarna el papel del empresario José Manzanas.

¿Cómo fue el rodaje de la serie?

Me queda lejano ya, lo hicimos en 2017, pero me interesó cómo han cambiado las cosas y la tecnología. Al principio se iban a rodar más de 300 capítulos y nos hemos quedado en unos 200 o así.

¿Cómo es su papel?

Soy un hombre sin suerte, que vive en medio de la mentira. Es un empresario, más o menos emprendedor, más o menos pícaro, pero fallido, al que todo le sale mal. Arrastra una deuda importante, intenta resarcirla pero entra en un bucle de mentiras y fracasos, y todo empeora: la empresa, la relación con su esposa...

¿Tiene mucha presencia?

Aparezco en los 40 primeros episodios, más o menos, y reaparezco al final. En ese momento, mi mujer ya tiene otra relación… No puedo decirle mucho más.

Algo más sí, ¿no? Trabaja con gente muy joven.

Eso fue precioso. Trabajo con Jon Arias, hijo de Imanol, a quien conozco desde muy niño, o con Violeta Rodríguez, hija de David Trueba y Ariadna, con quienes me formé yo en el cine, o Alba Rivas. Ha sido una experiencia muy bonita y estimulante.

¿En qué momento se halla?

Como siempre. Con esperanza. Son tiempos duros para todos. Durante muchos años he elegido mis películas en el cine y las series en la televisión. Ya no sucede eso, pero intento seleccionar mi presencia en el teatro. Estuve de gira con Concha Velasco en ‘Muerte en el Nilo’, y preparo nuevas cosas; a la vez doy clases de teatro a diez chicos. Me divierto todo lo que puedo.

¿Podemos hablar de ‘Valentina’, que se rodó en Albarracín y Loarre, entre otros lugares?

Claro. Fue una película muy importante para mí. Luego he sabido que Antonio J. Betancor le mandó una grabación con Paloma Gómez y conmigo a Anthony Quinn. Nos vio y, al parecer, dijo: "Quiero estar en esa película". Bonito, ¿no? Fue algo especial. Teníamos un guión, pero el director nos dejaba rodar. A los directores les encanta ir de pesca…

¿Ir de pesca?

Sí, les gustan algunas improvisaciones espontáneas durante el rodaje. Y aquí sucedió. Paloma y yo seguíamos rodando: para nosotros ‘Valentina’ fue una diversión, un juego, un instante maravilloso en nuestras vida y, a la vez, un ejercicio de naturalidad. Luego aprendes que la naturalidad está muy trabajaba, que repites y repites. Después de aquella película fui a Filipinas y, como tenía familiares, viví allí un curso e hice octavo de EGB a distancia.

¿Cómo fue su reencuentro con Paloma Gómez?

Fue algo maravilloso, hacia 2000 o 2001. Ella, que era bailarina de TVE y había sido arrollada por un coche, ya no podía bailar. Fue como si el destino quisiera que prolongásemos en la vida real lo que habíamos vivido en el sueño: aquella bonita historia de amor y niñez. Nos enamoramos, decidimos tener a Merlín y la pasión duró cuatro años. Hace poco, tras un cáncer de páncreas, Paloma se murió. Fue terrible. La vida sigue, me ha puesto a prueba, de nuevo, y yo espero estar a la altura.

Ya ha dado la cara en público ante la enfermedad que padece Merlín, fibrosis quística…

Debo hacerlo. Es un problema serio y la Sanidad Pública debe entenderse con las farmacéuticas.

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