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El crimen de los marqueses de Urquijo

J. R. Calanda firmó en 1980 la crónica sobre el crimen del matrimonio, un suceso que conmocionó a la sociedad española y que tuvo un enorme seguimiento en la prensa

Así se publicaba...
El crimen de los marqueses de Urquijo

Los marqueses de Urquijo, Manuel de la Sierra y Torres y María Luisa de Urquijo y Morenés, aparecieron muertos en su domicilio del camino Viejo, 27, zona residencial de Somosaguas, a pocos kilómetros de Madrid, a primeras horas de la mañana de ayer (por el 1 de agosto).

Los marqueses, cuyos cadáveres se encontraban cada uno en sus respectivos dormitorios, fueron sorprendidos mientras dormían, presumiblemente a primeras horas de la madrugada, y asesinados por arma de fuego. En un primer momento se estimó que el marqués había sido estrangulado, pero cuando el juez ordenó el levantamiento del cadáver, se pudo apreciar un disparo casi a la altura de la nuca en su cuerpo. El cadáver de la marquesa presentaba también un tiro en la nuca y varios impactos de bala en otras partes del cuerpo.

Sin descartarse totalmente el móvil del robo, quienes conocen la residencia no han observado la falta de objetos de valor. Y a medida que avanzan las investigaciones, el móvil del robo va perdiendo fuerza.

La residencia de los marqueses de Urquijo compartía vigilancia de seguridad con otros diez chalets más de Somosaguas, encomendada a la empresa Transportes Blindados SA, servicio que pagaban los bancos en que trabajaban o con quienes están relacionados los residentes del grupo. En el chalet de los marqueses de Urquijo vivían estos días una sirvienta y un jardinero, mientras que los guardeses de la finca se hallan de vacaciones. Fue precisamente la sirvienta la que se apercibió de que alguien había intentado forzar la puerta de entrada al edificio, en el interior del jardín y dio aviso al servicio de vigilancia de Transportes Blindados, que descubría en seguida que una ventana del primer piso tenía los cristales rotos.

También dio aviso, pero éste a la Policía, el conductor de los marqueses, llamado Antonio Chapinat. A las ocho de la mañana

A las ocho de la mañana, los empleados de la empresa de seguridad pudieron entrar en el edificio. Los cadáveres se hallaban en dos habitaciones contiguas del primer piso, comunicadas por una puerta entre sí. Como ya hemos indicado, fueron varios los disparos efectuados, se sospecha que con silenciador, pues ni la sirvienta ni otras personas del servicio oyeron nada. Han aparecido varios casquillos de bala. El sistema de alarma debió ser inutilizado previamente por el asaltante o los asaltantes. Los dos cadáveres aparecieron en sus camas, por lo que se sospecha que fueran asesinados mientras dormían, primero el marqués –pues presenta menos impactos– y después la marquesa, quien posiblemente se despertó por ruidos que percibiera en la habitación de su esposo. El cadáver del marqués presentaba también un fuerte hematoma en un lado del cuello –por lo que las primeras sospechas hablaban de estrangulamiento–. Pudo ser un golpe como de karate que recibiera después del disparo, porque los asesinos notaran algún movimiento extraño. 

Cuatro casquillos han sido hallados en la dependencia en que dormía el marqués, dos en su mismo dormitorio –una bala se incrustó en la puerta de un armario empotrado–, y otros dos en una salita contigua al dormitorio, cuya puerta aparecía abierta. Todos los casquillos son del calibre 22.

Los marqueses de Urquijo tenían dos hijos: Miriam, la mayor, 23 años, casada, pero separada a los pocos meses, y Juan, de 21 años, que se hallaba en Londres y ha regresado a mediodía a Madrid.

El marqués de Urquijo era consejero del Banco Urquijo, en representación de la familia; fuentes del banco descartaban ayer que el móvil del crimen pudiera tener concomitancias políticas, pues nos indicaban que don Manuel de la Sierra llevaba una vida muy retraída y personalmente tenía ya poca actividad económica y representatividad en empresas del banco (...).

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