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Ocio y Cultura

Poesía

Vallejo: el capellán poeta

Admirador de Gil de Biedma, publica su primer poemario, 'Rompiendo el agua', ilustrado por Juan Gasca.

Fernando Vallejo.
Fernando Vallejo: el capellán poeta

Fernando Vallejo Agreda (Zaragoza, 1966) es muchas cosas: sacerdote, capellán del cementerio de Torrero (“algo que me ha cambiado la vida y la percepción de las cosas”) y también un enamorado del arte y de la poesía. Confiesa que ha escrito, o que escribe poesía, desde los catorce años. Ahora, a los 47, publica su primer poemario: ‘Rompiendo el agua’ (Apuntes de una decepción), en el sello zaragozano Caja de Cerillas.

El libro lleva un prólogo de sus editores Marcos Arjona y un epílogo de Álex Flé. El primero explica que sus pasiones poéticas son Gil de Biedma, Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud y Federico García Lorca, a quien cita y glosa en un poema; Flé dice que ‘Rompiendo el agua’ es “un grito desgarrador que incomodará al acomodado y dará esperanza al olvidado, pues agita los cimientos de una sociedad que se desmorona sobre su propia sociedad”.

Fernando Vallejo llama Vetusta a Zaragoza, como Clarín a Oviedo, y parece denunciar sus partes más tenebrosas, contradictorias e hipócritas. De ahí que Flé agregue que “cada poema, [es] una cerilla, y cada llama un incendio liberador en la mentira hecha institución”. Reconoce Vallejo, que alimenta tertulias literarias y artísticas, que tiene una relación de amor y odio con la ciudad, con Zaragoza, como escribía y cantaba José Antonio Labordeta. Declara: “Me duele Vetusta”. Y esa ese amor-odio es una constante de un volumen que lleva ilustraciones del joven pintor e ingeniero Juan Gasca Monzón, que ha optado por dibujos de estilo clasicista con huellas de Francisco de Goya, de la comedia del arte o de Giorgio de Chirico.

Fernando Vallejo ha definido así su relación con la lírica: “Mi vida es poesía. Desde que me despierto las palabras brotan en cada gesto. Pienso que es una deformación, es como si vieras la vida en un espejo en la sala de los espejos deformantes. La poesía es sangre. Solamente viviendo se puede ser poeta. Ser poeta es respirar. Es una pista tan larga... que no conoce el ocaso. Siempre es volver a ver las cosas y las gentes de forma diferente. La poesía es una forma de vida. Hay que enamorarse de la vida para ser poeta”.

En ‘Rompiendo el agua’ hay un clima de dolor y decepción, “este es un libro que se escribió a lo largo de un período complicado de mi vida. A veces descubres que te fallan los amigos o los ‘buenos’ de la película de tu vida”; es un libro de sombra, de inquietud, de provocación (“me gusta provocar a veces”, dice), donde hay una búsqueda constante de sí mismo: en el silencio, en los paseos de noche, en el amor, en los sueños, en la trascendencia, en la vida cotidiana tal como llega.

El autor incorpora una segunda sección a la que titula ‘Psicopoemas’. Dice: “Era / sencillamente / un sueño real; / como cuando hablas / en el aire azul/ de todas las noches”. O “quiero / valorar / tu silencio azul / y pintar / mi rostro / con tus manos”. Entre las confesiones que se deslizan aparece esta: “Hoy quiero ser / el hombre sencillo y noble que en algún momento / preparó la cena / y bebió la suavidad de la piel viva”.

‘Rompiendo el agua’. Fernando Vallejo. Ilustraciones de Juan Gasca Monzón. Caja de cerillas. Zaragoza, 2013. 84 páginas. [Presentación esta tarde, a las 20.00, en la galería Cristina Marín.]

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