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"Cuestionar los límites de la realidad puede ser estimulante y divertido"

Juan Jacinto Muñoz Rengel novelista y apasionado de los microrrelatos presenta esta tarde 'El libro de los pequeños milagros' (Páginas de Espuma) en Cálamo.

Juan Jacinto Muñoz Rengel
Juan Jacinto Muñoz Rengel

Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974) es novelista, autor de 'El sueño del otro' y 'El asesino hipocondriado', y un apasionado de los microrrelatos. Este miércoles por la tarde, en compañía de Carlos Castán, presenta 'El libro de los pequeños milagros' (Páginas de Espuma) en Cálamo.

-¿Qué es, para usted, un microcuento, cómo quiere que sean los tuyos?

-El microrrelato es una historia mínima, una historia contada con el menor número de recursos pero tratando de conservar su máxima capacidad de expresión. Si no contara una historia, si no narrara, si no relatara, no sería un microrrelato; probablemente se encuadraría en algún género afín, sería un aforismo, un texto en prosa poética, pero no minificción.

-¿Cómo quiere que sean los tuyos?

-A mí me gusta concebir mis microrrelatos como semillas programadas para florecer en la mente del lector y retorcer con sus raíces sus entrañas. Como pequeños artilugios detonantes. Intento que mis relatos conmocionen de alguna manera, mediante una imagen, mediante un juego, una tragedia, un giro o una propuesta intelectual. Su objetivo es infligir alguna marca.

-¿Cómo son los personajes de un microcuento?

-En el microrrelato no se construyen grandes escenas, apenas hay diálogos y, en el mismo sentido, los personajes no tienen desarrollo. Los personajes no crecen ni hay evolución. Ni falta que les hace. Son personajes funcionales que están al servicio de la idea central sobre la que se pone la lupa y alrededor de la cual se da forma a la historia.

-¿Cuál es la porción de acción, de suceso, que debe tener un microrrelato?

-En realidad, hay un gran abanico de posibilidades, porque precisamente el microrrelato es un género muy versátil, cambiante, adaptativo y todoterreno. Pero se podría decir que la mayoría de las veces casi todo el microrrelato es idea, acción o suceso; todo lo demás son elementos accesorios, que están ahí al servicio de esa intuición que el autor ha pretendido atrapar, preservar y hacer llegar al lector.

-Vayamos con su libro. ¿Por qué 'El libro de los pequeños milagros'? ¿Ese título es una advertencia, un anuncio, una emboscada, un reclamo?

-Lo cierto es que el verdadero título no nos cabía completo en la cubierta, y aparece después, en una de las portadillas interiores. Es un título más largo que muchos de los microrrelatos del volumen y, por otro lado, habría dado bastantes quebraderos de cabeza a los libreros. Así que nos quedamos con la primera frase, que contenía esa palabra fundamental, 'milagros'. Me parecía que un milagro engloba todo lo que aparece en los textos de este libro, los sucesos fantásticos, los hechos sobrenaturales, los que transgreden las leyes de la naturaleza, aquellos otros que tienen una inclinación más surrealista, los de fondo metafísico e incluso, y más aún, los de inspiración teológica. Los pequeños milagros, con los que arranca la primera parte de este libro, son los milagros domésticos, esos milagros de andar por casa que nos rodean, y también esos acontecimientos microscópicos, celulares, víricos, cuánticos, que tanta importancia tienen en nuestras vidas sin que ni siquiera lleguemos a verlos.

-Una de las cosas que más me ha llamado la atención es la unidad del libro. ¿Cómo arma un libro de microrrelatos?

-En efecto, como hice en su día con mis libros de relatos, quería que este nuevo libro de cuentos hiperbreves también tuviera unidad. Y el proceso para lograr esa coherencia interna es complejo: en primer lugar imaginé esas tres partes -'Urbi', 'Orbe', 'Extramundi'- que van, como muchos de los propios microrrelatos, de lo pequeño a lo grande, de lo micro a lo macro, de nuestros hogares y nuestras ciudades a las galaxias lejanas; después, una vez que eres consciente de esa estructura, diriges tu mente a cubrir posibles lagunas, lo que da lugar a un buen número de nuevas historias con temáticas concretas; la tercera parte del proceso es cribar y descartar aquellos textos que no encajan en la nueva forma del libro; y por último, el momento más difícil de todos es dar orden a los textos. El orden de lectura de los distintos microrrelatos puede cambiar sustancialmente, no solo las sensaciones del lector, sino incluso su significado.

-¿Cómo se conjuga el binomio fantasía y realidad?

-Es que esa combinación es para mí el aspecto más interesante de la literatura. Al menos, en esa frontera entre lo real y lo fantástico es donde se mueve casi todo lo que hago. Me parece que cuestionar los límites de la realidad puede ser algo a la vez estimulante y divertido.

-¿Qué importancia tiene para usted la paradoja?

-Este libro no puede entenderse sin las paradojas y las contradicciones. La contradicción está ya en la propia portada, con esa criatura mitad perro y mitad loro; en el título, al enfrentar lo milagroso con lo minúsculo; en la advertencia preliminar que te dice 'Esto no es un texto' y mediante un primer microrrelato te introduce en un bucle infinito. Quizás ese sea el eje principal de 'El libro de los pequeños milagros'.

-¿Qué le ofrecen los bestiarios? ¿Qué busca y qué quiere explorar con estos animales más o menos imaginarios?

-Siempre me han fascinado los bestiarios. Aquellos bestiarios medievales, en los que se inventaban animales inexistentes en los inexplorados confines del mundo, y el moderno bestiario como género literario, el 'Monstruari fantàstic' de Joan Perucho, por ejemplo, o el recopilado por Borges en 'El libro de los seres imaginarios'. Me parecen capaces de contener enormes dosis de imaginación en muy poco espacio. Eso sí, un tercio de mis criaturas posibles son alienígenas.

-¿Qué conexión directa tienen los microrrelatos con las nuevas tecnologías?

-El microrrelato es una píldora multivitamínica, es un comprimido de literatura concentrada, y, en principio, ese es el tipo rendimiento rápido que busca hoy la gente. Desde luego, el microrrelato es ideal, por ejemplo, para el medio radiofónico, una pieza de minuto y medio puede ser escuchada con agrado y sin problemas por el oyente, y enriquece cualquier programa. También tiene la extensión perfecta para el post de un blog, para un comentario de Facebook, e incluso algunos, aunque pocos, caben en un tuit. Pero, insisto, el microrrelato en cuanto texto literario contiene varios niveles de lectura, necesita de un estado mental y también ser digerido durante un tiempo. Nada de eso lo están fomentado hoy las nuevas tecnologías. La calidad de la lectura también es importante.

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