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"Del estrés las manos se me cubrieron de verrugas"

Chusé Raúl Usón (Zaragoza, 1966), escritor y editor, publica en Impronta, de Gijón, su libro 'Cien llaves', una novela-diario acerca de su experiencia como educador en un reformatorio de Valdefierro.

Portada de 'Cien llaves', de Chusé Raúl Usón
?Del estrés las manos se me cubrieron de verrugas?

-¿Cómo fue la experiencia educativa de trabajar en el Reformatorio de Valdefierro?

-La experiencia fue muy dura. Estamos hablando de trabajar en una cárcel para chicos menores de 16 años durante un año. Fue mi primera experiencia laboral. Fue en 1992, hace ahora 21 años.

-¿Qué sensaciones iniciales tuvo, cómo veía el ambiente y a los chicos?

-En el centro había dos secciones: la abierta, que gozaba de unas medidas algo menos estrictas, y la cerrada. Yo trabajaba en la sección cerrada. Para acceder a ella un vigilante, desde fuera, nos abría la puerta y entrábamos allí. Todo estaba bajo llave, no existían objetos metálicos. Incluso trabajábamos con alarmas personales conectadas a la policía por si existía alguna agresión física. Era un ambiente cerrado, claustrofóbico, asfixiante, donde vivías una especie de realidad paralela. A través de los cristales de las ventanas podías contemplar la otra vida, que transcurría en paralelo a esta. Los chicos eran carne de cañón, pero no dejaban de ser niños, adolescentes…

-¿En qué momento nació el libro, 'Cien llaves', que publicó primero en aragonés con el título 'As zien claus' (1997)?

-Llevábamos un diario de la sección y un cuaderno de cada uno de los chicos, donde apuntábanos los aspectos más relevantes del día a día (cómo se encontraba emocionalmente), si había insultado o agredido…. Así, cuando entraba el siguiente educador en el cambio de turno, lo leía y se enteraba de todo. Yo en aquel momento, además, estaba pasando un momento muy duro a nivel personal, y la escritura de aquel diario me sirvió de refugio, de medicina.

-¿Qué quería hacer: un dietario, una novela fragmentaria...?

-No me encuentro a gusto con las clasificaciones en la literatura, me gusta escribir textos que combinen lo poético y lo narrativo, donde todo se entremezcle. Creo que la vida es así y la literatura debe reflejarla tal como es…

-¿Cómo se fue gestando? ¿Escribía en el propio centro?

-Hacía años que había elegido al aragonés como mi lengua, tanto personal como literaria, y de alguna manera escribía en ella por militancia lingüística. Sin embargo, fue durante la escritura de 'Cien llaves' cuando fui consciente que la literatura me servía como terapia, como vía de autoconocimiento y explicación de la vida.

-¿Qué es lo más le impresionaba de los chicos: que eran jóvenes y perdedores, que no había futuro para ellos?

-Lo que más impresionaba era que yo podía ser uno de ellos, que ellos no habían elegido dónde habían nacido. Y sí, que no había ningún futuro para ellos, aunque ellos desconocían por completo la noción de 'futuro'. No hacían ningún tipo de plan para mañana. De hecho el protagonista a lo largo de la novela se va convirtiendo, en parte, en uno de ellos.

-El director decía: “Que sepas que cuando un menor ingresa en nuestro centro, nuestra máxima preocupación es enseñarle a desenvolverse en la sociedad”. ¿Cree que se logró en algún caso o no?

-Aquella frase se me quedó grabada y la reproduje tal cual en el libro. Me temo que no. No creo en la cárcel, por lo menos con el modelo que conocemos en la actualidad, como medida de reinserción en la sociedad.

-¿Cuáles eran los grandes conflictos que había allí dentro, qué biografías le impactaron más?

-La sección cerrada de aquel reformatorio funcionaba exactamente igual que una cárcel para adultos. Detrás de cada uno de esos chicos había una historia increíble. Familias desestructuradas, padres drogadictos, encarcelados, madres y hermanas prostitutas. Empezaban cometiendo pequeños hurtos e iban subiendo el nivel de delincuencia.

-¿Existe algo de ficción o todo es real: la cámara que vuela por los aires, los intentos de suicidio, el puñetazo, las amenazas, ese linchamiento que está a punto de sufrir...?

-Hay hechos que son por completo reales, que pasaron exactamente como los cuenta el narrador de la novela. Otros son pura ficción. Así es la literatura, ya sabes.

-“Leo el diario de la sección: recibimos la noticia de que en una riña en la cárcel M. ha muerto. Adiós, aroma de limones”. Cuéntenos esta historia.

-M. tenía cierto retraso mental e vino al Centro por violar a una chica. Procedía del sur y hablaba con entusiasmo sobre su trabajo recolectando limones. Su familia falseó su edad para evitar la cárcel pero finalmente se descubrió que ya tenía edad penal. Falleció en la cárcel, sí.

-Su voz interior le decía: “Desconfía de todo y de todos, en todo momento. No le hago caso”.

-Esta frase está relacionada con la tensión del trabajo. Teníamos que estar continuamente en tensión, en alerta. Pero también está relacionada con mi vida, con una profunda crisis personal que sufrí aquellos meses de 1992.

-El libro se publicó en 1997 en aragonés. ¿Qué eco tuvo entre los jóvenes? ¿Ha sabido algo más de ellos?

-Creo que ni los chavales ni los educadores llegaron a saber que escribí una pequeña novela donde ellos eran los protagonistas. Algunos chavales fallecieron durante los dos o tres años siguientes. Me lo dijo un educador que siguió trabajando allí. Del resto, jamás supe nada.

-Dice: “Nunca he saboreado un café tan amargo”. ¿Aún tiene pesadillas?

-Nooo, ahora ya no, pero aquellos meses fueron durísimos. Del estrés las manos se me cubrieron de verrugas. O eso es lo que dijo el dermatólogo.

-¿Diría que es un libro sobre el desamparo, el dolor, la falta de esperanza, sobre las familias rotas?

-Sí, es sobre todo eso, y sobre el extrañamiento, que es uno de mis temas, aunque también quería hablar del punto de vista, del perspectivismo, del otro. Ese otro que soy mismo al otro lado del espejo.

'Cien llaves'. Chusé Raúl Usón. Impronta. Gijón, 2013. 125 páginas. [El libro se presenta este miérocles, a las 20.00, en Los Portadores de Sueños con Javier Aguirre.]

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