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Ocio y Cultura

Una exposición en el Pablo Serrano hilvana la relación de Balenciaga con su tiempo

Con piezas de colecciones privadas y fotos, se explora la influencia del modisto en el siglo XX. La muestra revela aspectos desconocidos del maestro, como una breve estancia en Tarazona.

Podría decirse que el XX es el Siglo de Oro de la moda. Una época en la que se establecieron las bases de una actividad siempre en transformación, que bascula en un eterno debate entre lo comercial y lo creativo, lo artesanal y lo artístico. En el XX, surgieron algunos de los talentos referentes de la costura, entre todos ellos, uno español, Cristóbal Balenciaga (San Sebastián, 1895-Jávea, 1972) a quien, en nuestros días, ya nadie le disputa su importancia y su influencia. Hasta el próximo 19 de mayo, el Museo Pablo Serrano abre sus puertas en Zaragoza a la exposición ‘El siglo de Balenciaga’, que recorre el trabajo de este modisto en relación con el tiempo en el que le tocó vivir. Comisariada por el fotógrafo guipuzcoano Pedro Usabiaga y con la colaboración del diseñador Enrique Lafuente (que aporta algunos hallazgos en relación con Aragón), la muestra saca a la luz piezas provenientes de manos privadas, así como fotografías, cuadros, complementos y bocetos del maestro de Guetaria. También aporta creaciones de diseñadores contemporáneos del de Guetaria, como los aragoneses Pertegaz y Pedro Esteban o Elio Bernhayer, recientemente fallecido. «El Museo Balenciaga posee una gran colección, pero casi todos sus fondos son de clientes y coleccionistas del País Vasco», explicaba ayer Usabiaga, en capilla para la inauguración. En Zaragoza, pueden verse diseños adquiridos y lucidos en otros puntos de España, incluidos algunos de familias aragonesas, como el vestido de novia de María Pilar Mompeón de No y uno de fiesta de Pilar de Yarza y Mompeón. También hay trajes de los Sanz Briz, los Ozcáriz o de la colección del propio Pedro Esteban, uno de los más destacados discípulos del vasco.

Sus inicios

El recorrido se inicia con una cronología y una serie de fotos que contextualizan la vida y obra de Balenciaga, no solo desde el punto de vista histórico, sino también a través de los escenarios donde vivió su infancia y en los que dio sus primeros pasos como modisto. Su casa fafmiliar de San Sebastián, sus pinitos como sastre, sus primeras incursiones en la cercana Francia, los salones de los hoteles que frecuentaba...

Para iniciar el discurso expositivo referente a los diseños, Usabiaga elige un vestido negro, de 1933, de sencillez intemporal e inspiración ‘art deco’. Convive con un bonete que diseñó para la Naviera Ybarra. Eran los comienzos de un recorrido vital y profesional que, debido al carácter reservado de Balenciaga, se ha mantenido en parte envuelto en un halo de misterio. «Hay mucho material disperso», comentó Usabiaga, quien negó el carácter introspectivo del modisto. «Una cosa es que no fuese mundano, otra que no tuviera vida social; en realidad, se rodeaba de gente culta, tenía muchos amigos», explicó. La recopilación de datos y material ha sido ardua, pero con interesantes resultados. Entre ellos, destaca Usabiaga la cesión por parte de la familia del pintor Bernard Buffet de un retrato de su propia esposa, Annabel, una agitadora cultural, que posa vestida con un Balenciaga, al que le unía una gran amistad. Es la primera vez que esta obra sale de Francia. Hay también un coqueto espacio que recrea un ‘atélier’.

Video:Una exposicin en el Pablo Serrano hilvana la relacin de Balenciaga con su tiempo
Muy curiosa es también la aportación de Enrique Lafuente, la de las conexiones del Balenciaga con Aragón. En la exposición lucen varios trajes hasta ahora guardados en armarios zaragozanos. También, una vitrina dedicada a la zaragozana María Nieves ‘Meyes’ Hernández Ortiz, mujer de grandes inquietudes intelectuales y vitales, adelantada a su tiempo, que trabajó como maniquí en el ‘atelier’ parisino de Balenciaga, y que también fue diseñadora de joyas.

Pero quizá, uno de los episodios más curiosos es el que relaciona al maestro de Guetaria con Tarazona, donde residió varias semanas en 1971. Hasta esa localidad se trasladó de la mano de su amigo Jesus Azcárate, quien compró Textil Tarazona S.A. con la idea, entre otras, de crear una línea de ‘prêt-à-porter de la marca Balenciaga. La muerte, en marzo del año siguiente, del modisto, dio al traste con el proyecto.

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