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Literatura

Raquel Sánchez Silva, entre vientos y costuras

La presentadora compagina sus programas de televisión en TVE con la promoción de su novela, ‘El viento no espera’, en la que habla sobre segundas oportunidades, momentos cotidianos y Tarifa

Alejandro Santos 02/02/2019 a las 05:00

El huracán Raquel Sánchez Silva recorrió ayer las calles de Zaragoza. Y lo hizo con la enorme facilidad para hilar respuestas que dan los años frente a la cámara y con pasión por mostrar el mundo interior que asoma en ‘El viento no espera’, su última novela. La metáfora del huracán no es gratuita, porque de vendavales va el libro, que se trata de una concatenación de escenas y personajes diversos con Tarifa como marco para sus desventuras.

 

Este es su cuarto libro. ¿Engancha escribir?

Yo siempre he escrito. Lo que no sé si engancha es publicar. Primero publiqué una recopilación de relatos cortos dedicados al mundo de la mujer y a desmontar el mito de la ‘superwoman’: ‘Cambio príncipe por lobo feroz’. Luego escribí la primera ficción, ‘Mañana, a las seis’. Después quise escribir un ensayo sobre reproducción asistida para ayudar a otras mujeres que estuvieran en un proceso similar al que viví yo, pero me pidieron que lo novelara para que no fuera tan duro. ‘El viento no espera’ es mi segunda ficción y publicar es muy satisfactorio, pero en otros momentos es un poco ingrato. No lo digo por los resultados del libro, que está estupendo, sino porque, para los que escribimos, el esfuerzo es enorme. En mi caso, que trato mucho el mundo emocional y me dejo llevar por la escritura, termino agotada. Es como si hubieras corrido tres maratones seguidos a 42 grados y con una humedad del 85%. Pasas la meta y, aunque hayas ganado, no quieres hacer ninguno más.

Debe de ser un gran contraste escribir un libro y hacer un programa de televisión...

Son todo lo contrario. Yo intento ser lo más natural que puedo en ambas facetas, pero en televisión siempre compartes algo con gente, con el público, con el equipo, con las cámaras… Siempre es un ‘con’, nunca estás sola. La escritura es justo al revés. No tienes ‘feedback’, es un lugar de reflexión, solo tuyo, e infinitamente más profundo.

"Recuerdo irme de TVE, salir de Torrespaña, ver el pirulí y llorar"

 

¿Beneficia ese contraste en una y otra faceta?

Más bien alivia. Si me dedicara principalmente a la escritura querría hacer un programa de televisión a toda costa, aunque fuera de tres meses, porque uno es el respiro del otro. La intensidad emocional de escribir tampoco es fácil, esa es otra pelea. Pero a mí me desahoga hacer un programa de televisión en el que me río y me siento más segura. Yo donde tengo mayor experiencia es en la tele, publicando, no tanta. Escribo y recuerdo la Raquel que presentaba durante sus primeros cinco años, cuando todavía no tienes esa seguridad y sientes pánico por el error.

¿Y por qué Tarifa?

Yo empecé a ir a Tarifa porque mi pareja hace ‘kitesurf’. Tarifa es la casa de los vientos, como la llamo yo, pero yo probé y no me gustó. Entonces empecé a pasear y a conocer playas, a viajar, a hacer excursiones por el campo de Gibraltar, por el estrecho, por Tánger… Me di cuenta de que era un escenario literario fabuloso. Tarifa está llena de gente que no sabes de dónde ha venido. Mucha gente acaba allí porque no quiere estar en ningún otro sitio, porque Tarifa no es un lugar de paso, tienes que ir hasta ahí. Eso me encantó, es la casa literaria de un montón de personajes.

"La mayoría de los personajes y escenas de la novela las he visto yo"

 

En la novela se detiene para describir momentos muy concretos. ¿Cree que de vez en cuando habría que parar y apreciar esos momentos?

Es lo que yo hago. No es que espíe a la gente, pero yo observo así. A veces estoy en un restaurante y veo que en la mesa de al lado está pasando algo, o voy en el autobús y una persona le está contando a otra algo y yo me quedo ahí. La mayoría de los personajes y escenas que aparecen en la novela las he visto yo.

También hay otros pasajes donde hay una fantasía que parece más real que la propia realidad. ¿Es una forma de evadirse de lo cotidiano?

Sí, es una escapatoria absoluta. A mí en el fondo me frustra un poco no haber sido capaz, a estas alturas de mi vida, de ser mucho más fantasiosa. Ahora mismo las redes sociales son dictatoriales en este sentido. Permitirte vivir a veces en la fantasía es algo que está muy bien, y no lo hacemos. Cada vez nos sentimos más juzgados y más cerrados que nunca. Tenemos la falsa sensación de que somos más libres porque tenemos más acceso, pero nos estamos atando. Hay un momento en la evolución en el que renunciamos a algo para lo que estamos diseñados, que es el mayor regalo de la vida: nuestra libertad de pensamiento. En el mundo en el que vivimos ahora mismo no lo tenemos, aunque creemos que sí.

"Me desahoga hacer un programa de televisión en el que me río"

 

Vuelve a TVE 20 años después. ¿Ha cerrado un ciclo?

Y tanto. Yo cuando me marché de TVE solo hacía deportes, era lo único que me proponía la televisión. Creo que yo era la segunda mujer en España que había sido reportera de deportes. A mí no me gustó ese mundo. Aunque me encante el deporte, el trato del periodismo deportivo a las mujeres era lamentable. Desde luego, era muy diferente al que recibían los hombres y pensé en hacer otras cosas. Yo recuerdo irme, salir de Torrespaña, ver el pirulí y llorar. Me iba de casa, era mi primera casa profesional en Madrid. Ha sido un poco raro volver, pero ahora está muy cambiada. Yo ya no hago informativos, ya no estoy en Torrespaña... trabajo para otro departamento.

¿Qué es ‘Lo siguiente’ para Raquel Sánchez Silva?

‘Lo siguiente’ es un proyecto precioso de televisión en una época muy complicada para el medio y en una franja donde hay una concentración de talento absoluta. Allí están dos de mis programas favoritos: ‘El hormiguero’ y ‘El intermedio’. Pero es verdad que nosotros estamos trabajando muy duro por hacer un gran programa. Yo me siento muy orgullosa del programa del jueves pasado con Chicho Ibáñez Serrador. Creo que TVE tiene que tener un espacio que dé una oportunidad a los artistas de pasar por la televisión pública, de poder hablar y comunicarse con su público. A mí me hace ilusión hacerlo, ojalá durante mucho tiempo.

 





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