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Ocio y Cultura

La Casa Árabe de Madrid rinde homenaje al poeta barbastrense Modest Solans

Ha organizado una conferencia y una exposición de las obras de su hija que ilustran su antología de poesía andalusí

Modest Solans, en una foto tomada en Guadix en 1994.
Modest Solans, en una foto tomada en Guadix en 1994.

Para muchos aragoneses, aun los más ilustrados, Modest Solans Mur (Barbastro, 1951-Guadix, 2012) sigue siendo muy desconocido. Pero se trata de una de las figuras culturales más poliédricas e inclasificables de las últimas décadas. Traductor de Rimbaud, Baudelaire y Kavafis, poeta visceral y anárquico que se dejó seducir por la cultura árabe cuando estudiaba Filología en Barcelona, su antología de poesía andalusí de los siglos XI a XIII, ‘El zoco sin compradores’, publicada a su costa en 1982, sigue siendo de referencia entre los amantes de la cultura andalusí.

Este jueves, la Casa Árabe de Madrid le rinde homenaje (19.00). Ha invitado al arabista zaragozano Fernando Andú a pronunciar una conferencia y organizado una exposición de las obras con las que Leonor Solans, hija del poeta y hoy afamada pintora, ha ilustrado una nueva edición de la citada antología. "Hay 40 ilustraciones, cada una de ellas acompañada de un poema, y luego presento también varios óleos en gran formato inspirados en la decoración de la vajilla palaciega de la Alhambra", apunta.

"Mi padre era un gigante en todos los sentidos –le recuerda otra de sus hijas, Bárbara–. Era un hombre muy inteligente, recluido en su estudio, con sus cosas. Me esforzaba mucho por escucharle porque, cuando te ponías a su altura, y lograrlo era muy difícil, sacabas oro de todo lo que decía".

En cierta medida, también, Solans fue preso de sus obsesiones. Cuando su hija le pidió traducir ‘Aventuras de Alicia bajo tierra’ dedicó todo su tiempo durante tres años a desentrañar las claves del relato de Carroll. Funcionario anónimo de Guadix, perdió interés por lo que llamaba "la superestructura literaria" y dejó de publicar, aunque no de escribir. Su familia guarda infinidad de versos escritos al albur en los márgenes de periódicos y revistas, pero no sabe si algún día los publicará. Los poemas que consideró mejores los reunió en un libro, ‘Diwan del cuchillar’, aún inédito.

Se obsesionó, también, por el ajedrez, y no solo llegó a ser un gran jugador, sino que inventó una variante, el ‘Ajedrez del rey batallador’, que se juega con dados y cartas, además de con las fichas tradicionales. "Quiso introducir el azar en el juego para que así el perdedor tuviera una excusa o disculpa para no sentirse o parecer menos inteligente que el ganador", asegura Bárbara Solans.

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