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Ocio y Cultura

Muere a los 88 años el pintor José Luis Balagueró, maestro del color y del paisaje abstracto

Natural de Romanos, se forjó en París, vivió ocho años en Chicago y soñaba con una antológica en el palacio de Sástago.

José Luis Balagueró, en su exposición de 2011, en el entonces Museo Camón Aznar.
Muere a los 88 años el pintor José Luis Balagueró, maestro del color y del paisaje abstracto
José Miguel Marco

"La pintura es maravillosa. Si no pintara, no me gustaría vivir", le decía José Luis Balagueró Cucurull (Romanos, Zaragoza, 1930) a Mariano García en enero de 2011 en HERALDO, con motivo de su exposición de pintura y escultura en el entonces Museo Camón Aznar. Balagueró, un artista del color y de la geometría y del paisaje abstracto, en la línea de Mompó y de Zóbel quizá, acaba de fallecer en Madrid a los 88 años. Era hijo de un maestro catalán que fue apresado y traído a Zaragoza, donde fue ejecutado en 1936 ante las tapias del cementerio de Torrero.

Jamás pudo desembarazarse de ese hecho. Pasó una época de su infancia en su pueblo, donde aprendió a disfrutar de las cosas del campo (los rebaños, las fuentes, los pájaros con sus cantos y sus nidos); más tarde se instaló en Zaragoza con su madre y sus hermanos, y pronto demostró en el colegio su habilidad con los lápices y el color. A los 17 años, cuando ya había visto algunas publicaciones de Picasso, de Klee, Kandinsky o De Stäel, creyó que debía marcharse a París. Lo intentó, pero lo devolvieron a casa.

Empezó a preparar su carrera: estudió en la Escuela de Artes y y después en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Poco a poco, de modo muy natural, iría pasando de una figuración muy personal y fragmentada, con vínculos impresionistas, a la abstracción. En 1957 se presentó en la galería Biosca, y desde entonces su opción, de búsqueda constante, no dejará de enriquecerse.

En 1958 se trasladó a Lille, y en uno de sus viajes conocerá y saludará a Pablo Picasso; viajará a París (donde conoció "verdaderamente la pintura" a la vez que sobrevivía como pintor de brocha gorda) y a Zúrich, y más tarde se instalará en Formentera, un paraíso para la creación y "un desierto lleno de amor". En 1966, en una época en que realizaba una pintura de abstracción espacial, muy poética y de lujo cromático, conoció a Fernando Zóbel, que preparaba el Museo de Arte Abstracto de Cuenca, y no tardaría en tender puentes con Estados Unidos. Vivió en Chicago entre 1967 y 1975. Allí realizó muchas exposiciones y vio las diferencias y semejanzas entre Europa y América: "En París el arte es un ideal; en Nueva York, una explosión", decía a HERALDO en 2011. Más tarde regresaría a Madrid; luego a San Lorenzo del Escorial.

Paco Rallo, galardonado por la Asociación Aragonesa de Artistas Plásticos por su bloc de divulgación artística, dice: "Balaguero fue uno de los grandes pintores abstractos aragoneses, sus cuadros han enriquecido la Historia del Arte Español de la generación de los 50. Poseía una gran paleta cromática que manejaba con gran soltura en sus construcciones y en sus reconstrucciones pictóricas". Hizo un poco de todo: pintura, dibujo y obra en papel, que expuso en el palacio de Montemuzo en 2005, collages, fotografía y escultura, parte de ella la presentó en la ya citada exposición del Museo Camón Aznar.

Color y metáfora de la visión

El crítico Fernando Carpio acuñó una definición de su obra variada, personal e imaginativa: "Son hermosas metáforas de la visión", anotó.

Pablo Ferrer, el coautor de ‘Aragón, de pueblo a pueblo’ en estas páginas, recuerda: "Hablé con Balagueró en octubre de 2017, cuando hicimos el reportaje de Romanos. Vivía a las afueras de Madrid y seguía activo y preclaro, me mandó una hermosa agenda ilustrada. Era encantador".

Ese tipo encantador tenía el sueño de realizar una antológica en el palacio de Sástago. Decía: "El verdadero pintor es el que deja todas sus influencias y es él. Lo que pasa es que uno en esa búsqueda acaba invirtiendo toda la vida". Al final, como le gusta decir, había hallado "la pulsión del color, la temperatura de la materia", la belleza de la memoria.

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