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'Lágrimas de acero', una obra teatral recuerda en Zaragoza la "valentía y el dolor" de la mujer gitana

La Asociación de Promoción Gitana de Zaragoza recopila en una función, que se estrena el sábado en el Centro Cívico Oliver, testimonios de madres y abuelas que lucharon por sacar adelante a su familia. Historias tiernas y desgarradas, acompañadas de música y baile, que resumen los más de cuatro siglos de historia del pueblo gitano en Aragón

Algunas de las protagonistas de la obra, en la que se cuentan vivencias personales sobre la mujer gitana.
Algunas de las protagonistas de la obra, en la que se cuentan vivencias personales sobre la mujer gitana.
TONI GALÁN

"Os voy a contar la historia de mi abuela. La del día en que, viendo que no tenía para dar de comer a su familia, cogió lo poco que tenía, unas agujas e hilos, y se fue a cambiarlos por comida...". Así empieza su testimonio María José Jiménez Jiménez en el montaje teatral ‘Lágrimas de acero’, un homenaje a la mujer gitana que se estrenará el próximo sábado, a las 18.30, en el Centro Cívico del Barrio Oliver, en Zaragoza. "Dejó a los niños en un corral y entró al publo, pero la vio la Guardia Civil y se la llevaron para el cuartel. Y le pegaron una paliza tan grande... Le cortaron el pelo también, y ya sabéis lo que significaba entonces y ahora el pelo para la mujer gitana. A las doce de la noche la sacaron, y sangrando y andando como pudo, se fue para el corral. Y se encontró con que sus hijos se habían ido. Hasta el pueblo siguiente tuvo que andar, sangrando, y al final los halló en una paridera. Sacando sangre, sin pelo, con dolor en el alma".

Escrita y producida por la Asociación de Promoción Gitana de Zaragoza, ‘Lágrimas de acero’ es un testimonio desgarrado, un cuento real, acompañado de música y baile, sobre el sufrimiento de la mujer gitana. Se estrenará el 12 de enero, día de la Cultura Gitana en el que se celebra la entrada de los primeros nómadas de esta etnia, en 1425, y que entraron por Aragón, recibidos por el rey Alfonso ‘el Magnánimo’. Forma parte del convenio de la asociación con el Ayuntamiento de Zaragoza para la difusión y promoción de esta cultura, perseguida durante más de 500 años. Un proyecto de acercamiento que ya ha dado sus frutos a través de la música, con diversos recitales, y que ahora cristaliza como obra de teatro dedicada a la mujer gitana, "donde contar historias de nuestras abuelas o de nuestras madres... Por primera vez tenemos ese privilegio de ser nuestra propia voz. Poder hablar, que ya es hora, y contar de una vez todas esas cosas que, a lo mejor la gente no las sabe. Que a lo mejor desconoce y por ello no comprende tantas cosas del pueblo gitano", considera Antonia Moreno Marín, otra de las actrices..

Grabado a fuego

Desde que Felipe II iniciara redadas para capturar a gitanos varones y obligarlos a empuñar los remos en la Armada entre 1571 y 1572, el gitano varón tuvo que esconderse en el monte para huir de la cárcel. En 1610 la Corona decide que su único oficio puede ser la labranza;en 1633, se les prohibe vivir en grupo;en 1749, Fernando VI separa a hombres y mujeres para acabar con la raza. En el siglo XIX, Fernando VII asimila a los gitanos a la delincuencia y les prohíbe ejercer la mayoría de oficios o pertenecer a gremios.

Durante el franquismo, la industrialización y el éxodo a la ciudad deja a muchos gitanos fuera del sistema productivo: los prejuicios les impiden acceder a trabajos en fábricas, sus oficios no son demandados y muchos acaban en chabolas a las afueras de la ciudad. Fueron muy evidentes los abusos de algunos cuerpos de seguridad del Estado, historias que han quedado grabadas en los gitanos que viven hoy en día y que se cuentan en la obra de teatro. "La mujer gitana iba en busca de comida porque el hombre no podía:estaba escondido en el monte, huyendo de las redadas –cuenta en la obra Antonia–. A mi abuela también le cortaron el pelo. También le volcaron la olla cuando la tenía al fin con algo de comida...".

Participan en la obra, además de mujeres gitanas que narran sus recuerdos, músicos como el compositor y cantaor Eugenio Tejero ‘Confu’, acompañado de Juan Daniel Tejero, Pedro Hernández Tejero, Juan Díaz o Jesús Bautista y el bailaor Salvador Gabarre. "Es un discurso de la mujer, pero la gitana siempre se ha expresado a través del cante y a veces la narración se convierte en canción. Y están entonces las actrices acompañadas por los músicos", destaca Noé Bautista, portavoz de la Asociación de Promoción Gitana. Hace ahora más de un año, cuando el pleno del Ayuntamiento de Zaragoza aprobó el convenio cultural con la asociación, Noé lloró de emoción. Él, como muchos, tiene muchas de esas historias contadas por sus madres, que pasan de generación en generación, como su abuela Marina Jiménez, que buscaba pan duro durante todo el día, solo para poder preparar cada mañana un desayuno para su familia. Según Eva Mª Jiménez Gabarre, "hay que pensar que no somos actrices, pero esta es nuestra lucha y nuestra historia. Yno vamos a parar hasta que la mujer gitana sea capaz por ella misma de liderar su propia vida. La versión con la que se queda la gente sobre la figura de la mujer gitana es errónea y esta obra ayudará a romper esos prejuicios. Y recordar a todas esas mujeres, que tanto han trabajado por su familia, que tanto han llorado, porque gracias a ellas estamos ahora aquí, hablando".

Proyecto a largo plazo

El objetivo de este convenio entre la asociación y el Ayuntamiento es crear un puente de doble dirección entre gitanos y payos. Como comentaba en su momento Noé Bautista, "el payo tiene una idea preconcebida del gitano, sin entender que tantos siglos de persecución dejan huella y crean mucha desconfianza. De ahí la falta de integración. Pero, por otro lado, el propio gitano tiene parte de responsabilidad en mantener esa brecha abierta. Y es hora de que afronte una realidad diferente. El gitano desconfía de una sociedad donde las fuerzas de seguridad significaban inseguridad, donde las leyes no le protegían... Muchos gitanos rechazan esa sociedad mayoritaria. “Si me van a discriminar, para qué intentarlo”, piensa. “No voy a estudiar porque no me servirá de nada. Para qué quiero un título si no me darán el trabajo”, dicen los niños. Esa es la raíz del absentismo escolar, por ejemplo".

En opinión de Eva MªGiménez Gabarre, los más de 20.000 gitanos que residen en Aragón "podemos recordar el pasado, para que nos ayude en el presente. Y ahora tenemos que hacer uso de nuestros derechos constitucionales, que tanto nos constaron conseguir, y aferrarnos a ese presente de oportunidades. Hombres y mujeres. Y soñar con un futuro lleno de mejoras para nosotras y, en definitiva, para nuestro pueblo".

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