Ocio y Cultura

La España que quiso olvidar a Franco

La historiadora zaragozana Ana Asión Suñer publica ‘El cambio ya está aquí. 50 películas para entender la Transición española’

La joven historiadora zaragozana Ana Asión Suñer, autora de 'El cambio ya está aquí'.
La joven historiadora zaragozana Ana Asión Suñer, autora de 'El cambio ya está aquí'.
Gabi Orte

El historiador Javier Tusell decía: “La Transición española no puede entenderse sin la ‘apertura’ producida desde 1966, a pesar de todas sus limitaciones, o sin la división de la clase dirigente desde el año 1969 y más aún desde 1973”. A la joven historiadora del cine y del cómic Ana Asión Suñer (Zaragoza, 1989) no le pasó inadvertida esta consideración a la hora de confeccionar su libro ‘El cambio ya está aquí. 50 películas para entender la Transición española’, que publica la Editorial UOC (Barcelona, 2018. 192 páginas).

La autora dice, a modo de reflexión general, que “los trabajos que aquí se presentan visualizan esta trasformación, que vino propiciada desde diferentes frentes, como fueron el ocio, los nuevos métodos laborales, la progresiva apertura sexual o la publicidad. Y por supuesto, no debe olvidarse el panorama político, puesto que esta situación tuvo su momento clave con la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, y, como consecuencia, el fin de la dictadura”. Ana añade para HERALDO.ES que “me gusta hablar de transiciones más de que Transición propiamente, término que se aplica más bien a la política. Sin embargo, yo que creo que en España, desde los años 50, ha habido varios cambios, sobre todo culturales. Una película como ‘Calle mayor’ (1956) ya plantea una nueva mirada hacia el mundo de la mujer. Y, en cierto modo, el libro se cierra con otra mujer: Pilar Miró, a la que le censuraron su película ‘El crimen de Cuenca’, de 1979, que acabaría estrenándose en 1981, después que ‘Ópera prima’ de Fernando Trueba, una obra de 1980 que aventura el porvenir y que anticipa, en cierto modo, el clima de la movida madrileña”, agrega. Un buen número de las películas aquí seleccionadas exploran “un proceso lleno de dificultades, dudas y miedos, pero sobre todo expectación ante el futuro más inmediato”.

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José Luis López Vázquez y Julieta Serrano en 'Mi querida señorita' de Jaime de Armiñán, autor también del guión con José Luis Borau. / Heraldo.

Ana Asión se remonta no al año 1975, sino que, como ella avanza, parte de una película premonitoria como ‘Calle Mayor’, de Juan Antonio Bardem, fechada en 1956, es decir 20 años atrás. Y decide hacer algo de prehistoria o sociología española. Películas como ‘El verdugo’ (1963), de Luis García Berlanga, para algunos la mejor de la posguerra, ‘La caza’ (1967) de Carlos Saura o ‘Mi querida señorita’ (1971), de Jaime de Armiñán, son títulos decisivos, claves, que denuncian algunos de los serios conflictos que se vivían en España, “vinculados a muchas cosas: el turismo, la emigración, la situación de la mujer, el sexo, la protesta social o la no aceptación del franquismo, tan evidente, desde distintas esferas sociales. El cine fue un reflejo social de todo ello y a la vez abría horizontes de libertad y de cambio”, insiste Ana.

Explica Ana Asión: “El verdugo’ es una de las películas en las que mejor queda retratada esa España que, ya a comienzos de los años 60, empezó a luchar por desprenderse de ese pasado obsoleto, rancio, que le impedía mirar hacia adelante y equiparase a Europa (…) Una ácida crítica a la pena de muerte que convive a su vez con aquella destinada la precariedad cotidiana que azotaba el país durante esos años”. Su guionista Rafael Azcona dijo: “Yo reivindico que sí, que es un alegato contra la pena de muerte”, aunque había muchas más cosas: la miseria, las presiones de la boda, las convenciones, etc. ‘La caza’, del oscense Carlos Saura, “ofrece una visión realista y crítica, y se convierte en una auténtica metáfora de las dos Españas que combatieron en la Guerra Civil y cuyo desenlace no puede ser más claro: al final no hay vencedores ni vencidos, solo muertos”, escribe la joven historiadora.

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Una secuencia de una película clave de Carlos Saura: 'La prima Angélica'. / Heraldo.

De Carlos Saura se ha seleccionado otra película: ‘La prima Angélica’, que se estrenó en 1974 cuando el oscense ya era un consagrado. Ana Asión dice que esta película “navega en el tiempo, funde pasado (1936. Guerra Civil) y presente (1973, trardofranquismo) para contar una historia de amor en la que conviven los fantasmas personales con los colectivos”.

El zaragozano José María Forqué había dirigido en 1967 ‘Las que tienen que servir’, con música del turolense Antón García Abril, muy presente en muchas bandas sonoras, una pieza que subrayaba el choque constante entre “la tradición y la modernidad, las viejas costumbres y los nuevos postulados”. Otra película con presencia aragonesa, candidata al Óscar a la mejor película en lengua extranjera, fue ‘Mi querida señorita’, pionera del cambio de sexo y de la burla a la censura, dirigida por Jaime de Armiñán, coescrita y producida por José Luis Borau, que, además tenía un papel.

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Cartel de 'Furtivos' de José Luis Borau. Un drama de Edipo y una metáfora sobre la ausencia de libertad en España. / Heraldo.

Borau dirigió en pleno estertor del franquismo (se estrenó dos meses antes de la muerte de Franco) ‘Furtivos’, una película que tiene algo de “adaptación cinematográfica del mito de Edipo”, que aborda en clave metafórica el símbolo de la madre patria, la claustrofobia, la ausencia de libertad, el peso de la guerra y la sangre. Lo que se denominó el Nuevo Cine Español, que sucedió a los maestros de los años 50, realizó otras películas donde convivían la apertura, la crítica, la ironía y la comedia.

“El tema de mi tesis doctoral es lo que se denominó el cine de la Tercera Vía. Aquí se reivindican las películas más conocidas, ‘El desencanto’ de Jaime Chávarri, las películas de Garci, que hacía un cine más bien del lamento que miraba al pasado, ‘El espíritu de la colmena’ de Víctor Erice o ‘La escopeta nacional’ de García Berlanga, pero también realizo una defensa de cineastas menos conocidos como Roberto Bodegas, Antonio Drove o Jesús Yagüe. Este hubo de cambiar el título de su película ‘Cara al sol que más calienta’ por ‘Casa de citas’ para evitar malentendidos. Y Bodegas es el director de ‘Españolas en París’ (1971), que es una de las películas que más me gustan, igual que ‘Vida conyugal sana’ (1974) o ‘Los nuevos españoles’ (1974), un título que dice muy a las claras sus intenciones”. La lista abarca a otros cineastas como Vicente Escrivá, Eloy de la Iglesia, Angelino Fons,  José Luis García Sánchez, Mariano Ozores, Jorge Grau, Vicente Aranda, Manuel Gutiérrez Aragón, Antonio Mercero, Pedro Lazaga, Jordi Amorós, José Luis Gonzále-Sinde o Paulino Viota.

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Lola Gaos y José Luis Borau en 'Furtivos', donde el director también hacía de actor. / Heraldo.

Hay otras películas que abren camino como ‘Tigres de papel’ (1977) y ‘¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?' (1978) de Fernando Colomo, la citada ‘Ópera prima’ (1980) de Fernando Trueba o un cine tan potente y crítico como el de Pedro Olea, en concreto ‘Un hombre llamado Flor de Otoño’ (1978), “con un impresionante José Sacristán y una escena final que te hace llorar, pero podían sumársele ‘Tormento’ o ‘Pim, pam, pum… fuego’, que no las he incluido”, dice Ana Asión, que prepara un gran estudio sobre el cine de la Tercera Vía, que tuvo en José Luis Dibildos a su gran productor y que ha sido objeto de algún ciclo universitario.

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