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Ocio y Cultura

Elvira Lindo: "El bienestar de los niños empieza por que tengan espíritu crítico"

La escritora gaditana (1962) acaba de publicar ‘30 maneras de quitarse el sombrero’, que presentó el lunes en el palacio de la Aljafería, en Zaragoza.

Elvira Lindo, con su último libro.
Elvira Lindo, con su último libro.
Raquel Labodía

¿Cuál es el nexo de unión de las 29 historias que aparecen en el libro ’30 maneras de quitarse el sombrero’?

Algunos textos han sido publicados, otros no, y tienen algo que ver conmigo, desde un punto de vista literario pero también sentimental, vital, a veces político. Al final, hablo de estas 29 mujeres pero me estoy definiendo también a mí misma por un ejercicio de alumna que soy de todas ellas, como si en algún momento dado me hubieran echado una mano en sentido simbólico.

¿Y el autorretrato del final?

Es una breve historia de mi relación con el humor. No es por hacer balance, es un ejercicio literario que hice para leerlo en un acto público porque siento que tengo cierto poder de seducir al público para llevarlo de un lado al otro, del humor a la melancolía, y quiero hacerlo.

¿Está complicado hacer humor hoy en día en España?

La complicación viene sobre todo cuando se pone la justicia por delante, cuando se lleva a una persona ante el juez por hacer un chiste. Llevar a alguien a los tribunales por ejercer la libertad de expresión es algo irregular en una democracia en la que supuestamente todo el mundo podría decir lo que piensa. Es curioso que hay gente procesada por meterse con las instituciones y, por contra, es muy fácil atacar a individuos concretos. Es una paradoja. Y, así, Vox se queja de que hay poca libertad de expresión y creo que ellos pueden decir lo que quieren sin problema.

Hablando de Vox. ¿Qué lectura hace del resultado electoral en Andalucía?

Creo que poner todo el acento en Vox no es acertado. Habría que analizar si los partidos de izquierda han hecho lo que debían por fidelizar el voto, hay gente que no ha ido a votar o que ha votado a esas opciones.

¿Se siente coartada por las redes sociales?

Yo no trato jamás de ofender a nadie, no es el tipo de humor que practico, pero hay que expresar lo que tú piensas aunque sepas que es un asunto peliagudo que va a tener contestación. Hay que arriesgarse y no puedes amedrentarte por la reacción popular porque eso ahora no lo podemos contener. Eso es una cosa y otra diferente es que te lleven ante un juez por lo que has dicho. Me pagan por decir lo que pienso, no por dejar a la gente contenta.

Pero parece que no hay que salir de lo políticamente correcto.

Sí, hay gente que está muy agresiva, sobre todo en asuntos políticos, pero yo no puedo cambiar este sistema. Creo que las redes sociales acabarán siendo víctimas de sí mismas. Generan una serie de problemas como la manipulación de la opinión de forma que no somos conscientes de que estamos siendo manipulados, aparte de la intromisión en todo lo que ocurre en tu vida.

En el libro se siente muy identificada con Pippi Langstrump, un personaje proscrito en muchos países por ser poco pedagógica.

La literatura no tiene que ser pedagógica, en absoluto. Yo voy mucho a colegios e institutos y en el trato con los alumnos se nota mucho cuáles leen y cuáles no. Quienes leen son más articulados, se expresan mejor, comprenden mejor el humor y disciernen más lo que es verdad y lo que es mentira, por el juego de la ficción. Habría que incidir mucho más en la animación a la lectura, tanto en los colegios como en los padres, pero no sé si estamos dispuestos. Por un lado nos preocupamos mucho por nuestros hijos y por otro lado, en lo fundamental, parece que no estamos atentos. Su bienestar tendría que empezar por enseñarles a razonar, a tener espíritu crítico y por otras cuestiones que te hacen más libre.

¿Este es un libro más atractivo para las mujeres?

No, en absoluto, me gustaría que los hombres se acercaran sin prejuicios hacia este libro que ha escrito una mujer sobre mujeres. A veces los prejuicios provienen de la educación que hemos recibido, por una cuestión cultural. Puede que a los hombres les cueste más que a las mujeres acercarse a la literatura en la que predomina el otro sexo, pero tenemos que hacer todos un esfuerzo.

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