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Ocio y Cultura

Joaquín Melguizo analiza el drama de la ocupación palestina y la mujer islámica

El autor y crítico teatral presenta en Cálamo dos obras: ‘Judá o las cenizas de Roma’ y ‘La noche del destino’.

Joaquín Melguizo alterna la creación teatral con la crítica.
Joaquín Melguizo alterna la creación teatral con la crítica.
Oliver Duch

Joaquín Melguizo es un crítico teatral exigente y meticuloso que ejerce su oficio en HERALDO, un lector entusiasta y curioso y un dramaturgo que busca desarrollar argumentos y crear personajes, de este lunes o de anteeste lunes o de ahora mismo, que le permitan analizar el presente. Si mira al pasado lo hace para establecer paralelismos y referencias, cartografías de interpretación, con el ahora.

Este martes presenta, a las 19.30, en la librería Cálamo de Zaragoza, un nuevo volumen donde recoge dos historias: ‘Judá o las cenizas de Roma’ y ‘La noche del destino’, (Titirilibros. Arbolé). El libro lleva un prólogo del actor y director Alberto Castrillo-Ferrer.

"Si tuviera que definir mi teatro, recurriría a dos nombres: el de Bertolt Brecht, como dramaturgo cuya obra aspira a intervenir y modificar la sociedad, y el de Alfonso Sastre, sobre todo en cuanto a lo que podríamos llamar arquitectura teatral. Él tiene una manera de trabajar que me gusta mucho, que me estimula y que, a veces, con sus juegos escénicos, alberga lo fantástico", dice este licenciado en Historia que, como proclamaba Albert Camus, anhela que su escritura y su mirada exploren las paradojas de nuestro tiempo.

Añade Joaquín Melguizo a modo de poética: "Desde un punto de vista de autor propiamente, lo que me interesan son las historias. Intento crear relatos y argumentos que propongan una reflexión sobre el tiempo que vivimos". Sobre la actualidad y sus incidencias, sobre la sustancia y la circunstancia. Y el mejor ejemplo de su modo de proceder y de su escritura serían estas dos piezas alejadas en tiempo y lugar.

‘Judá o las cenizas de Roma’ transcurre en Roma, entre el 66 y el 70 de nuestra época, bajo el mando del cruel Nerón, primero, y luego de Vespasiano, cuando se vivía un conflicto enorme, dramático, intenso, entre los judíos y Roma. "Ese conflicto de intolerancia y ocupación me sirve para reflexionar sobre un problema de nuestro tiempo: la ocupación, un relato de ocupación que nos lleva a meditar sobre otro conflicto latente, que produce guerras, crímenes, disputas entre gobiernos: la tensión palestino-israelí.

"Esos aspectos me preocupan mucho", insiste. La escritura de Melguizo no es inocente. Curiosamente, ha partido de dos novelas que tienen candor, algunas historias mágicas, una atmósfera de ‘Las mil y una noches’, como son ‘La noche sagrada’ y ‘El niño de arena’, de Tahar ben Jelloun, para escribir la segunda pieza.

De Palestina a la mujer libre

"Me ha interesado de esos dos textos, que cuentan historias, casi fantásticas y a la vez cotidianas, la dimensión de la fábula y me he permitido reflexionar, en un contexto islámico, sobre la situación de la mujer", dice. En este caso se trata de Zahra, que ha vivido la amarga experiencia de la cárcel.

Recuerda Joaquín Melguizo que hay situaciones que no respetan los derechos humanos, pero que hay peripecias particulares, oscuras, que no tienen necesariamente nada que ver con el Islam. "En mi reflexión también recuerdo que en Occidente tampoco somos el modelo universal. Evidentemente hay libertades, mayor dignidad, pero también vivimos situaciones de discriminación, de desigualdad, de violencia, y la pieza también se ocupa de ello". Uno de los personajes dice: "No se puede mentir a un ciego. Se le pueden contar historias, pero él confía más en cómo se dicen las palabras que en lo que las palabras dicen".

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