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Luna Miguel: “El feminismo jamás prohibiría la publicación de 'Lolita' de Nabokov”

La joven poeta debuta en la narrativa con el libro ‘El funeral de Lolita’ (Lumen), que presentó ayer en Cálamo

Luna Miguel ha dado un paso de la poesía a la narrativa con 'El funeral de Lolita' (Lumen).
Luna Miguel ha dado un paso de la poesía a la narrativa con 'El funeral de Lolita' (Lumen).
Oliver Duch

Nacida en Alcalá de Henares en 1990, la poeta debuta en la novela con ‘El funeral de Lolita’ (Lumen), una narración que abunda en secuencias en forma de poema donde explora una relación desigual de amor, sexo y acoso entre un profesor, Roberto, de 39 años, y una joven, Helena, de 15 años. Algunos años después, la joven, crítica de gastronomía, recibe la noticia de que su profesor y pigmalión ha muerto y acude a su entierro. A la vez reconstruye su relación.

No sé si es usted una feminista radical.

Feminista creo que sí, radical ya no. Menos desde que he sido madre y desde que trabajo todos los días en una oficina de la revista digital ‘Playground’. Tenemos más de 900.000 seguidores en Instagram.

Parece lógico pensar que ‘Lolita’ de Nabokov sea su novela favorita.

Soy coleccionista de la novela en varias ediciones, pero mi libro favorito de todos los tiempos es ‘El libro de Monelle’, de Marcel Schwob; de hecho en mis redes sociales he sido durante mucho tiempo Luna Monelle. Con el paso del tiempo he ido construyendo una pequeña biblioteca de nínfulas.

¿Nínfulas? Como al pintor Balthus. El término no figura en el ‘Diccionario’ de la RAE pero se dice, en otros lugares, que “se refiere a una niña o adolescente que no ha alcanzado la edad de consentimiento sexual y resulta muy atractiva sexualmente a los hombres mayores”, y se dice que es sinónimo de una lolita.

Me interesan las nínfulas y los nínfulos, que se mueven entre el candor y la perversidad. ¿Por qué? Sí, desde luego. Empiezas a leer de adolescente, y descubres determinados títulos y sientes hasta cierto vértigo de pensar: “¿Esto me pasará a mí? ¿Me mirarán así los hombres como miran a estas chicas, me desnudarán con la mirada?”. Te lo preguntas, y te dan miedo las respuestas. Todo eso me interesó mucho. Pienso en el Chinaski de Charles Bukowski o en el Holden Caulfield de J. D. Salinger, ellos también sus problemas sí, pero tenían unas vidas más divertidas y especiales, experimentaban cosas. Los personajes femeninos siempre se acaban convirtiendo en objeto de deseo, de violación o muerte, a quienes los otros miran con unos ojos paternalistas y con segundas intenciones. Hablo de ‘Lolita’ y de ‘Las vírgenes suicidas’ de Jefrey Eugenides, dos libros que retrata muy esta angustia adolescente. De eso va esta novela.

Luna Miguel: “El feminismo jamás prohibiría la publicación de Lolita de Nabokov”

¿Por qué ha elegido a una experta en gastronomía?

Porque es algo muy ‘millenial’, está de moda. Y me parecía interesante vincular la gastronomía, la adolescencia y el sexo.

¿Con el feminismo reinante se podría escribir la ‘Lolita’ de Nabokov?

Por supuesto. En primer lugar, ‘Lolita’ ya está escrita, pero si no creo que el movimiento feminista de hoy jamás prohibiría ‘Lolita’. Estoy segura.

¿Ha querido escribir un libro sobre el duelo? Helena, a los 30 años, se entera de que ha muerto aquel profesor, Roberto, que la enamoró a los 15 y decide ir a su entierro.

Creo que sí. Yo había vivido el duelo muy de cerca, con la muerte de mi madre a los 41 años, hace 5 años, y eso apareció en mis poemas. Me interesaba abordarlo cuando muere alguien que es ajeno y ha sido muy cercano a ti. Helena es alguien que ha perdido a muchas personas pero creo que todavía lo ha procesado.

Este es un profesor muy especial: es un pigmalión y es un abusador… ¿no?

Sí, claro. Es un pigmalión porque entra de lleno en el juego que entre los dos acaban creando con las notas que se mandan, las paginas de libros subrayados, los poemas que leen en clase, y que en cierto modo él le dedica… Y bueno, hay esta cosa que les atrae a los dos y es la figura del maestro: “Yo te voy a enseñar lo que es la vida”, parece decirle él. Y lo hace no solo a través de los libros sino del sexo.

Pero, toda la novela es como una reconstrucción de la relación con sus lugares oscuros.

Sí, lo que pasa es que ella se da cuenta, al mirar atrás, de que no era un juego, no se siente cómoda, y por eso acaba convirtiéndose en un abusador. Lo que parecía algo bonito, lo que parecía alimentar la fantasía de ella, no lo era tanto, pero ya es tarde para echar marcha atrás. Aquel fue un despertar extraño.

Ella después de esa relación, no ha sido feliz en el amor.

Esto es una cosa de la que se habla bastante. “¿Cómo enfrentarse al sexo después de haber visto o vivido una violación?”. El trauma sexual de Helena está presente en todas las relaciones que mantiene después. Y la relación que mantiene con su jefe está buscando repetir casi lo mismo, esa sensación de poder enamorar a alguien con más poder que ella, con más experiencia. Helena juega con ello y es peligroso.

¿Por qué lo hace?

Le gusta llegar al límite. Si bebe, bebe hasta el final; si come, lo hace hasta mancharse. Y si habla de sexo o si tiene relaciones, tiene que llegar hasta el final.

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