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¿Quién se esconde tras la máscara de Deadpool?

El español Salva Espín lleva seis años dando forma al superhéroe más irresponsable de Marvel.

Deadpool, el superhéroe más bocazas de Marvel.
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Como un adolescente más, el dibujante Salva Espín (Murcia, 1982) se pasea por el festival Comic-Con de París y contempla orgulloso como los asistentes hacen colas para comprar los libros de Deadpool, el superhéroe más irresponsable de Marvel, al que él lleva seis años dando forma.

Detrás de este mutante de máscara roja y negra, que más que un adinerado altruista es un mercenario antihéroe, se esconde la pluma de Espín, uno de los principales dibujantes del personaje de Wade Winston Wilson, Deadpool una vez que se enfunda el traje.

Creado por el artista Rob Liefeld y el escritor Fabian Nicieza en 1991 y llevado al cine en 2016 y 2018 con el actor Ryan Reynolds, este personaje se ha convertido en menos de 30 años en uno de los favoritos de varias generaciones, pese a ser uno de los últimos en incorporarse a la casa de mutantes como Spiderman, X-Men o Iron Men.

"Lo cierto es que empecé a coleccionar cómics con Deadpool, con la primera serie que salió de él en el 93, cuando tenía unos 11 años", dice Espín en una clase magistral durante esta feria de tebeos y series, en una atestada sala donde algunos seguidores han tenido incluso que quedarse fuera.

Si el Peter Parker de Spiderman conquistó a jóvenes y adultos con su consigna "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad", Deadpool viene a defender lo mismo, pero cambiando la última palabra por "irresponsabilidad".

"Deadpool gusta porque mola mucho. Como fan y como dibujante, creo que tiene una parte humana y sumada a su parte loca hace mucha gracia. Como superhéroe, puedes percibir que es autónomo, un superhéroe "freelance" que se gana la vida como mercenario y, si hay autónomos en la sala, ya sabéis lo difícil que es esto", bromeó.

Deadpool, que adquiere sus poderes tras ser sometido al Arma X, un programa paramilitar del gobierno para curar su cáncer, queda finalmente desfigurado pero gana una fuerza extraordinaria y la capacidad de regenerar partes de su propio cuerpo. Si un malvado le corta un brazo, no hay que preocuparse, volverá a salirle.

Pero, ¿cómo llega un murciano a entrar en el catálogo de dibujantes indispensables de la editorial de cómics más potente del mundo?

"En mi casa siempre había cómics. Mi padre ha sido un gran lector y mi madre, viendo que se me daba bien el dibujo, se preocupaba porque hiciera pintura o clase de dibujo en el centro cultural del pueblo", cuenta Espín en una entrevista.

Tras estudiar Bellas Artes en Valencia, cuyo diploma lamenta que le ha servido "de posavasos" en su carrera profesional pues las empresas "solo se fijan en los portafolios y no en las universidades", con 24 años llegó al Salón del Cómic de Barcelona con su carpeta bajo el brazo, dispuesto a comerse el mundo.

"Tuve la suerte de estar en el momento adecuado en el sitio adecuado. En el Salón del Cómic, hice una entrevista con un editor de Marvel al que le gustaron las páginas en la que narraba historias y al poco empezamos a trabajar", narra.

En 2007 empezó esta colaboración con la que ha dejado su huella en las historias de Hulk, Spiderman, Lobezno o Capitán América, hasta que en 2012 llegó a Deadpool.

"Veíamos que mi estilo daba para hacer tanto cosas dramáticas como humorísticas, el único personaje que aúna eso es Deadpool", cuenta.

Él recibe el guión con la historia y, a partir de ahí, trabaja en el dibujo como "director de actores, de fotografía, de vestuario".

"Me atengo a lo que dice el guión pero también he tenido la oportunidad de diseñar personajes nuevos, como Evil Deadpool, una versión malvada del personaje, hecha con trozos de lo que ha ido dejando por ahí", dice el artista, que en 2017 creó una edición coleccionista dedicada a Murcia con su catedral en portada.

Paseando por Comic-Con, que se celebra en París este fin de semana, varios jóvenes se le acercan con sus dibujos para pedirle consejo, o le preguntan cómo pueden mostrar sus guiones a Marvel para formar parte de este mundo de fantasía.

Además de dibujar, lo que le deja poco tiempo para "pasear, hacerse la comida, jugar a videojuegos y leer otros cómics", Espín centra también su carrera profesional en enseñar a niños y adolescentes, con clases magistrales que ofrece en centros culturales de toda España.

"Son clases para todo el que esté motivado en ser dibujante, pero también para hablar de la creatividad, que hace falta en todos los ámbitos: médicos, abogados ingenieros, cocineros... Es el músculo que tenemos para afrontar los problemas que pueden surgir", opina.

Para esto, dice, nada mejor que el cómic, donde el lector debe imaginar qué pasa entre viñeta y viñeta: "Aunque las películas de ahora sean muy buenas, un puñetazo de Hulk siempre será mejor en la cabeza del lector que en una película".

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