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Un homenaje a Zaragoza, su historia y sus gentes, a través del arte y los cinco sentidos

Inaugurada en el Patio de la Infanta la exposición que recorre los momentos clave de la ciudad. La muestra, según sus comisarios, busca despertar "el sentimiento de orgullo" entre los zaragozanos.

En el centro de la imagen, un retrato de Benedicto XIII  actualmente en fase de estudio y restauración.
En el centro de la imagen, un retrato de Benedicto XIII actualmente en fase de estudio y restauración.
Toni Galán

Sentir orgullo de ser zaragozano. Es lo que busca la muestra ‘Pasión por Zaragoza. El reino de los sentidos’, que se inauguró este jueves en el Patio de la Infanta. Es la tercera y última del ciclo de exposiciones que se han organizado para conmemorar las distintas efemérides de 2018: 1.100 años de la creación de la taifa de Zaragoza, 1.000 de la conversión de Zaragoza en la capital del Reino de Aragón, 800 de la fundación de Casa de Ganaderos, 700 de la creación del arzobispado de Zaragoza, 400 de los estatutos de la Universidad de Zaragoza... Todos estos acontecimientos, claves en la historia de la ciudad, quedan recogidos en ‘Pasión por Zaragoza’, que han comisariado los historiadores Domingo Buesa y Armando Serrano, y que se dirige a los cinco sentidos, y no solo a la vista.

"Cuando empezamos a trabajar en ella –relataba ayer Serrano–, nos preguntamos por qué no diseñarla pensando en que se pudiera escuchar, tocar y ver". Y así lo hicieron. Quien la recorra –permanecerá abierta hasta el 7 de enero del año próximo–, se verá asaltado por todo tipo de sensaciones: hay varios elementos táctiles, Darío Sirerol ha creado aromas para distintos puntos del recorrido y Agustín Serra ha creado paisajes sonoros que envuelven al visitante.

De Roma a la época actual

Pero todo ello, siendo importante, no empaña lo fundamental: si la altura de una exposición se mide por la de sus piezas, ‘Pasión por Zaragoza’ las tiene y muy relevantes. "La hemos diseñado como si fuera una vivienda, no con grandes habitaciones, sino con espacios íntimos, casi como si fueran alcobas –relataba este jueves Domingo Buesa–. Y hemos trabajado teniendo presentes dos cuestiones fundamentales: que había que apostar por los aragoneses, y que cada espacio debía ser una llamada de atención sobre nuestra ciudad. Que el visitante debía terminar el recorrido sintiéndose orgulloso de vivir en Zaragoza y pensando que todos los zaragozanos, juntos, podremos forjar un futuro cada vez mejor".

Un escudo de Zaragoza atribuido a Martín García y realizado sobre tabla a principios del siglo XVI da la bienvenida al visitante. Y a partir de ahí se despliega la exposición. Un espacio recuerda el pasado romano y los orígenes del Cristianismo en la ciudad –se exhibe, por ejemplo, la mitra de San Ramón, o los únicos restos que se conservan de la de San Valero–, para dar paso de inmediato a la sala dedicada a la taifa de Zaragoza. Está presidida por una monumental recreación de la Zaragoza musulmana, en la que han trabajado durante más de un año el arquitecto Javier Peña y el grupo de investigación GIA, de la Universidad de Zaragoza. Una reconstrucción meticulosa y llena de detalles, como que el río Ebro aparece partido, ya que así circulaba entonces a su paso por Zaragoza. El recorrido continúa luego por la Reconquista, dedica un espacio propio a la Casa de Ganaderos, la empresa más antigua de España y la cuarta de Europa –se presentan el documento de su creación, con el único sello en cera que se conserva de Jaime I el Conquistador, y la bellísima talla de la Virgen de la Consolación-. Adentrándose en la creación del arzobispado de Zaragoza, en una pared se exhiben siete bustos relicarios, de los siglos XIII al XVIII, que representan las distintas devociones de la archidiócesis de Zaragoza en 1318. Destacan, también, el cáliz del Compromiso de Caspe, la custodia relicario de los Corporales o una tabla gótica actualmente en estudio (María del Carmen Lacarra) y restauración. La pintura se ‘reaprovechó’en su día, pintando elementos y convirtiendo a Benedicto XIII en San Pedro.

No es la única curiosidad o descubrimiento de la muestra, que plantea continuos guiños y sorpresas. Así, incluye un trozo de cerámica con la representación más antigua del león que simboliza a la ciudad (siglos XIII-XIV), dos tableros de alquerque, juego de mesa parecido a las damas, de época musulmana, o una María Magdalena que ha sido venerada como Isabel de Portugal. "Hemos querido contar, y recuperar, la visión de hombres y mujeres que han dado a Zaragoza un lugar en el mundo", concluía este jueves  Buesa.

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