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Ocio y Cultura

Ibercaja organiza una gran exposición sobre los dos milenios de la ciudad: 'Pasión por Zaragoza'

Se inaugura el jueves y resume los grandes momentos históricos: la taifa, la conquista o el Arzobispado.

Domingo Buesa y Armando Serrano en la sala de los 700 años del Arzobispado de Zaragoza con los bustos de los santos.
Domingo Buesa y Armando Serrano en la sala de los 700 años del Arzobispado de Zaragoza con los bustos de los santos.
José Miguel Marco

"Zaragoza ha tenido una constante histórica: en todas las épocas ha habido una preocupación por la cultura y el pensamiento. Aunque la ciudad ha sido cruel a menudo con sus intelectuales y artistas, siempre ha habido hombres brillantes en todas sus épocas. Ha sido y es una ciudad con historia y con futuro. El creador siempre crea futuro", dice el historiador del arte Domingo Buesa. Armando Serrano, discípulo suyo y estudioso del legado de la ciudad, añade: "Ya en los tiempos de la taifa, cuando los poetas, los músicos, los pensadores eran expulsados o perseguidos en otras ciudades, recalaban aquí. Zaragoza les daba protección y seguridad para seguir trabajando". Ambos son los comisarios de la ambiciosa muestra que se inaugura el jueves próximo en Ibercaja: ‘Pasión por Zaragoza. El reino de los sentidos’.

Es una exposición temática en la que han trabajado durante más de un año, que abarca desde la fundación de la ciudad por César Augusto hasta la Reunión Municipalista en Zaragoza, donde Juan Moneva Puyol hizo una defensa apasionada de Aragón. La muestra tiene de todo: pintura, escultura, cerámica, grabado, documentos y libros, muebles, etc., reproducciones, joyas y varias piezas que apenas se habían visto nunca. Explica Domingo Buesa: "Hemos apostado por la arqueología, que nos suministra piezas increíbles, en las que aparecen el primer león rampante de la ciudad, por ejemplo, y otras que son sumamente sofisticadas", dicen.

Cuatro períodos y sus legados

‘Pasión por Zaragoza’ se ha dividido en cuatro grandes bloques: el año 1018, en los tiempos de Saraqusta o la Zaragoza de la taifa; 1118, la conquista de la ciudad por Alfonso I el Batallador; 1218, la Casa de los Ganaderos, y 1318, que corresponde a los 700 años del origen del Arzobispado de Zaragoza.

En la primera parte, además de jarras, tejidos, cajas y otros enseres vinculados a los juegos ("algo que es una novedad en esta muestra", señalan Buesa y Serrano), hay dos elementos iconográficos importantes: una estampa ideal con Averroes y una reproducción de Zaragoza en tiempos de la taifa. "Es un trabajo que se ha hecho con la Escuela de Arquitectura y con Javier Peña. Es impresionante. Aquí se ven cosas muy curiosas: los reyes vivían en el palacio real, donde está ahora el arzobispado, y la Aljafería era un residencia de recreo. Es de una gran precisión", explican.

En la segunda parte, todo gira en torno al Batallador. Domina el retrato, "clásico y correcto", del monarca de Manuel Aguirre y se reproduce ‘El barranco de la muerte’ de Agustín Salinas, que también está en la Diputación de Zaragoza. El suelo del lienzo se proyecta en el suelo de la sala, que remeda al campo de batalla. Ahí, entre otras cosas, hay un fragmento de cerámica donde se ve el primer león rampante de la ciudad. En la tercera parte puede verse el retrato de Jaime I el Conquistador, una Virgen de la Coronación que regaló el monarca a las Clarisas y una espectacular tabla gótica de San Luis y San Judas. La cuarta sala es quizá una de las más espectaculares porque se ha traído bustos y esculturas, con personalidad, de Santa Úrsula de La Rioja, Santa Orosia de Jaca, San Atilano de Tarazona, Santa Engracia de Zaragoza, Santa Emerenciana de Teruel, San Lorenzo de Huesca y San Ramón de Barbastro. "Además, aquí están las tablas que los Reyes Católicos regalaron a Daroca hacia 1488 y se puede ver la impresionante escultura de los Corporales del siglo XIV", dice Buesa.

Sabores, sonidos, objetos

Hay un espacio dedicado a la Zaragoza visigótica y otro al Pilar, especialmente a una imagen de 1718. Y entre otras aportaciones al discurso general –cuyo hilo conductor se organiza en el suelo– hay grabados de la ciudad, se cuelga un delicado cuadro sobre la creación de la ciudad de Gil Murillo, hecho en Roma, en 1896, y la obra ‘Alegoría de Zaragoza’ del pintor Eduardo Laborda.

"Hemos puesto de subtítulo ‘El reino de los sentidos’ porque esta es una exposición que se ve, pero también que se huele, que se toca, que se escucha. Nada más entrar en cada sala podrán oírse paisajes sonoros vinculados a cada período. Al químico Darío Sirera le hemos mandado algunas descripciones para que él pueda recrear los perfumes. En cada estancia hay una caja con un objeto en su interior que se puede tocar", resume Armando Serrano.

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