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Ocio y Cultura

Jorge Usón: "Ser actor es una militancia y yo me siento siervo del teatro"

Actor, cantante, guionista, psiquiatra... dice que es muy "intérprete de los demás", pero es, ante todo, un hombre próximo y muy vital.

El actor Jorge Usón en Zaragoza
Jorge Usón: "Ser actor es una militancia y yo me siento siervo del teatro"
Aránzazu Navarro

El tiempo pasa rápido junto a un buen conversador, culto, que adora Ontinar del Salz (Zaragoza) y Madrid. Que vive metido en un AVE. Que es cantante, actor, productor, guionista, psiquiatra, admirador del psicoanálisis y mil cosas más, porque Jorge Usón (Zaragoza, 1980) es casi un todo, tan inmenso en sí mismo como su sola presencia en la cafetería de la estación; llenando una pantalla o abarcando el escenario de un teatro. Porque todo se hace pequeño ante su gran personalidad. Dotado de una noble naturalidad para la escena, su cabeza es ágil y versátil, tanto como para salir más que airoso de esa batalla que libró su corazón, su cabeza, su alma, entre dos mundos aparentemente antagónicos: la escena y la Medicina, "pero hoy puedo decir que gracias al psicoanálisis pude dedicarme al teatro. Estudié Medicina porque me gustaba, y me gusta, pero el teatro siempre me ha acompañado. He hecho muchas cosas, pero la vida es eso, muchas cosas a la vez". Dice que su vena artística puede que le venga de su rama materna, porque "cantaron mis abuelos con Labordeta. Eran algo mayores que él, pero del mismo colegio Santo Tomás de Aquino, y además hacían zarzuela en el Teatro Principal". Recuerda su infancia en Ontinar a donde iba toda la familia en vacaciones, los fines de semana, y donde montó su primera obra de teatro con 10 años. Cree, también, que en Aragón "nos haría falta más tejido, una red aragonesa de teatro y también industria audiovisual. Que haya una serie de aquí, que no tengan que irse o trabajar en otras cosas". Hace mucho y de todo y le han premiado por muchos de sus trabajos. Le encanta la música y cuida su voz porque recuerda lo que le decía su abuela, "no grites, que la voz se agota". "Yo me he criado bastante con mis abuelos y me acuerdo mucho de ellos". Y mantiene en su vida y en su trabajo una fuerte disciplina, herencia de quien ha sido un buen estudiante y se ha preparado el MIR, y aún recuerda a proferores del colegio que le abrieron al mundo de la literatura, la poesía, la filosofía. Profesores motivadores para quien se movía en un mundo de ciencias, "y creo que mal enfocado porque me gustaban más las letras" "Es bonito y muy importante aprender, aunque sea por obligación porque la vida te abre etapas y mundos que no tenías previsto. La cultura tiene que sorprender, no hay que leer siempre lo que ya sabes, porque a veces vamos buscando lo que corrobore que sabemos para sentirnos más sabios en vez de ampliar las miras".

Empezó con 14 años en Ontinar.

Y en el colegio Corazonistas en Zaragoza con su grupo de teatro La Mina, haciendo ‘Romeo y Julieta’. Ahí me picó ‘la bicha’, que decía Santiago Meléndez, un querido actor, amigo... murió hace un año. Me mordió el gusanico y ya no he podido dejarlo. El teatro me ha elegido a mi. Siento, como dijo Nuria Espert en los Príncipes de Asturias, que el teatro es un amo muy duro y yo me siento siervo del teatro. Llevo una vida ajetreada. Hay que moverse mucho para ser actor en este país. Mire, nunca suspendí un examen, he sido siempre muy cumplidor, y, como actor, también, es una militancia, soy militante de lo que significa ser actor. Es mi vida y es difícil de compaginar con una pareja, porque me siento un siervo del teatro.

Pero estudió Medicina en Zaragoza (tradición familiar), se hizo psiquiatra, tenía consulta, hacía teatro, era barítono…

Sí, me formé la voz. Uno nunca sabe qué eligir porque va haciendo lo que le gusta, con mucho esfuerzo, eso sí. Vamos haciendo muchas cosas en la vida y no, no sabía que me iba a dedicar a cantar, aunque siempre me encantó. Me puse a hacer muchas cosas, todo lo iba desarrollando artísticamente, y es ahora cuando vivo de ello. A mi se me daba bien estudiar y siempre tuve claro que quería hacer una carrera. La medicina me gustaba y me gusta mucho, era buen estudiante y no era fácil entrar. Tuve buena nota de MIR y elegí Madrid en buena parte por el teatro, y me ha enseñado más a aprender del ser humano el teatro que la psiquiatría

Porque el teatro le obliga analizar mucho los personajes.

A encontrarte con muchas personalidades y representar lo que hace el otro; es encarnar al otro de una manera total.

Cómo lo tomaron en su casa.

Con mucho recelo y con un plus de prevención. Y, bueno, digamos que mis padres ya constataron que soy actor y que me ha ido bien la cosa.

Tiene una naturalidad innata en su trabajo, difícil de lograr tanto en la voz como en la actuación en sí misma.

Uno tira de la fábrica, de lo que te viene congénito, pero luego lo he cultivado mucho. He dado con profesores que han privilegiado esa naturalidad y me han sacado mucho partido, sobre todo, en Madrid, Fernando Piernas que es mi maestro de interpretación, y que tiene algo que se parece mucho al psicoanálisis y que saca lo mejor de tu singularidad. Cultiva la diferencia, eso que nos hace a todos los seres humanos irrepetibles, únicos. He estudiado mucho y he leído mucho, aunque ahora ya no me da para todo porque mi trabajo también conlleva leer guiones y textos.

Es curioso que tenga aptitudes para tres cosas tan distintas como actuar, cantar y ser psiquiatra.

Estamos poco acostumbrados a ello. En Argentina por ejemplo lo están. Es un país que nos saca mucho en muchas cosas, un pueblo muy culto e interesante al que extrañamente me siento muy hermanado porque en mi grupo, ‘Decarneyhueso’, hacemos folclore argentino y en mi casa yo escuchaba a Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui, que son mis grandes inspiradores. Un psicoanalista me dijo que las grandes decisiones uno no sabe cuándo las toma, se toman simplemente. Cuando la vida te pone delante un ultimátum… Yo tenía mucha ansiedad porque no quería ser médico sino actor, pero la medicina también me gustaba y, dentro de la medicina, en la psiquiatría, que no es tan medicina, se me agotaban muchas preguntas, quería saber qué se sabe de cómo se piensa,

Psiquiatras y psicoanalistas intenta ir tanto hasta el final, que nunca se llega.

Ese fue precisamente el desencanto para mi de la psiquiatría, que no profundiza demasiado. Yo pensaba que iba a beber de la filosofía, de las humanidades, pero no, psiquiatría a día de hoy se ha limitado mucho a una cientificación, a una biopolítica farmacológica en muchas ocasiones y se ha quitado de encima preguntas importantes, como quiénes somos, qué hacemos aquí, por qué pensamos así. Y lejos de buscar la singularidad va por la globalidad, la estadística. No creo que los psiquiatras profundicen demasiado

¿Le gusta vivir en Madrid?, puede ser dura.

Me encanta. Decía Ferlosio que nadie viene a quererla. Soy de los que recojo los papeles del suelo porque me gusta que esté limpia. Adoro Madrid y me siento totalmente acogido. Llevo 13 años. Me gusta muchísimo, tanto cuando me ha ido bien, como cuando se me ha dado mal, y es dura, no es ciudad amable, vivir allí tiene sus soledades, pero aún no he visto el techo. Hay un lobby de actores aragoneses.

El lobby maño que dice Miguel Ángel Lamata. A veces nos juntamos. Están Pepe Llorente, Carmen Barrantes, Macipe (director, guionista), Salomé, Nacho Rubio… muchos. Entre nosotros hay algo en común, sin hablar de patriotismo, hay una raíz bien entendida, eso de poder echar una mano sin entrar en nada más. Evolucionar hacia un mundo más solidario parte más de este tipo de apoyos por las raíces que de pedir una sobreidentificación de tus orígenes, de dónde ha venido cada uno, sin el DNI en la boca.

Quería mucho a Santiago Meléndez.

Mucho. Fue un íntimo amigo mío. Él pasó épocas en Málaga y otras en Madrid. Cuando estaba en Madrid estaba en mi casa. Nunca se fue totalmente de Zaragoza porque tenía dos hijas ya mayores y estaba su mujer, que murió hace también unos años. Le hubiera gustado irse porque estaba muy quemado con Zaragoza

Es una ciudad dura para los actores.

Lo que he hecho no hubiera podido hacerlo aquí, pero yo le debo mucho al AVE y nunca he dejado de estar en Zaragoza. Mi compañía ‘Nueve de nueve’ tiene su sede aquí. Nunca nos hemos ido del todo, pero es cierto que si quieres ser actor aquí o te produces también a ti mismo o es muy difícil, a no ser que seas un actor dentro de las cuatro compañías que hay, aunque cada vez más hay emergentes y también más sensibilidad cultural. No soy nada pesimista en ese sentido

¿Recuerda su primera obra?

‘El cumple de Charo’, escrito por nosotros. Era una ejercicio de fin de curso, en 1995 en Ontinar, un grupo de muchas edades, con Mª José Giralt que era la bibliotecaria y el motor cultural del pueblo y sigue ahí. Mantengo contacto estrecho con ella, porque además ella fue la promotora y causante de mi vocación. Luego fue ‘Historia de una escalera’, y ahí empecé a fumar, tonteando con el cigarro, que después que dejarlo. ‘

Trabaja mucho, pero tendrá sus sueños...

A mi me gustaría tocar con mi grupo por Latinoamérica, es un sueño, yo veo que el teatro es inagotable, el hecho con esmero y compromiso, y daría para vivir muchas vidas. Eso y cantar. He estado este verano en Pirineos Sur, y me hace muy feliz poder cantar y canciones algunas nuestras y otras versiones de música de Latinoamérica, y también con un encuentro con poesía, como un cabaré ultramarino. Cuando murió Mercedes Sosa estaba en Argentina haciendo el Cabaré en Buenos Aires y fue… Uno le debe mucho a sus padres y mis padres se ponían ésta música los sábados por la mañana. Ahora escucho de todo y no pasa una semana sin hacerlo con Sosa, Luz Casal o canción brasileña, pero también de hoy, y, por ejemplo, Kase O me parece un maestro.

Usted mira a los ojos, y los ojos hablan sobre la persona, y también sus gestos, cómo se mueve.

Ve cómo destilan los seres humanos. El arte de la entrevista es lo más bonito de la psiquiatría, poder ver entre las rendijas de la charla cómo es la persona, sin hacer demasiadas preguntas, no pecar de curioso, que el otro no se sienta interrogado. Y a la vez uno piensa "esto para que lo pregunta", y estamos pendientes de lo que se espera de nosotros, para darlo o no, y saber eso es la joya de la corona.

Ahora es más fácil, por las redes sociales.

Veo tantas conversaciones de redes sociales, tantas opiniones sobre los demás sin conocerlos... La gente opina por una foto, unos comentarios con una autoridad como si te conocieran de siempre. La tecnología nos proporciona lo que necesitamos para dar opinión, con lo cual la comparecencia de los humanos cada vez más está en peligro. Y no valen los matices.

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