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Ocio y Cultura

Natalio Bayo: “Tardé años en entender la muerte de mi madre”

Épila, 1945. Pintor. Pasó su infancia en Épila, Tudela y Zaragoza. A los 16 años comenzó a trabajar en un taller de joyería, y desde entonces se dedicó a diseñar, dibujar y pintar. Miembro en los años 70 del grupo Azuda 40. Premio Aragón-Goya del Gobierno de Aragón en 2014.

Natalio Bayo, con su hermana, un domingo de verano en Tudela.
Natalio Bayo, con su hermana, un domingo de verano en Tudela.
Heraldo

¿Qué le hizo reír por primera vez?

Las películas de ‘El Gordo y el Flaco’.

¿Y qué le hizo llorar?

La muerte de mi madre. Tardé años en entender su ausencia, me sentí muy solo y abandonado.

¿Qué era en el patio del colegio?

El empollón, me gustaba mucho la historia, quería saberlo todo.

¿Se sentía alguien raro, especial, diferente?

Sí, me sentía privilegiado por el favor y la atención del jesuita Hamsi, que fue el primero que me dijo: «Con el dibujo harás lo que quieras». Y hacerles a los amigos los exámenes de dibujo para que aprobasen, yo estaba exento de ese examen.

¿Recibió algún castigo que le dejara huella?

No, era muy obediente, y disciplinado.

¿Qué es lo que más le gustaba hacer cuando no estudiaba?

Dibujar, leer e ir al cine. Y jugar en la calle con las canicas y la peonza.

¿Tenía algún complejo que le amargara?

No, nunca he tenido complejos.

¿Cuál fue la calle de su infancia?

La calle Frauca en Tudela y su Judería.

¿Qué es lo que más y lo que menos le gustaba de Tudela?

Lo que más el Paseo de invierno, la Mejana y las orillas del río Ebro. Lo que menos, el frío de los inviernos.

¿Cuál es el episodio de su infancia o adolescencia que con más frecuencia vuelve a su memoria?

La ausencia de mi madre, es lo que más marcó mi infancia y adolescencia, nunca volví a ser el mismo.

¿Echa de menos haber hecho algo en su infancia?

No, hice todo lo que un niño podía hacer, tuve una infancia feliz.

¿Tenía mucha conciencia política?

Ninguna, no nos hacían partícipes. Pero notaba la diferencia de clases, tenía amigos que pasaban dificultades y penurias.

¿Qué imagen tenía de Franco?

La que veía en el Nodo, y nunca me gustó. Y su voz atiplada tampoco.

¿Era alguien muy religioso?

Poco, cumplía con las exigencias jesuitas, no quedaba otra….

¿De qué modo le hizo sufrir el sentido del pecado, la sensación de mala conciencia?

No tenía noción de lo que era el pecado hasta que me confesé con motivo de mi primera comunión, por las preguntas que me hacía el confesor.

¿Qué obsesión, fobia o filia forjó en esos años?

Fobia a la confesión. Nunca más me confesé.

¿Vivió algún episodio que retrate el clima moral de la época?

Me llamaba poderosamente la atención que en los cafés solo entraban los hombres, las mujeres se quedaban fuera. Y en la misa, las mujeres dentro y los hombres fuera.

¿Hasta qué punto influía en su conducta el peso del ‘qué dirán’?

Me influía en la medida justa por la educación que recibimos en mi generación, fuimos educados en la dualidad.

¿Cuál fue su primer contacto con la muerte? ¿Pensaba a menudo en ella? ¿Le angustiaba o le provocaba algún tormento?

El día que murió mi madre, yo tenía 10 años. Aunque mi abuela no dejó que la viésemos.

¿Cómo ganó su primer dinero?

Decorando baldosines, que luego los vendían en una sedería. Era la moda de la época. Me daban una propina y me iba al cine a ver un programa doble. Me lo pasaba pipa.

¿Hizo alguna locura o disparate que le haga sentirse especialmente orgulloso?

Hacer pirola en el colegio en el rezo. Nunca me pillaron.

¿Cuál fue la primera estrella de cine que le fascinó?

Ava Gadner en la película ‘Mogambo’, y a día de hoy me sigue fascinando verla.

¿Y la primera chica que, en la vida real, le provocó una emoción inolvidable?

Amparito, era amiga de mi hermana, una chica muy alegre y con una forma de caminar que me gustaba mucho.

¿La primera canción que memorizó?

‘Amor que vienes cantando’, de Carmen Morel y Pepe Blanco.

El cine, el fútbol, los toros y la radio reinaban en esa España. ¿Qué relación tuvo con ellos?

La radio siempre sonaba en casa, y al cine, los domingos. De la radio recuerdo ‘Ustedes son Formidables’, que presentaba Alberto Oliveras, y todos estábamos pendientes de la radio.

¿Qué libros o películas le deslumbraron?

Libros, ‘Los tres Mosqueteros’, ‘El Conde de Montecristo’ y ‘El Perro de Baskerville’. Películas, ‘Nube Blanca’, ‘Raíces Profundas’ y ‘Solo ante el peligro’.

¿Había alguna persona que conociera –que no fuera de su familia– a la que admirara de un modo especial?

El hermano Hamsi, por su bondad y por su pintura. Y sobre todo por su humanidad con todo el mundo.

¿Qué personalidad nacional o internacional fue para usted una referencia poderosa?

Julián Besteiro por lo que contaba mi padre, y la forma como lo contaba, haciendo hincapié en su valor y su integridad.

De todo lo que le enseñaron sus padres, ¿qué es lo que caló con más fuerza?

La honradez, el respeto y la formalidad. Y sobre todo, ver el amor que se tenían, eso nos hacía felices a todos.

¿Cuándo pensó a qué dedicar su vida?

El día que nací.

¿Por qué estudió lo que estudió?

Solo hice bachillerato, al faltar mi madre, la economía familiar cambió, y no pude hacer Bellas Artes como me hubiera gustado. Tuve que empezar a trabajar y ayudar en la economía familiar.

¿Hay algún defecto o debilidad que detectara en su infancia y que no ha superado?

La timidez. No me la quito de encima, tampoco hago demasiados esfuerzos para superarlo.

¿Cuál fue su gran alegría? ¿Y la gran tristeza?

Tristeza, morir mi madre tras una larga enfermedad. Y alegría mi primer premio de pintura, y a partir de ahí, seguir haciendo lo que más me gusta.

Si pudiera viajar en el tiempo y regresar a sus primeros años durante un día, ¿a qué día volvería?

Volvería con mi hermano mayor a coger los caballos sin que lo supiese mi padre para ir durante horas a galopar por la Mejana de Tudela.

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