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Arte

Ha muerto el pintor abstracto Daniel Sahún

Tenía 85 años, había pertenecido al Grupo Zaragoza y formó un tándem impresionante con Juan José Vera.

Actualizada 26/06/2018 a las 12:11
Daniel Sahún, visto por su hijoDaniel Sahún

 

Ha fallecido el pintor Daniel Sahún, a los 85 años. Perteneció al Grupo Zaragoza entre 1933 y 1967 –con Juan José Vera, Hantón González, Ricardo Santamaría y Julia Dorado-, formó un tándem inolvidable y creativo con Vera, Vera & Sahún, y desarrolló un arte abstracto peculiar, grave y lírico, que partió de lo oscuro, de las pesadillas de la Guerra Civil y que fue alcanzando tonos más luminosos, siempre dentro de una línea de investigación y de búsqueda constantes.

Daniel, hijo de padres catalanes que se instalaron en Zaragoza a mediados de los años 20, nació en 1933 en la calle Asalto. No fue a la escuela hasta después de la contienda, hacia 1940. Solía decir que, bajo la sombra de un catolicismo desmesurado, “rezaba a diario”, encontró vías de escape en los tebeos y la literatura de aventuras. Al parecer fue consciente de la decoración en 1949 del cine Dorado, por el grupo Pórtico, y más tarde coincidiría con Santiago Lagunas y trabajaría de delineante en su estudio de arquitectura algunos verano. En 1952 vio una exposición de los ‘noucentistes’ catalanes, Nonell, Rusiñol, Casas y el joven Picasso, y se quedó fascinado. Cada vez le interesaba más el arte y llegaría a ensanchar su autodidactismo hasta entonces con estudios en la Escuela de Artes de Barcelona.

Aprovechó su estancia en el servicio militar, en concreto en la Brigada Obrera y Topográfica del ejército, para perfeccionar sus conocimientos, algo que habían hecho tiempo atrás Fermín Aguayo y a Eloy F. Laguardia, de Pórtico. Ya había entrado en contacto con Lagunas, y aún tuvo otro estímulo que recordaba con vivacidad: el arte escultórico de un retornado Pablo Serrano. Más tarde, vio en la Diputación de Zaragoza una exposición del grupo El Paso, y también era un asiduo de la galería Libros de Víctor Bailo.

Poco después, logró viajar a París. Daniel Sahún, que trabajaba profesionalmente de delineante en una empresa eléctrica, donde se impregnó de todo: de arte, de literatura y ensayo, de danza, de música. Su carrera como tal se inició en una colectiva en 1961, donde presentó varios paisajes y una arpillera. El influjo de Manuel Millares era indiscutible. Sería una arpillera la que llamaría la atención del otro espíritu inquieto como Ricardo Santamaría, que años después redactaría el ‘Manifiesto de Riglos’, y le pediría que se sumase al ‘Grupo Zaragoza’ o ‘Escuela de Zaragoza’, que contó, además, con un mujer: Julia Dorado.

La trayectoria de Daniel Sahún, desde entonces, fue imparable. Era un artista abstracto, expresionista, un artista del drama de existir y de los laberintos de la memoria, un artista del dolor y del juego, que asimiló muy bien las enseñanzas de Pórtico, pero también de otras corrientes españolas, europeas y norteamericanas; jamás negó cuánto le interesó la obra y la libertad de Jackson Pollock. Hizo grabado, investigó en distintos soportes, pintó muchos cuadros, de gran potencia expresiva, con desgarro y emoción, con energía y absoluta sinceridad.

Era impresionante verlo trabajar en su estudio del Camino de las Torres. Pintaba de pie, casi desde arriba, como un poseso, con feroces intuiciones, con sugerencias figurativas a veces, y con un lirismo especial, ebrio de sutilezas, de manchas. Su obra se expuso en Aragón y en España y en diversos lugares del mundo. Manuel Val, por ejemplo, un estudioso de su obra, lo presentó a él y Vera, que eran como hermanos en la emoción, el gesto y en la pintura, en la Casa de España en Utrecht. En 1987, en la Lonja de Zaragoza, el poeta José Antonio Rey del Corral organizó una antológica de ambos. Y entre mayo y julio de 2007, el joven Manuel Sánchez Oms comisarió una gran exposición antológica en el palacio de Sástago, con importantes novedades, entre ellas sus ‘sacos pintados’. 

Casado con Asunción Abad, que fue su compañera constante y la madre de sus dos hijos, Daniel Sahún solía decir: “En mi pintura asoma la tragedia, el eco de la Guerra Civil, de eso no puedo desasirme, pero creo que soy un pintor sincero, vehemente, que busca y busca. Para mí pintar ha sido una de las razones de mi vida y una forma crítica y apasionada de estar en el mundo. La pintura me ha ayudado a vivir”. De inmediato, con una leve sonrisa, se colocaba ante el cuadro. Su hijo Álex Sahún, operador de cámara y fotógrafo, registró en muchas ocasiones su manera de trabajar. Su entusiasmo juvenil. Su peculiar sentido del humor. Era un hombre culto y afectuoso que sorprendía todas las navidades a un amplio puñado de amigos con una de obras: podían ser técnicas mixtas, acuarelas, óleos en pequeño formato. Fue, esencialmente, un hombre cálido y afectuoso con una gran personalidad.

El entierro será el miércoles 27, a las 12.15, en la capilla 2.





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