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Ocio y Cultura

“Antonio Saura no pasará nunca de moda”

Julián García Hernández publica una biografía del pintor oscense del grupo El Paso, 'El muro de la vida'

Actualizada 03/06/2018 a las 20:40
Julián García Hernández, biógrafo de Saura, además de arquitecto y pintor.Rafael Gobantes.

El pasado 31 de mayo, Julián García Hernández, pintor y arquitecto, presentaba en Huesca un trabajo titánico: 'Antonio Saura. El muro de la vida', una mirada global y minuciosa sobre la vida y la obra del pintor oscense que formó parte del grupo El Paso y que pintó grandes murales, entre ellos 'Elegía', en la Diputación de Huesca.

¿Por qué una biografía de Antonio Saura (1930-1998)?

En 2006 se estaba celebrando una exposición sobre Antonio Saura en una galería de arte barcelonesa. Circunstancialmente pasé por delante, me llamó la atención y, disponiendo de un rato libre, me decidí a entrar. La impresión resultó fuerte. Se trataba de una muestra en la que podían verse piezas de diversas épocas y sobre diversos formatos. Recuerdo de memoria alguna ‘Crucifixión’, varios retratos, ‘Damas’ y un ‘Cocktail party’; en fin, lo que luego sabría que formaba parte de sus habituales trabajos sobre series temáticas. Al salir de la muestra, impresionado por una pintura que me resultó irracionalmente muy atractiva, y con tiempo todavía suficiente, fui a la Casa del Libro pensando en comprar una biografía sobre Antonio.

Sospecho que no la encontró...

La búsqueda en el ordenador de la tienda daba como resultado la aparición de catálogos y escritos (todo por supuesto, por encargo), pero nada parecido a unas memorias o una biografía. Estando seguro de que tarde o temprano la encontraría, dando por hecho que debía de existir, no quise darle mayor importancia pensando que la hallaría en alguna otra librería. Regresé una vez más a ver la exposición antes de su clausura habiendo leído algunas cosas ya. Cosas que empezaron a suscitar verdaderamente en mí la curiosidad por completar un relato que empezó a resultarme muy interesante. Las biografías someras de los catálogos reseñaban hitos vitales, como es natural, abriendo sin embargo entre ellos las cuestiones que hacían que no pudiesen ser hilvanados de una forma satisfactoria. Antonio pasaba de estar en cama varios años, gravemente enfermo de tuberculosis desde 1943 y casi hasta 1947, a fundar el grupo El Paso, exponer con éxito en la Bienal de Venecia de 1958 o en la Galería de Pierre Matisse de Nueva York en 1961.

“Antonio Saura no pasará nunca de moda”

Quiso saber, claro, ¿qué había sucedido por el camino?

Decía José Ortega y Gasset, a propósito de su biografía sobre Velázquez, que la terna que cualquier biografía no debiese dejar de diseccionar se correspondía con “vocación, circunstancia y azar”. Qué y cuánto de todo ello hay en una persona hasta el hecho de conformar su vida.

Vamos que ya estaba usted poseído por Antonio Saura...

En mi caso, las primeras dudas y curiosidades quedaron inscritas de manera más modesta en “qué y cómo”. Qué hizo de un niño enfermo uno de los pintores más importantes de la vanguardia española de la segunda mitad de siglo XX y, naturalmente, cómo lo hizo. Decidí, mientras me animaba a realizar búsquedas de sus catálogos y fragmentarias lecturas de lo que iba encontrando, a tomar notas en paralelo con la intención de poder ser yo, finalmente, lector de mi propio libro. Lejos estaba la intención de publicarlo ni de capitalizar su redacción en forma de tesis doctoral o estudio académico de cualquier naturaleza. Ser lector del libro que había querido leer, ni más ni menos. Sin prisa por construir un relato que no estaba esperando nadie, editorialmente hablando, fui hilvanando durante casi cinco años la biografía sobre Antonio. Me detuve cuando consideré oportuno para localizar y entrevistar a quien episódicamente pensaba que podía resultarme de interés, consiguiendo así añadir a la búsqueda bibliográfica y a la consulta de hemerotecas, los tres pilares sobre los que construir el relato.

“Antonio Saura no pasará nunca de moda”

¿Cómo fueron las pesquisas, la relación con sus amigos? ¿Le aleccionaron, le previnieron?

Escribiendo el libro tuve ocasión de conocer y tratar a gente extraordinaria: amigos de Antonio, familiares, compañeros de profesión y galeristas. Aproveché para viajar a Zaragoza, Madrid y Cuenca, consiguiendo disfrutar del viaje de la redacción del libro tanto o más que del premio de su lectura final. Los consejos de muchos de ellos hicieron que me decidiese, tras darles a leer el manuscrito final, a intentar publicar el resultado de mi trabajo.

Y ahí apareció el sello Memoria Artium, ¿no?

Es una editorial que aglutina las publicaciones de siete universidades públicas catalanas, y el interés que mostró por mi libro resultó una alegría no exenta de matices. Sus publicaciones incluían un índice onomástico que yo, por tratarse de un manuscrito sin pretensiones, no había realizado. Tuve que leer de nuevo al manuscrito varias veces para reseñar los casi mil quinientos nombres que en él aparecen. Junto a esta tarea, debí también preocuparme de realizar otra que tampoco hice en su momento: reseñar las citas conforme a una bibliografía final. Solucionado todo esto, el libro entró finalmente en fase de correcciones hasta conseguir lo que hoy en día ya puede encontrarse felizmente en las librerías, el libro que presentamos el pasado jueves en Huesca.

¿Qué le atrae del personaje, del artista?

Si bien es cierto que, en un primer momento, desconocía por completo al personaje que había detrás de los cuadros y que mi primer interés fue simplemente por su pintura, la curiosidad por saber más acerca de él, no tardó en aparecer. En muchas ocasiones nos encontramos con pintores que, bien sea por su estilo o bien por los temas que tratan, se nos presentan como artistas de tipo más “floral”.

"La de Antonio Saura es una pintura llena de aquello que el propio Saura definía como la 'belleza convulsa'".

Concrete…

La pintura de Antonio Saura, como la de Tàpies o Manolo Millares, traspasa a todas luces una frontera que va más allá del buen gusto o del divertimento pictórico. Es una pintura llena de aquello que el propio Saura definía como la “belleza convulsa”. Una pintura que, más allá de códigos estéticos asumidos y aceptados socialmente, atraviesa territorios que todavía hoy, para mucha gente, resultan espinosos y hasta desagradables. Me atrajo especialmente la energía de su pintura, la fuerza de los trazos (ahí está esa bestia llamada Brigitte Bardot que vive en Cuenca), ese trazo vivo que, de nuevo en la biografía sobre Velázquez definió Ortega y Gasset: “Ver bien un cuadro es verlo haciéndose, es un perpetuo estarse haciendo, dotarlo de reviviscencia actualizándonos la biografía del autor.” Su astucia, su cultura y su capacidad de ser, tal como él mismo decía, un buen observador de cuanto le rodeaba, hizo de Saura un pintor muy culto, capaz de metabolizar en beneficio de su pintura cualquier cosa que potencialmente pudiera resultar interesante.

¿Veía Antonio Saura lo que no vemos los demás?

Ja, ja, ja. Tal vez lo que más me atraiga de él es esa gran capacidad de “saber ver”, de mirar con intención, sin prisa, de analizar para finalmente incorporar a su trabajo lo que de lo visto le resultaba útil. Supo incorporar a su trazo enérgico y veloz, las composiciones más sencillas y minimalistas de las grandes obras maestras para establecer mediante la adición de los dos elementos, una nueva y extraordinaria relación. La composición del ‘Perro de Goya’ es muy sencilla como lo es el retrato de Felipe II, un sudario o la imagen de un crucificado.

A mí siempre me impactó su enfermedad y su voracidad para estudiar, para aprender, para quemar etapas en plena dolencia...

Su larga enfermedad en cama le dio la oportunidad de ser espectador de la vida antes que actor de ella misma. Cultivó durante aquello años una gran afición por la lectura que le ayudó a evadirse del obligado encierro de su habitación. Todo aquel poso acumulado con la cadencia que obliga estar en cama fuese tal vez el que luego desencadenaría una pintura veloz.

¿Cómo convivieron el escritor y el pintor?

Antonio siempre decía que el lienzo era un campo de batalla y en este aspecto, la escritura también lo fue para él en muchas ocasiones. Escribió desde muy joven, siempre en paralelo a su actividad como pintor, cosa que le valió una discusión con Eugenio D’Ors al enterarse de que éste había dicho: “Vaya, con que ahora resulta que Antonio también tiene pluma…”. A sus primeros escritos teóricos, el más famoso de ellos la “letanía pictórico-poética” que tituló ‘Programio’ a modo de proyecto de vida surrealista, firmado con veinte años, añadió, siempre que consideró oportuno, textos para defender lo que creyó justo en cada momento.

“Antonio Saura no pasará nunca de moda”

Ha dejado varios textos muy distintos, sobre todo muy brillantes los de pintura.

Escribió sobre pintura y sobre pintores, realizando semblanzas cuando fallecía un amigo o referente artístico, y preparando textos para exposiciones de compañeros. Escribió sobre reformas museísticas cuando creyó que debía hacerlo, exponiendo sus argumentos con la misma contundencia con la que pintaba. Escribió sobre patrimonio cuando, por ejemplo, vio con pena la decadencia del casco antiguo de Cuenca. No quiso pertenecer a la órbita de pintores del “pintar y callar” y siempre que lo consideró oportuno dejó por escrito sus puntos de vista sobre la actualidad artística del momento. Indignado profundamente por la instrumentalización política que se hizo ya en democracia a propósito del regreso a España del 'Guernica', escribió su “Libelo” para defenderlo poéticamente. Sus textos, recopilados por su editor y amigo Hans Meinke, están por suerte hoy disponibles en cuatro volúmenes publicados por Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg.

Ahora está muy de moda la ilustración. Él ilustró a muchos clásicos: ‘La familia de Pascual Duarte’ de Cela, El Quijote, ‘Pinocho’ de Collodi, etc.

Junto a ellos, y también apoyado por su editor, Antonio no quiso dejar pasar la ocasión de dedicar una faceta importante de su trabajo a ilustrar algunos clásicos de la literatura, consiguiendo así hacer converger sus dos pasiones. De hecho, tal como dijo respondiendo al “cuestionario Proust” que le formuló el periodista Lluís Permanyer, de no haber sido pintor le hubiese gustado ser editor de libros o matador de toros.

“Antonio Saura no pasará nunca de moda”

¿Qué lugar ocupa hoy en el mundo del arte?

Saura ocupa hoy en el mundo del arte un lugar destacado, especialmente por cuanto tuvo de valor su periodo de pertenencia al grupo El Paso. Sin embargo, para bien o para mal, su pintura, como la de Manolo Millares, sigue resultando muy inaccesible para una gran parte del público que se enfrenta a ellas con la misma incertidumbre que hace 60 años. A pesar de que no se puede escribir un libro sobre las vanguardias artísticas españolas sin mencionar a Antonio Saura, tuve la desagradable decepción de conocer a un licenciado en Historia del Arte que no había oído hablar nunca de él “aunque sí de su hermano”. Saura no pasará nunca de moda porque su pintura está construida sin artificios. Decía José Bergamín en su ensayo sobre el toreo ‘Arte de Birlibirloque’: “La rapidez, la ligereza, no son prisa ni precipitación: son todo lo contrario: cálculo, meditada, preparada, decidida resolución de vuelo, de salto, de inteligencia”. Ahí vive la obra de Antonio Saura.

 

 





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