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Ocio y Cultura

Un bronce en Botorrita y "medio saco" de piezas metálicas

Uno de los cascos celtibéricos que se vendió en subasta en la sala Hermann Historica.
Uno de los cascos celtibéricos que se vendió en subasta en la sala Hermann Historica.

La pregunta más jugosa de la primera jornada del juicio por el caso de los cascos de Aranda de Moncayo llegó este lunes al final de la mañana, con los micrófonos cerrados y cuando todos se levantaban de sus asientos. Se la formuló el fiscal, José Ruiz, al abogado defensor de los dos acusados, José María Viladés: "Pero... ¿el casco es auténtico o no?".

Y es que Viladés, en un gesto que este lunes se intuyó escénico pero que hoy deberá cobrar valor procesal, pidió permiso al magistrado para incorporar al juicio oral varias pruebas, entre ellas, nada y más y nada menos que un casco. Completo, aparentemente antiguo y en nada distinto a simple vista de los que han enseñoreado las páginas de los catálogos de Hermann Historica, la casa alemana que los ha subastado en los últimos años. Aunque tanto el fiscal como las acusaciones particulares alegaron en contra, el tribunal consideró oportuna su utilización, y Viladés sacó el casco de un talego rojo y lo colocó junto a él en un soporte metálico. Para que le fuera haciendo compañía.

El gesto tiene su busilis porque el asunto de los cascos lleva 30 años rondando por casas de subastas, anticuarios, consejerías, coleccionistas, fiscalías, cuarteles y museos, y en España no hay todavía ninguna institución que exponga uno de ese tipo. Así, de repente, apareció este lunes uno, tal como aquellos cuya pérdida se llora, y fue como si no pasara nada. Habrá que ver en la sesión de este martes qué papel le toca desempeñar.

Y como si no pasara nada, también, a lo largo de la mañana quedó patente lo mucho que ha sufrido el patrimonio arqueológico aragonés en las últimas décadas. Y lo hizo básicamente a través de dos frases que tampoco despertaron especial interés, quizá porque tenían poca relación, o ninguna, con lo que se juzgaba. En un momento dado, Ricardo Granada contó que parte de lo que le incautaron en su casa (piezas incompletas, fragmentos metálicos) lo había adquirido en la plaza de San Francisco.

Hace bastantes años se compraba y vendía arqueología en el citado mercadillo dominical, pero no se tenía noticia de la medida volumétrica que se empleaba para ese tipo de piezas incompletas y menores: Ricardo Granada contó que acudía allí a comprar "un medio saco o dos medios sacos. Estaba todo roto pero confiaba en encontrar algo que pudiera tener arreglo".

Mariano Ostalé, por su parte, contó que en torno a 1981 un grupo de detectoristas aficionados se dirigió al Museo de Zaragoza ofreciéndole colaboración (e incluso la cesión de sus colecciones) pero que el entonces director, Miguel Beltrán, la rechazó. Y contó algo más: que fue él, y no la ciencia oficial, quien encontró el Bronce de Botorrita (en realidad, la ‘Tabula Contrebiensis’ o Bronce II, el primer pleito de aguas en el valle del Ebro) y lo entregó a las autoridades.

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