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El libro viejo revive con el mundo digital

La Feria del Libro Antiguo de Zaragoza registra, en sus primeras horas, una gran afluencia de público y los libreros destacan el auge del papel frente a los formatos digitales

Octavio de Diego y su padre, José María, con el libro 'Antigüedades peruanas', una joya de arqueología que se vende por 4.900 euros.
Octavio de Diego y su padre, José María, con el libro 'Antigüedades peruanas', una joya de arqueología que se vende por 4.900 euros.
Guillermo Mestre

Contra lo que piensa mucha gente, las nuevas tecnologías y, particularmente el ‘ebook’, no están desplazando los ejemplares de papel. Por el contrario, los lectores aprecian cada vez más el regusto de la lectura en los libros tradicionales, el olor de la tinta, el tacto y la textura de las páginas. En eso coinciden los libreros de viejo que, desde el pasado viernes y en el marco de la XIV Feria del Libro Antiguo y Viejo de Zaragoza, ofrecen en la docena de casetas instaladas en la plaza de Aragón libros de las más variadas temáticas, además de otras piezas de coleccionismo: tebeos, fotografías, mapas, planos, grabados y un largo etcétera.

Entre los libreros hay optimismo, a tenor cómo han transcurrido las primeras horas de esta convocatoria, a la que siguen viniendo desde hace años porque «es una plaza interesante y sale a cuenta desplazarse», según Miguel Sanz, titular de la librería valenciana El Cárabo.

Ayer por la mañana, y a pesar del ambiente fresco propiciado por el viento, eran numerosos los aficionados a estos libros que se zambullían en la abundante oferta de estilos y formatos. Pablo Parra, propietario de Epopeya y presidente del gremio de libreros de viejo, aseguraba que, los primeros días, son muchos los coleccionistas que llegan en busca de rarezas y joyas bibliográficas. Conforme pasen las jornadas, el tipo de cliente irá cambiando y serán más habituales los compradores «en busca de un libro que leyeron en la infancia o adolescencia y que perdieron en una mudanza, o que le leían cuando eran niños o que les falta para completar una colección: una espinita literaria clavada en la memoria», en palabras de Nacho Asín, de la librería zaragozana Luces de Bohemia.

El hecho de que este año la feria coincida con la Semana Santa eleva las perspectivas de los libreros, pues aunque es seguro que muchos zaragozanos se irán de vacaciones, «llegarán otros muchos turistas de otras regiones que se sentirán atraídos por libros sobre temáticas de sus lugares de procedencia», según Octavio de Diego, de la librería zaragozana Epopeya.

La feria se inauguró el viernes con Guillermo Fatás como pregonero y está instalada hasta el 8 de abril en horario de 11.00 a 14.00 y de 17.00 a 21.00. Hay librerías de Pamplona, Madrid, Valencia y Aragón; son Prólogo, Luces de Bohemia, Libros del Rescate, Maestro Gozalbo, García Prieto, Epopeya, Asilo del Libro, Altosal, Libros con Historia, El Cárabo, Hallazgo y Russafa.

Retazos de vidas atrapados entre usadas páginas

El libro viejo revive con el mundo digital

Néstor Romeral consiguió ayer uno de los dos libros que andaba buscando. Foto de Guillermo Mestre.

Néstor Romeral, un ingeniero jubilado zaragozano, cumplió ayer el sueño de encontrar uno de los dos libros que andaba buscando en todas las casetas de la Feria del Libro Antiguo y Viejo de Zaragoza. Se trata de ‘La maravillosa vida de los animales’, de la Editorial Labor, cuya primera edición se publicó en 1942. El que halló ayer en la caseta de la librería Epopeya es de la ‘cuarta reimpresión’, que se efectuó en 1960. Los libreros de esta caseta le dijeron que es posible que tengan en sus almacenes el otro tomo de la colección que anda buscando, ‘La maravillosa vida de las plantas’. El que consiguió ayer está en muy buen estado y le costó siete euros. Ambos libros le faltan para completar dicha colección y, según señaló, se los robaron y ahora los necesita para dejárselos a su nieta, a la que le va trasmitiendo los conocimientos que él mismo adquirió en estos tomos, algunas de cuyas páginas se las sabe de memoria.

Su satisfacción era patente cuando se hizo con el libro de los animales. Esta venta le recordó al librero José María de Diego una anécdota de un cliente que, años atrás, encontró en su caseta el libro que andaba buscando y que, al examinarlo detenidamente, resultó ser el suyo propio, que habría perdido en alguna mudanza o que debió quedarse en casa de sus padres. Volver a tener aquel ejemplar entre sus manos le hizo emocionarse tanto que se le saltaron las lágrimas.

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