Ocio y Cultura

Aránzazu Navarro expone sus mejores retratos

Son quince piezas de inspiración clásica de actrices y actores, deportistas, pintoras y bailarinas que se muestran en Ámbito Cultural.

Aránzazu Navarro, una vasca de Baracaldo afincada desde niña en Zaragoza, ante algunas de sus piezas.
Toni Galán

Aránzazu Navarro (Baracaldo, 1978) entiende la foto como un desafío. Especialmente el retrato. Este jueves, en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, en Zaragoza, inauguraba su muestra ‘Retratos’ con quince piezas que ha publicado en los últimos años en HERALDO, donde es colaboradora. Son quince fotos cuidadosamente elegidas que muestran su inspiración de aroma clásico y su fina percepción del instante decisivo en la captura de un rostro.

"Al principio, tras estudiar en la Escuela de Fotografía de Huesca y asistir a los cursos de la galería Spectrum de Julio Álvarez, descubrí la foto artística, clásica. Me deslumbró un desnudo de Edward Weston por su forma de componer, las líneas, el ambiente y su sentido de la plasticidad. Luego, vi otros maestros que me han interesado mucho: Irving Penn, Cartier-Bresson, que es una maravilla, compone como casi nadie, y descubrí también el fotoperiodismo o la foto social de la mano de Dorothea Lange, quien, de entrada, no me gustaba mucho, pero poco a poco fui descubriendo sus valores, su sensibilidad y su energía", dice.

Mirar, sentir y aprender

Recuerda que desde que trabaja en prensa ha aprendido mucho de todos ellos, y de sus compañeros de profesión (alude a José Miguel Marco, Oliver Duch y Guillermo Mestre de HERALDO) y de otros fotógrafos: cita a Helmut Newton, maestro del desnudo más o menos procaz con mujeres de exuberancia carnal, Cristina García Rodero, Isabel Muñoz, "que capta como nadie el sentido del ritmo en el baile, la sensualidad de los cuerpos y el movimiento", o Juan Manuel Díaz Burgos. "Me encanta este artista: sus fotos de playa, las de temática espiritual, las de Cuba. Yo no sería capaz de hacer esas fotos: ¡esos culos, esa luz, ese modo de operar!". Agrega otra referencia: "Me gustó mucho la fotografía de la película ‘De tu ventana a la mía’, de Paula Ortiz. El responsable es Miguel Amoedo. Me interesa mucho su obra".

Para Aránzazu Navarro cada foto es una aventura. "Desde luego. Me pregunto qué me encontraré, cuál será el escenario, que suele elegir el compañero periodista, qué paisaje me tocará; luego, está la luz, cómo es: dura, tamizada, si posee magia o no. Y por último, está la respuesta del entrevistado: su actitud, su entrega, su respuesta", explica.

Aránzazu dice que "busca el equilibrio en la imagen, un equilibrio que revele un poco al menos, en tan breve espacio de tiempo, de los rasgos de sus retratados. Busco su esencia". Aquí retrata a la actriz Michelle Jenner, que dio vida a Isabel de Aragón y protagonizó ‘Nuestros amantes’ de Miguel Ángel Lamata; a las pintoras Louisa Holecz, Julia Dorado o Eva Armisén; al pintor, ingeniero, viajero y melómano Santiago Ríos. Retrata al actor Arturo Fernández, con una curiosa actitud casi ecuménica en las manos, y también fotografía a dos deportistas que se iluminan, de noche, con la linterna de su móvil, y a la bailarina Manuela Adamo, y a dos ceramistas…

El aura y la cercanía

"Todas las fotos tienen su relato. ¿Manuela Adamo? La vi, y me encantaron sus movimientos, su belleza física, el aura que transmite. Elegí la luz, un fondo exento y disparé. Ella no necesitaba más. No quería elementos que distrajesen su encanto. ¿Michelle Jenner? Fue un placer conocerla. Es agradable y cercana. La cámara la adora. Teníamos solo dos minutos. Sobre fondo liso, le hice el retrato. Es tan poderosa su mirada que le he dejado espacio a la izquierda para que respire la foto y mirada el observador", recuerda.

En la foto del pintor Santiago Ríos se refleja la experiencia de sus viajes, las cosas que conforman su universo, ese barroquismo vivido que se despliega en las paredes y en los objetos. "En el caso de Louisa Holecz me gustaron el estudio, su obra, su suavidad. Julia Dorado es increíble. Trabajan en lugares especiales, con energía, hechizados, donde te sientes cómoda", dice. Avanza algo más: "También retrato a un fotógrafo aragonés, de nombre internacional, como Diego Ibarra, que se dedica al fotoperiodismo. Elegimos los dos el mismo lugar y una luz especial. No le quise apuntar a los ojos, que son escrutadores e intensos, sino que hice su perfil. Me gusta".

Ha elegido un tamaño folio, intermedio, para sus fotos, porque así surge "un diálogo de intimidad con quien mira".

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