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Ocio y Cultura

Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes presentarán los Goyas con su humor chanante y escatológico

Los cómicos, que se suman a la larga lista de conductores de la gala, prometen "mucho feminismo y poca política".

El busto de Goya mira a Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes, presentadores de los Goya el sábado.
El busto de Goya mira a Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes, presentadores de los Goya el sábado.
E. Naranjo/Efe

No pagan especialmente bien, son en riguroso directo y el público acostumbra a hacer sangre de tu labor. Ser presentador de los Goya no es ningún chollo. Que se lo digan a Dani Rovira, que tras las críticas en redes sociales el segundo año que conducía los Premios de la Academia concluyó que "no merecía la pena". Después rectificó y, a pesar de los trolls, volvió en la última edición, que se saldó con una bajada de audiencia (23% de share, con 3,6 millones de espectadores).

Los ‘chanantes’ Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla tomarán el testigo este sábado en unos galardones que han buscado desesperadamente a su mejor presentador a lo largo de 32 años de historia.

La primera edición en un lejano 1987 se celebró en el desaparecido cine Lope de Vega en la Gran Vía de Madrid y tuvo como maestro de ceremonias al actor Fernando Rey. Acudieron los Reyes y duró 120 minutos. El gran triunfador de la noche, Fernando Fernán Gómez, dio plantón. Ni siquiera -confesó- vio la gala por televisión. A cambio, presentó la segunda edición con esa particular manera suya de articular retranca y erudición.

Cuando los Goya se convirtieron en un espectáculo televisivo, la elección del presentador se convirtió en un elemento crucial. Imanol Arias asumió el reto en un par de ocasiones. También se ha ensayado la fórmula de parejas de actores con toda clase de combinaciones: Verónica Forqué y Javier Gurruchaga, Carmen Maura y Juanjo Puigcorbé, María Barranco y José Coronado, Concha Velasco y Antonio Resines, Cayetana Guillén Cuervo y Diego Luna... ¿Alguien se acuerda de José Corbacho y su humor bestia en 2007 y 2008?

Presentar los Goya exige presencia escénica, rapidez de reflejos, capacidad de improvisación e ironía para reírse de unos premios que no pueden, por razones obvias, imitar a los Oscar. Existe consenso en admitir que Rosa María Sardà cumplió con creces todos estos requisitos. Condujo la gala en tres ocasiones, 1994, 1999 y 2002, y en dos de ellas se llevó el Goya como actriz de reparto. En su primera edición, nada más salir a escena en un número preparado se le cayeron los folios del guion. Era toda una declaración de principios: los Goya debían dejarse de encorsetamientos y no tomarse demasiado en serio a sí mismos.

El ‘No a la guerra’

Eva Hache fue una digna sucesora de la Sardà en 2012 y 2013, aunque sin su clase y saber estar. Los humoristas tomaron el relevo de los actores, de El Gran Wyoming a Andreu Buenafuente, que tiene el honor de encabezar las ceremonias con mayor audiencia de la historia: más de cuatro millones de espectadores en 2010.

Los Goya con más repercusión por motivos extracinematográficos fueron los de 2003. Sus presentadores, Alberto San Juan y Willy Toledo -por entonces en el grupo de teatro Animalario-, convirtieron la ceremonia en un mitin por el ‘No a la guerra’. Aquel ataque al Gobierno de Aznar se saldó con la animadversión al cine español de amplios sectores de la sociedad española durante más de una década.

El cetro de peor conductor se lo disputarían Antonia San Juan y Manel Fuentes. La primera disfrutaba del bombazo de ‘Todo sobre mi madre’ y estaba nominada como actriz revelación por el memorable personaje de la Agrado. Pero cuando Ana Fernández le arrebató el premio por ‘Solas’, la intérprete canaria quedó descolocada el resto de la gala. "Me derrumbé", reconoció después.

Reyes y Sevilla prometen "mucho feminismo y poca política". La sátira política o de actualidad nunca ha estado en la agenda de los ‘chanantes’. Lo suyo es el humor manchego-surrealista y enlazar referencias cultas y burlas a los iconos pop con barbaridades escatológicas.

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