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Ocio y Cultura

Pablo J. Rico, comisario de arte: "En arte, solo mirar lejos te salva de la catástrofe"

Nacido en Zaragoza en 1955, dirigió el Museo Pablo Gargallo y la Fundación Miró, ha vivido en México, y regresa a Zaragoza a su puesto de funcionario.

Pablo J. Rico vuelve a casa un cuarto de siglo después.
Pablo J. Rico, comisario de arte: "En arte, solo mirar lejos te salva de la catástrofe"
José Miguel Marco

Vuelve a casa 25 años después. ¿Qué significa reencontrarse con Zaragoza?

Extrañas sensaciones y sentimientos. Ha sido media vida trabajando en el mundo del arte, que es el mío, por medio mundo, valga la redundancia. He hecho más de 300 exposiciones en 22 países. Regreso no solo para jubilarme en unos pocos años sino también para morir aquí, es un decir, ojalá dentro de mucho tiempo. He elegido voluntariamente regresar a mi tierra y cerrar un círculo virtuoso personal y profesional.

¿Qué ha hecho y qué sensaciones le ha dado la ciudad?

Caminar, caminar y caminar hasta cinco horas al día. Recorrer la ciudad con los ojos de plato y recordar sin melancolía. También reencontrarme con viejos amigos (literalmente, viejos de aspecto todavía juvenil)... La ciudad ha cambiado mucho, para bien. Es una ciudad más amable. Paseable. Más cálida pese al frío que hace...

Se le ha visto en el Museo Pablo Gargallo, donde fue director. ¿Qué se le pasó por la cabeza?

Pasé allí unos años muy intensos y felices. Quise entrar de corrido y, por supuesto, el conserje me paró en seco y preguntó dónde iba. Fue un acto inconsciente, automático. Caí del guindo en un santiamén...

¿Cómo ha sido su trabajo con las artistas Yoko Ono, Marina Abramovic, Rebecca Horn?

¡Qué decir! Tener la amistad y las complicidades de tres de las artistas más grandes e influyentes del arte contemporáneo es un privilegio al alcance de muy pocos. Cada una es muy distinta. Sus procesos de trabajo también.

Volvió en 2000, creo recordar, con Yoko Ono. ¿Es uno de sus mejores recuerdos?

Regresar a Zaragoza de la mano de Yoko Ono es un lujo, se mire como se mire. Fue una gran exposición, de las más completas de Yoko Ono, una de las grandes del arte contemporáneo. Tiene tan buenos recuerdos que me ha pedido que hable con las autoridades de Zaragoza y Aragón: quiere donar una gran instalación permanente aquí. Para mí sería una enorme satisfacción hacer posible su deseo en mi tierra.

Ha estado en México mucho tiempo. ¿Con quién trabajó allí?

Más de nueve años felices e intensos. He comisariado pocas exposiciones pero muy grandes. Acaso la más compleja fue los Parra-Gironella, una macroexposición de tres generaciones de artistas mexicanos unidos. Y a Valerie Campos, una joven artista mexicana muy brillante con una carrera ya internacional. Pero sobre todo me he dedicado a escribir, he publicado seis libros, a dar conferencias y seminarios, y a cultivar el arte de la vida...

¿Quién es Valerie Campos? ¿Qué vínculo tendría con Goya?

Me fascinó su voluntad de arte y su inventiva, su frescura para ensamblar asuntos goyescos, por ejemplo, con estampas de mangas japoneses e imágenes de ingenuo-perverso erotismo. Parecía la hermana menor de los Chapman... Debería estar una temporada en la tierra de Goya.

¿Qué ha aprendido, qué le ha enseñado el mundo del arte?

Todo... y no es una exageración. Creo firmemente que arte es igual a vida y vida es igual a arte. Toda mi vida he intentado ser digno de este mundo de artistas y locos por el arte.

¿Qué relación tiene con la actriz Jessica Lange, ahora fotógrafa?

La conocí en Oaxaca hace unos años. Estaba haciendo fotos con su mítica Leica m6 de un proyecto del que yo era su curador, ‘Matria’, una antigua casona porfiriana en la que creamos una especie de territorio ´"arterapéutico" con huerto colectivo y todo. Me pidió fotografiar las instalaciones la víspera del Día de Muertos; se trataba de un gigantesco altar de muertos en un palacio en ruinas... Es una de las mujeres más fascinantes que conozco y una gran fotógrafa de México.

¿Interesa el arte en la crisis?

El arte siempre es puro optimismo. Los objetos y las prácticas artísticas son en realidad prótesis ópticas. Y optimismo tiene la misma raíz que óptico. En arte no se puede ser pesimista, eso hay que dejarlo para el resto de la vida. En arte, solo mirar lejos te salva de la catástrofe.

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