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El documental 'sueco-aragonés' que dio la vuelta a España a través de sus cantautores

Francisco Uriz comandó en 1977 a un equipo televisivo que filmó a La Bullonera, Labordeta, Laboa, Sánchez Ferlosio, Menese o Raimon

Francisco Uriz, en la antigua sala de actos del Casino Mercantil de Zaragoza.
Francisco Uriz, en la antigua sala de actos del Casino Mercantil de Zaragoza.
Guillermo Mestre

El currículo vital y profesional de Francisco Uriz (Zaragoza, 1932) es tan extenso como intenso. Licenciado en Derecho, dos veces Premio Nacional de Traducción por su ingente labor con los autores escandinavos, amigo de Olof Palme, con una relación muy cercana con Pablo Neruda, Gabriel García Márquez y Julio Cortázar, poeta fértil y prolífico, residente durante media vida en Estocolmo... No es casual que sus memorias ocupen dos volúmenes ya editados y tal vez pudieran aumentar con alguno más.

A sus 85 años, rezuma vitalidad y combina junto a su esposa Marina Torres los amables inviernos y primaveras zaragozanas con los refrescantes veranos y otoños de la capital sueca.

Precisamente, en este 2017 se cumplen 40 años de un fructífero viaje que Uriz efectuó comandando un equipo de la televisión pública sueca SVT para confeccionar un documental sobre algunos de los cantautores que lucharon con sus composiciones y con su actitud contra la dictadura franquista. Una excepcional obra de 60 minutos de duración que trasciende a su inmenso valor musical para tornarse en una afilada crónica social y política de aquella España todavía aturdida por cuatro oscuras décadas.

Titulado ‘Da gryr morgonens timme’ (amanece el mañana), durante una hora se suceden interpretaciones de La Bullonera, José Antonio Labordeta, Mikel Laboa, Chicho Sánchez Ferlosio, José Menese, Rosa León y Raimon, trufadas con imágenes captadas, entre otras localizaciones, en Zaidín (Huesca), Belchite y Zaragoza.

«Tras la muerte de Franco, propuse la idea a Inger Etzler, productora del ente sueco. La temática española, especialmente la Guerra Civil y el franquismo, interesaba mucho en Suecia. Presentamos a los jefes un guión y una escaleta del proyecto y nos dieron el visto bueno con un presupuesto ridículo. En ocho días teníamos que ir a Madrid, País Vasco, Aragón y Barcelona», rememora el zaragozano. Junto a Etzler y Uriz, aterrizaron en Barajas Ulf Simonsson (cámara), Tommy Kraft (técnico de sonido) y Kjell Rehnstrom (electricista).

Devoraron una semana de frenético trabajo, recorriendo la Península por polvorientas carreteras nacionales y comarcales. «No paramos ni un minuto. Ni los suecos ni yo mirábamos el reloj. Todos éramos conscientes de que estábamos haciendo algo bonito y especial», relata Uriz.

Aragón, presente

Aragón ocupa un papel preeminente en el metraje. De hecho, arranca y concluye en el mismo escenario: en un abarrotado salón de actos del antiguo Casino Mercantil –hoy sede central de Bantierra– de Zaragoza. Los acordes del ‘Canto a la libertad’ a cargo de José Antonio Labordeta prenden la mecha de la emoción desde el primer segundo y La Bullonera es la encargada de cerrar la cinta a golpe de «Hemos dicho basta, nada en este mundo nos va a parar» ante un público joven y entregado.

Igualmente impactante resulta la actuación de Labordeta en una concurridísima plaza de Zaidín ante una audiencia heterogénea –desde niños a ancianos– y expectante. Antes de interpretar ‘Aragón’, proclama: «Lo que hacemos es intentar redescubrir un folklore que es aragonés y que está perdido». Los aplausos y los rostros ilusionados de la gente provocan admiración.

En similar gradación en la escala de Richter emocional aparecen los cantos y los pensamientos de Mikel Laboa (su espeluznante ‘Gernika’ en este documental fue utilizado por Julio Médem en ‘La pelota vasca’), Chicho Sánchez Ferlosio (‘Gallo rojo, gallo negro’ y ‘Canción de Grimau’ son todavía hoy himnos en Suecia), Raimon en un incendiado Cine Maragall y del cantaor José Menese en el Pozo del Tío Raimundo.

«El resultado es fantástico, mucho más visto con la perspectiva de 40 años. Tuvimos la suerte de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado y de contar con la inmensa generosidad de todos los grandes artistas participantes. Y la fortuna de captar un momento muy concreto de la historia española, con gente joven y no tan joven ilusionada. Estoy muy satisfecho de cómo quedó. Cumplió con la función de mostrar al público sueco a personas que luchaban por la libertad», remacha Uriz.

Una obra que merecería su difusión en España, donde jamás ha sido emitido.

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