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Notas costumbristas (12)

El asesinato de Lucas Cepero

El marido de la amante del fotógrafo zaragozano lo mató de un disparo en los años veinte. Y fue absuelto. 

Actualizada 10/11/2017 a las 12:24
Anuncio del fotógrafo Lucas Cepero.

No hay como leer viejas revistas zaragozanas. En una de ellas, El Matraco, subtitulada “Ciencia-Literatura-Arte-Política y… Guasa Viva”, cuyo primer número se publicó el 3 de abril de 1921, y en la que colaboraron escritores y periodistas como Jenaro Poza, Gregorio García-Arista, Pablo Parellada o Pedro Galán, uno de sus anuncios publicitarios llamó mi atención: era el del fotógrafo Lucas Cepero, que tenía su estudio en la planta baja del nº 44 de la calle Don Jaime I,  y que ofrecía como regalo de los retratos de Primera Comunión “una magnífica ampliación”.

He comprado en el rastro retratos de Cepero y, sobre todo, leí en su día con atención y aprovechamiento un extraordinario artículo que el investigador de la Agencia Aragonesa para la Investigación y el Desarrollo (ARAID), José Antonio Hernández Latas, publicó en la revista Rolde sobre nuestro fotógrafo. En él se nos cuenta, entre otras muchas cosas que llamarán la atención del lector, su trágica muerte la tarde del 12 de noviembre de 1924, que ya Antón Castro había contado, ficcionada y en forma de relato, en su libro Vivir del aire. Cepero, fotógrafo de Heraldo de Aragón, natural de Monegrillo y de 43 años de edad, como se encargó de precisar Hernández Latas, fue asesinado de un disparo, en la antigua calle del Peso, hoy Blasón Aragonés, junto a la Plaza de Sas, por Francisco Calvo Lezcano. La mujer de éste, Pilar Larpa Maluenda, de 24 años de edad, mantenía relaciones extraconyugales con Cepero y ésta fue la razón por la que el marido ultrajado decidió asesinar de un disparo al fotógrafo.

Hernández Latas ha estudiado la “Ejecutoria de la causa sobre homicidio contra Francisco Calvo Lezcano” en la que se contiene la sentencia firme del juicio, y por increíble que parezca el asesino fue absuelto. Sería decisivo en ello que lo defendiera un abogado muy influyente en la ciudad, el que fuera alcalde de Zaragoza Emilio Laguna Azorín, que convenció al juez de que Calvo Lezcano habría obrado en legítima defensa y para defender su honor. Así se hacía justicia en España en los años veinte.

Notas costumbristas / José Luis Melero





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