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Ocio y Cultura

El Festival de San Sebastián se rinde a la mejor televisión

'La peste', de Alberto Rodríguez, es la primera serie en la sección oficial, un fresco veraz y complejo de la Sevilla del siglo XVI.

Alberto Rodríguez es sevillano. Y desconocía que en el siglo XVI el 10% de la población fuera negra. O que se vendieran esclavos en las escalinatas de la catedral. O que si alguien quería desaparecer por unos días pagaba por entrar en la cárcel, donde prestaban sus servicios prostitutas. La capital andaluza era la puerta de América, una nueva Roma donde hacer fortuna o escaparse al Nuevo Mundo. En 'La peste', el director de 'La isla mínima' y 'El hombre de las mil caras' sumerge al espectador en una Sevilla caótica, mugrienta y despiadada. Y lo hace en una serie de televisión, la primera que se incluye en la sección oficial del Festival de San Sebastián, fuera de concurso.

'La peste' es el mayor esfuerzo de producción de la televisión española en toda su historia. Movistar se ha gastado 10 millones de euros en seis episodios que sus abonados disfrutarán en enero de 2018. El Zinemaldia mostró ayer los dos primeros seguidos, de cincuenta minutos cada uno. Como si fuera una película, con su alfombra roja, sus críticas y su rueda de prensa. "Lo de que el cine es bueno y la televisión es mala se ha desdibujado", apuntó Paco León, uno de sus protagonistas. Tiene razón. 'La peste' deslumbra por su acabado formal y la complejidad de su narración.

Ninguna película española costará tanto este año como este "paseo veraz" por la Sevilla del XVI, tal como la define Rodríguez. "Queríamos fijarnos en las pequeñas historias que no aparecen en ninguna parte. Sentir la vida de la ciudad, como si estuviéramos allí". La paleta de colores de Caravaggio inspira la fotografía de una obra que respeta la luz de la época. Hay escenas iluminadas con un par de velas, nada que ver con las series españolas al uso.

Paco León, borrando su acento andaluz con gracejo, es uno de los protagonistas de este drama coral, donde ricos, buscavidas y niños de la calle se mezclan en un fresco que Rodríguez ha rodado, jura, con absoluta libertad. La huella de su estilo permanece en una narración que no da todo mascado al espectador. El propio realizador todavía no la ha visto en pantalla grande. "Yo espero que el cine no desaparezca nunca, porque en una sala es donde más disfruto", reconoció, a sabiendas de que habrá quien vea su peliculón de 300 minutos en un móvil. "Me parece muy raro, pero la gente lo hace. Es como beber un buen vino en un vaso de plástico".

'La peste' no solo alude en su título a la enfermedad que asola los barrios pobres de Sevilla y de la que los ricos y poderosos, como ocurre en todas las épocas, sacarán tajada. "En Sevilla se movía mucho dinero, económicamente era la ciudad más importante de Occidente. Llegaba la plata y el oro y fluctuaba el precio en Asia". De aquella época de gloria de la ciudad perviven los templos y un cierto espíritu que Rodríguez detecta en sus vecinos. "Ese carácter que tiene el sevillano de que esto es lo mejor del mundo quizá se deba a que una vez lo fue".

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