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“Para Buñuel, México supone la oportunidad de reinventarse”

El calandino realizó 32 películas a lo largo de su vida, de las cuales 21 fueron producciones mexicanas.

El próximo 29 de julio se cumplen 34 años del fallecimiento de Luis Buñuel, cineasta nacido en Calanda (Teruel) y fallecido en Ciudad de México en 1983. Sin embargo, sería este país, en el que su figura sigue muy presente en la actualidad, el que permitiría al aragonés empezar de cero en el terreno del Séptimo Arte como explica Mario Barro, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y uno de los grandes conocedores sobre su obra cinematográfica.

Quienes conocen su trayectoria, coinciden en que el calandino, culpable de una de las obras emblema del cine surrealista, ‘Un perro andaluz’ (‘Un Chien Andalou’, Francia, 1929), dejó una huella difícil de borrar por más que pase el tiempo, como demuestra la existencia del Festival Internacional Buñuel-Calanda, que desde hace 13 años revive la figura del calandino y buena parte de su obra, así como la de aquellos que se han dejado cautivar por su particular visión del mundo.

“Buñuel llega a México en 1946 tras 10 años intentando hacer carrera en Hollywood sin demasiada suerte. Por aquel entonces tan solo había dirigido tres películas, ‘Un perro andaluz’ (Francia, 1929), ‘La Edad de Oro’ (Francia, 1930), y ‘Las Hurdes, tierra sin pan’, (España, 1933); apenas 120 minutos de lo que luego sería su carrera como director”, asegura Barro.

Finalmente, su producción se detendría en el año 64 con el mediometraje ‘Simón del Desierto’, dejando una colección de 32 obras, de las cuales 21 fueron producciones mexicanas -16 íntegras y 5 en forma de coproducción con otros países-. Sin embargo, aun habiendo puesto fin a su carrera como director, “Buñuel siguió vinculado con esa industria apoyando a nuevos directores”, afirma el experto.

El hecho de llegar en los años 40, cuando México contaba con una industria cinematográfica bastante desarrollada para la época, supuso un impulso muy importante para su trayectoria profesional: “para Buñuel, que llega al país a los 46 años, México supone la oportunidad de empezar de cero y de reinventarse, una tarea nada fácil”.

“Supone volver a dirigir, y ya con intención de llegar a un público masivo en una línea más cercana al cine como entretenimiento y teniendo en cuenta la explotación”, añade Barro. Incluso el propio director hacía alusión a estas cintas con el nombre de “películas alimenticias”.

Precisamente sobre este y otros secretos de la etapa mexicana del cineasta hablará en la conferencia ‘Vanguardia cinematográfica en México: Antes y después de Buñuel’, que tendrá lugar el lunes, 31 de julio, a las 11.20 en la Sala polivalente del Centro Buñuel Calanda (CBC) en un acto enmarcado en la agenda de actividades de la decimotercera edición del Festival Internacional Buñuel-Calanda que se desarrollará en la localidad turolense del 29 de julio al 5 de agosto.

Además, Barro ha pasado una semana en el municipio del Bajo Aragón realizando un taller de cine con jóvenes de entre 8 y 13 años que han tenido la oportunidad de desarrollar sus propios cortometrajes surrealistas. El resultado será la creación de cuatro piezas que llevan el nombre de ‘Calanda, te quiero’, y que cuentan con los mismos escenarios que verían despertar la creatividad del director de cine turolense.

Reviviendo a Buñuel

Como recogen ciertos documentos del Archivo Buñuel, el cineasta nacido el 22 de febrero de 1900, desde muy joven mostró un precoz interés por el mundo del arte y, en concreto, del cine. “Gracias a sus diarios tenemos constancia de que desde niño ya contaba historias, tenía un teatrillo con sus amigos así como acceso a una linterna mágica debido a que pertenecía a una familia acomodada”, asegura Barro, quien además ha sido el encargado de coordinar la publicación del último número de la revista Turia dedicada a Buñuel.

En opinión del investigador, tener la oportunidad de pasear por los lugares que habitó y conocer aquel entorno que lo vio crecer y desarrollarse como cineasta es todo un lujo, ya que visitar Calanda es reconocer al autor de una manera más íntima. “Es un personaje al que he estudiado tanto que, aunque no lo conocí, siento que venir a Calanda es estar cerca de él de una manera más íntima que a través de lo académico”, explica Barro.

Sobre todo, el investigador destaca el cariño y la admiración de los calandinos y del resto de aragoneses hacia la figura de Buñuel y la importancia de socializar el conocimiento: “una de las cosas que explico en la revista Turia es lo bonito que es que haya tanta gente estudiándolo y la importancia de compartir estos conocimientos ya que el de la investigación es un terreno muy árido y solitario”.

Por eso, asegura que el hecho de que haya “un festival de cine en su pueblo natal es la cosa más lógica del mundo y es importante que se mantenga”, concluye el experto, destacando la importante labor llevada a cabo por parte del Ayuntamiento de Calanda, de la organización del festival y del Patronato del Centro Buñuel Calanda (CBC).

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