Despliega el menú
Ocio y Cultura

Dalí. El surrealista que lució su bigote en Zaragoza y oyó jota en el Capri

El pintor catalán se acercó a la capital del Ebro, tras regresar de Nueva York y Washington, en mayo de 1956, en compañía de Gala, que conducía un impresionante Cadillac de color negro.

El pintor y su bigote. Dalí fue un excéntrico. En Zaragoza confesó su amor a la ciudad y, ¡quién lo habría dicho!, a la «extraordi-naria» jota.
El pintor y su bigote. Dalí fue un excéntrico. En Zaragoza confesó su amor a la ciudad y, ¡quién lo habría dicho!, a la «extraordi-naria» jota.

Salvador Dalí (1904-1989) fue, durante años, el gran amigo de Luis Buñuel. Juntos, con la ayuda de las intuiciones y los carnuzos de Pepín Bello, concibieron ‘Un perro andaluz’ (1929). Con el paso del tiempo, Dalí y Buñuel se volvieron enemigos. O indiferentes el uno al otro. Si Buñuel pasó muchos veranos en Cadaqués, y aprendió a odiar a Gala como nadie, Dalí estuvo muy cerca del domicilio zaragozano del cineasta y dormiría, el 15 de mayo de 1956, en el Gran Hotel, el lugar que frecuentaba Buñuel cada vez que venía a Zaragoza, a partir de los años 60. El pintor surrealista vino a la capital del cierzo –o "capital del desierto", como la acaba de llamar en su novela Jorge Sanz Barajas– en esa fecha, tras volver de Nueva York y de Washington, donde había exhibido un cuadro, ‘El sacramento de la cena’, que vieron alrededor de 10.000 personas.

Una noche de jota en el Capri

El periodista y fotógrafo de HERALDO Marcial Buj ‘Chas’ –objeto de un libro espléndido de Eduardo Laborda– se enteró, gracias a su amigo Manuel del Arco (autor de ‘Dalí al desnudo’), que Dalí pasaba por Zaragoza y lo abordó por la mañana en el hall del hotel. El día anterior, según contó este diario en su portada, "su paso por la calles despertó la curiosidad de la gente, que lo reconoció rápidamente por su famoso e inconfundible bigote, más largo y aparatoso que nunca". Buj esperó una hora y contó con la complicidad de un botones, que le dijo que viajaba con su esposa Gala y un amigo, Gonzalo Serraclara. Apareció el pintor, con un fino bigote que parecía un pincel, "metidito en carnes", con abrigo de solapa de terciopelo y bastón, y Buj le dijo: "¿Me concede una interviú relámpago?". "Encantado", respondió.

Dalí estuvo ingenioso. Le dijo al reportero y dibujante: "Zaragoza –le aseguro que no lo digo por halagar– es una de las ciudades más sólidas y realistas del mundo. Así como su paisaje. Eugenio Montes dijo: “Aragón, tú eres como un Egipto porque elevas pirámides a la muerte”. Zaragoza es piramidal, sólida, eterna".

El autor de ‘El enigma sin fin’ le reveló a Buj que le gustaba la jota. "La jota es extraordinaria. Ya la conocía. Me gusta tanto que anoche me fui a Capri para escucharla de nuevo en un festival de ‘Rutas Turísticas’". De la música pasaron al arte y Dalí le recordó que no se cambiaría por ningún pintor actual; del pasado eligió a Rafael de Urbino, "que es quien más se acerca a los ángeles". Dijo que no se arrepentía de nada y que no envidiaba a Pablo Picasso. Y en ese instante pasó de entrevistado a entrevistador. "Por cierto, ¿sabe usted donde se encuentra un pueblecito aragonés que se llama Huerta del Ebro? Picasso pintó allí y me gustaría conocerlo", quiso saber. Buj se pregunta si se estaría refiriendo, en realidad, a Huerta del Vero, en Barbastro; no a Horta de San Juan?(Tarragona), donde pintó el cuadro cubista ‘Las señoritas de Avinyó’. Luego se enfrascaron a hablar del bigote. ¿Pintaría igual sin él? Dalí dijo:"Cualquier modificación en mi persona lo cambiaría todo y más si me quitase el bigote que es el símbolo truculento de la personalidad humana. Cuanto más largas las guías más intensa la personalidad", añadió.

Se fue a buscar a su mujer, Gala. Regresaría luego y posó para Miguel Marín Chivite, jefe de fotografía de HERALDO. Poco después Gala se paró en la puerta con un Cadillac negro. La escena llamó la atención. Y entonces, "un grupo de chicas desde el balcón de la Sección Femenina han reconocido los bigotes del pintor y bajan apresuradas a la calle para pedirle autógrafos". El otrora raro Dalí transigió feliz y firmó todo lo que se le pidió. El coche se perdió por Marina Moreno, hoy Paseo de la Constitución, en dirección a Compostela, donde iba "a buscar inspiración".

Que se sepa, Salvador Dalí no volvió más a Zaragoza. En 1966, expuso una colección de grabados originales en Kalos. Y en 1977, el sacerdote y periodista Juan Antonio Gracia propuso que Dalí pintase una cúpula del Pilar. El Cabildo, tan intransigente como en tiempos de Goya, no lo aceptó. Ni en 1979. Ni cuando Jorge Gay fue elegido ya en los 90 por HERALDO. Pintar en el Pilar tiene algo de maldición.

Etiquetas
Comentarios