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Viajar a 'Los dominios de Venus'

El escritor Mauro Armiño presenta una antología con algunas de las mejores novelas eróticas de los siglos XVIII y XIX.

Viajar a 'Los dominios de Venus'
Viajar a 'Los dominios de Venus'

Sostiene Mauro Armiño, responsable de la edición de 'Los dominios de Venus', una antología con algunas de las mejores novelas eróticas de los siglos XVIII y XIX, que los límites entre erotismo y pornografía son tan difusos como personales, una frontera de trazo débil sobre la que han "corrido ríos de tinta".

"Si los límites entre obscenidad, libertinaje y erotismo son difusos, los que existen -asegura- entre este último y la siguiente etiqueta, pornografía, lo son más todavía".

Mauro Armiño, escritor, periodista, crítico teatral y traductor, reflexiona así en el prólogo de esta invitación a viajar a los dominios de Venus, a los placeres de la carne, que tiene forma de libro. Un volumen editado por Siruela y que, por encima de cualquier otra consideración, contiene literatura grande, "literatura de verdad".

De ahí que Armiño eluda la comparación de cualquiera de los ocho títulos seleccionados por él para la antología con ese fenómeno planetario y mediático que, dos siglos después, ha supuesto la trilogía "Cincuenta sombras de Grey", de la autora británica E.L. James, que el márquetin editorial llegó a calificar como "porno para mamás".

"No estoy al tanto -comenta Mauro Armiño en una entrevista- de las 'Sombras de Grey', más allá de la repercusión popular que ha tenido y los comentarios que he oído. Hablamos de la difusión de una obra de tipo popular frente a unas novelas que no tenían una difusión popular, ya que se editaban para una minoría aristocrática que las leían bajo cuerda".

La antología es continuación de otro libro de su autoría, "Cuentos y relatos libertinos", con el marqués de Sade y Voltaire como invitados estelares, editado hace cuatro años también por Siruela con relatos que ya anticipaban la novela de alto voltaje erótico y altísima calidad literaria.

Hasta entonces, relata Mauro Armiño, "había habido ramalazos, no novela erótica propiamente dicha. No se había llegado todavía a la literatura en sexo vivo. No se había entrado en materia, en la descripción de la relación sexual amorosa".

"El portero de los cartujos", de Gervaise de Latouche, todo un "best-seller" en su momento, con una tirada de dos mil ejemplares, importante para la época, abre la antología, una pasarela de "prácticas sexuales tan profusa como desacomplejada".

Esta novela que cuenta "la desenfrenada obscenidad ambientada en un medio conventual" fue leída con "pasión" por la realeza y la aristocracia. Incluso por una parte del clero, como prueba el hecho de que más de mil ejemplares fueran encontrados en el palacio de Versalles, junto a la capilla, escondidos en el cuarto del confesor real.

"Teresa filósofa", otra joya literaria, en este caso de Boyer D'Argens, un hombre ilustrado que nunca confesó su autoría, de la que el marqués de Sade da cuenta en su "Historia de Juliette", figura también en este homenaje a Venus. Un libro, según Armiño, "inmoral, pero también un radical canto al epicureísmo y a la impiedad".

De la escritura inglesa del XVIII, Mauro Armiño ha seleccionado "Fanny Hill", de John Cleland, libro prohibido durante más de cien años y que llevó a su autor a la cárcel.

En él se recrea un ambiente de "celestinazgo y prostitución a base de colores cálidos", por el que se mueve a sus anchas una mujer "con conciencia de víctima pero no de pecado". "Es la alegría de vivir, no el dinero lo que subyace" en el corazón de esta "mujer de placer".

"El libertino de calidad", del conde de Mirabeau, Honoré Gabriel Riqueti, seleccionada también, supone el primer "retrato narrativo" sobre la prostitución masculina del que se tiene constancia, mientras que en "Gamiani, dos noches de pasión", de Alfred de Musset, una práctica soterrada entonces como era el lesbianismo se erige en protagonista de la historia.

Completan la selección antológica "Carta a la Presidenta", de Théophile Gautier; "La Venus de las pieles", una novela del austríaco Leopold Sacher-Mascoh, en la que la sexualidad "dará un paso más", el masoquismo; y "La mujer y el pelele", de Pierre Louÿs, que aborda prácticas sadomasoquistas en el mismo ambiente de la Sevilla que acogió a Carmen, la cigarrera de Prosper Merimée.

La selección antológica llega hasta comienzos del XX porque más allá, sostiene Mauro Armiño, "el erotismo cambia radicalmente, vulgarizándose". "Las novelas que a partir de entonces pasan por eróticas -asegura- son una vulgaridad, porque no van más allá de siete posturas y cuatro situaciones, que se repiten constantemente, una tras otra".

Y mientras franceses, ingleses y otros ciudadanos europeos disfrutaban de lecturas licenciosas, profusa y explícitamente ilustradas, lo que convierte a esas novelas en auténticas joyas bibliográficas, en España "una sola Iglesia y una Inquisición férrea" lo hacían imposible. "Lo que no quiere decir que luego la gente hiciera en la calle lo que podía", apostilla Mauro Armiño.

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