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Libro

La caza de brujas en Huesca desde el siglo XV, en un libro

Narra una treintena de historias protagonizadas por mujeres con nombres propios que fueron víctimas de la superstición.

Efe. Huesca Actualizada 27/12/2013 a las 13:03
1 Comentarios

La persecución y cacería de mujeres identificadas como brujas, los oscuros procesos a los que se enfrentaron y el horror de sus ajusticiamientos en la horca o en la hoguera salpican las hojas de 'La mala semilla', un libro que se adentra en un capítulo negro de la historia de Huesca que comenzó en el siglo XV.

Escrito por el investigador oscense Carlos Garcés y publicado por Tropo Editores, el libro no está concebido como un documento meramente científico y ampliamente documentado, sino como una amena narración de una treintena de historias protagonizadas por mujeres con nombres propios que fueron víctimas de la superstición.

Forman parte de esta historia casos como el de las cuatro mujeres torturadas y quemadas en Monzón en 1532 (una de ellas señalada como bruja por su propio hijo de 9 años, que aseguró haber visto a su madre en contacto carnal con el diablo); el de Gracia Cañardo, ajusticiada en Huesca en 1575 tras ser acusada de arruinar campos y rebaños; o el de la terrible matanza de 24 supuestas brujas en la aldea pirenaica de Laspaúles en 1592.

En total, en la provincia de Huesca fueron ahorcadas o quemadas en la hoguera alrededor de 120 mujeres entre 1461 y 1645, aunque Carlos Garcés se centra en 31 casos sobre los que existen datos y testimonios documentales.

Para acentuar el dramatismo de estas historias, el investigador ha optado por dejar hablar a sus protagonistas y que sea el lector quien escuche las palabras con las que trataron de defenderse las mujeres acusadas de brujería y las que pronunciaron acusadores y testigos.

Palabras recogidas en las actas documentales que el autor del libro ha sacado de los archivos y que sitúan al lector en el mismo escenario siniestro en el que se llevaron a cabo unos procesos sin garantía alguna para las acusadas.

El libro se convierte así en un viaje en el tiempo a una época en que la mujer era considerada como semilla de maldad y que ha permitido comprobar al investigador que Aragón, al igual que Cataluña, fueron las zonas del país donde se persiguió con mayor intensidad y fiereza a las brujas.

Opinión que, según reconoce el propio autor, choca con la creencia de que en el País Vasco y Navarra, con procesos como el de Zugarramurdi, fueron los territorios de España donde se produjeron un mayor número de persecuciones y ajusticiamientos.

En la práctica totalidad de los casos narrados por Garcés, las protagonistas son mujeres normales que ejercían como sanadoras o curanderas y que en un momento dado se convertían en "chivos expiatorios" de todo lo malo que ocurría, tanto de muertes inesperadas como de destrucción de cosechas.

Uno de los aspectos que destaca el investigador es que el noventa por ciento de los procesos llevados a cabo en Aragón contra brujas fueron abiertos por concejos municipales y no por la Inquisición, que se limitaba en ocasiones a requerir prueba documental de los juicios.

Garcés atribuye esta situación a la capacidad de gobierno que tenían Aragón y Cataluña debido a sus fueros, lo que debilitaba a la Inquisición en ambos territorios frente a las instituciones propias.

Las supuestas brujas eran juzgadas pues por los propios concejos municipales en base a testimonios de testigos que atribuían a estas mujeres todo tipo de males.

Mujeres que fueron torturadas en muchos casos (la práctica más habitual era atar sus manos por la espalda e izarlas del suelo) y que acabaron ahorcadas o entre llamas.

Como singularidad, el autor de libro destaca que estas mujeres no sólo debían hacer su testamento en prisión horas antes de ser ajusticiadas, algo que vincula a prácticas habituales del derecho foral aragonés, sino que debían responsabilizarse de los costes del proceso.

Isabel Bielsa, una de las mujeres de Monzón acusadas de brujería exclamaba tras oír las acusaciones de su propio hijo: "Oh traidor. ¿Y cómo puedes decir tan grandes malezas? ¿Quién te lo hace decir? Los frailes de la Trinidad de lo deben hacer decir...que yo no quiero al diablo verlo ni oirlo".

El resto de las protagonistas del libro, como Isabel Bielsa, fueron acusadas de participar en aquelarres, de echar el mal de ojo, de hacer pócimas con sapos y arañas y de provocar muertes y desgracias, y casi todas ellas pagaron con su vida por esto.


  • b26/02/15 01:41
    Brujas. La mayor parte de las acusaciones por brujería no tenían ninguna prueba real. Sólo eran supersticiones, denuncias anónimas, envidias, obsesiones o frustraciones personales, o colectivas que necesitaban un chivo expiatorio.Denuncias anónimas, testimonios de niños, muy sugestionados por el ambiente, que no paraba de bombardearlos con el miedo a las brujas. Pero, no se descarta que algunas mujeres u hombres fueran auténticos brujos; y que sabían lo que hacían. Pero, esos casos debían ser muy pocos.


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