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Aventuras de verano / 32

"En un burdel aprendí que el amor también se hace con la cabeza"

Ángel Guinda es poeta, Premio de las Letras Aragonesas de 2012. Este año, Olifante ha publicado su última obra, 'Rigor vitae'.

Anton Castro. Zaragoza Actualizada 13/08/2013 a las 13:01
1 Comentarios
Ángel Guinda, poeta.JOSÉ MIGUEL MARCO

Ángel Guinda (Zaragoza, 1948) es escritor y Premio de las Letras Aragonesas de 2010. Su último poemario es 'Rigor vitae' (Crueldad de la vida), que ha publicado Olifante este mismo año.

¿Qué suele hacer un poeta en verano?
En mi caso lo mismo que durante el resto del año aunque pase una temporada fuera de Madrid, fuera de casa: además de las cosas comunes de cualquier vida cotidiana, pensar, sentir, observar, leer; y cuando el poema me llama y me atrapa, escribirlo.

¿Dónde veranea?

No soy de playa, tengo alergia al sol y a las multitudes en la arena. Me considero de mar (contemplador del mar y sus misterios), más que de montaña, pueblo o ciudad. Acabo de pasar diez días en Punta de Couso (Pontevedra, en la Península del Morrazo, frente a las Islas Cíes) y he tenido la sensación de encontrarme en Arcadia, rodeado de árboles espías, de rocas fantasmales…esperando la noche para permanecer horas sentado en el césped de la colina abducido de lejos por el lento y espasmódico parpadear del faro.

¿Cuáles han sido el viaje y la ciudad de su vida?
Dos inolvidables viajes de verano me marcaron existencial y poéticamente: uno a Croacia y el otro a la isla griega de Rodas. En los dos fui moderadamente feliz: en el primero escribí el poema 'El mar', de 'Claro interior'; en el segundo los ocho poemas de amor que forman la sección 'Sin los cinco sentidos' del libro 'Caja de lava'. En cuanto a ciudades que he visitado en verano y, por razones diversas, me han conmovido Nueva Delhi, Moscú, San Petersburgo, Dubrovnik, Sarajevo, Nueva York, Hanoi y Ciudad de México. Pero, para mí, el viaje más hermoso y fértil, también el más tortuoso, sigue siendo el viaje interior.

Recomiéndenos un poeta o dos o tres ideales para el verano y dos o tres poemarios... Y, si puede, diga por qué, claro...
Recomendaré leer a Ángel González, al que estoy releyendo recientemente en la antología 'La primavera avanza' que me ha regalado su viuda Susana Oviedo. Lo recomiendo porque el lector valorará la mezcla de sencillez expresiva, profundidad meditativa e ironía desdramatizadora que caracteriza el estilo de González. Y también recomiendo leer en verano la poesía de Antonio Colinas y de Ricardo Paseyro que coinciden en esa necesidad de mirar al cielo, de indagar sus enigmas en medio de la luz y de la oscuridad.

El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Le persigue algún recuerdo especial?
Los veranos de mi infancia y adolescencia se sitúan en Uncastillo (ese maravilloso pueblo-museo del románico aragonés), en su río Arba, en sus colinas, en el campanario de la iglesia de Santa María donde traducía mi soledad y divisaba el pueblo su paisaje envolvente.

Qué le debe al Moncayo?
El paisaje exterior ha estado siempre algo eclipsado por el existencialismo de mi paisaje interno, excepto en el caso del Moncayo, con cuyos habitantes he convivido, en cuyos bosques me he adentrado y en sus cumbres de invierno he visto siempre “llamaradas de niebla”.

¿Qué queda del hombre rebelde, del poeta político y transgresor que había en usted?
Queda esa militancia permanente en forma de insatisfacción, disidencia y fracaso en relación con el mundo en el que vivo. Una instintiva necesidad de escapar de este mundo, de su realidad injusta, hipócrita y mediocre.

¿Es la poesía necesaria para la salud o es algo que se ha quedado trasnochado, en el furgón de cola de la cultura?
La gran poesía es totalmente necesaria para la salud cultural, pensante, experiencial, del entendimiento, de la imaginación, de la sensibilidad; para la salud del espíritu y del cuerpo. La banalidad del mundo actual es una de las causas de su injusto y escaso reconocimiento.

Estos días se recuerda de nuevo al Niké. ¿Qué le debe y qué relación ha tenido con sus poetas?
A Manuel Pinillos, Ildefonso Manuel Gil (menos presencial), Miguel Labordeta, Rosendo Tello, Luciano Gracia, Julio Antonio Gómez, Miguel Luesma, Guillermo Gúdel y José Ignacio Ciordia les debo su extraordinaria poesía de la que tanto aprendí y sigo aprendiendo. Excepto con Labordeta, al que conocí pero no traté personalmente, con todos ellos he mantenido una relación de entrañable fraternidad fundamentada más en la intensidad de los momentos convividos que en la frecuencia de los mismos.

¿Cuál sería el menú de un día perfecto?
Una infinita contemplación, una conversación distendida, enriquecedora; una comida típicamente aragonesa (migas, ternasco) o, en su defecto, una parrillada de sardinas y mariscos en un puerto de mar; el mejor vino, excelente gintónic nocturno, fumar tabaco, buena hierba. Y hacer el amor, si no es molestia.

¿Cuál ha sido el gran personaje, real o de ficción, de sus vacaciones?
Citaré tres personajes reales, cuyas canciones me acompañan siempre, especialmente en vacaciones de verano: Mikis Theodorakis, Bob Dylan y Leonard Cohen.

¿Cómo fue su primera vez?
Sucedido en 1968, en la calle El Caballo, de Zaragoza. Yo tenía veinte años. Fue una experiencia de “amor alquilado”, con una trabajadora sexual. Ya en la intimidad de la habitación ella se desnudó inmediatamente, se lavó su sexo en una palangana y me llevó a la cama. Atormentado por ese complejo de culpabilidad que nos regalaron el catolicismo y la dictadura, cuando llevábamos media hora empleados en caricias y besos, y como quiera que no me venía arriba ni con banderillas de fuego, me dijo “Bueno…¿qué? No tengo toda la tarde para ti”, me atreví a responder: “Soy muy duro, te lo vas a tener que trabajar”. Cinco minutos después se incorporó gritando. “Está una harta de maricas”. Me sirvió para aprender que también el amor se hace con la cabeza.

Dicen que Aragón es tierra de prosistas y de pensadores, y de cineastas, pero no tierra de poetas. ¿Qué opina?
Es cierto que hay muchas autoridades indiscutibles del pensamiento, la narrativa o el ensayo lingüístico y literario. Pero también es verdad que existen otros tantos poetas históricos o en camino de serlo (más allá de los hermanos Argensola, en mi opinión sobrevalorados) del siglo XX y XXI, entre ellos los que mencioné anteriormente, más José Luis Alegre Cudós, Mariano Esquillor, Joaquín Sánchez Vallés, el ya citado Saldaña, Vilas, José Verón, Gómez Milián, Sarría, Yusta, Picón… y tantas mujeres poetas entre las antologadas en Yin: poetas aragonesas, 1964-2010, como Luisa Miñana, Carmen Ruiz Fleta o Ana Muñoz.

¿Cuál es la mejor o la más extraña anécdota veraniega vinculada a tu profesión?
Un viaje a Oporto en mi coche (en compañía de Trinidad Ruiz Marcellán, Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate) para visitar a Eugénio de Andrade. La Guardia Civil nos paró en Zamora y al registrar el coche y descubrir que llevábamos cien ejemplares de mi librito de juventud 'Cantos en el exilio', dedicado a Fernando Arrabal, y que me había entregado en Bilbao el editor, fuimos retenidos durante más de una hora en el Cuartel de la Benemérita hasta que, realizadas las llamadas telefónicas y las investigaciones “inoportunas” para nosotros, nos dejaron continuar viaje.


  • mayusta14/08/13 00:00
    Grande - y muy generoso- Ángel Guinda. Gracias por la cita...


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