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Aventuras de verano / 31

"Soy pintor de la Sierra de Guara y de la tierra llana, no del Pirineo"

Fernando Alvira Banzo (Huesca, 1947) es Doctor en Bellas Artes, historiador del arte y pintor, además de director del instituto de Estudios Altoaragoneses.

Antón Castro. Zaragoza Actualizada 12/08/2013 a las 11:53
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Fernando Alvira con sus dibujos.

Fernando Alvira Banzo (Huesca, 1947) es Doctor en Bellas Artes, historiador del arte y pintor. Es director del instituto de Estudios Altoaragoneses. Una buena parte de su obra pictórica se agrupa bajo el término ‘Paisajes viajados’, que da nombre a su blog. Ha ilustrado el libro ‘Cuentos y leyendas’ (PUZ: Larumbe Chicos) de Ramón J. Sender. Entre los años 70 y 80 publicó varios centenares de plumillas en HERALDO bajo el título de ‘Rincones del Altoaragón’.

¿Qué se siente más: profesor, pintor, estudioso del arte, director del Instituto de Estudios del Altoaragón (IEA)? ¿Qué suele hacer en verano?
En verano soy más pintor que cualquiera otro de mis oficios. El IEA no para, pero su ritmo es menor, aunque la semana pasada firmamos el legado de Costa y presentamos el último libro de la colección Monumenta. La Universidad está cerrada por vacaciones –por primera vez en los años que llevo como profesor de la de Zaragoza-, pero el estudio sigue abierto y las condiciones no son nada malas para trabajar.

¿Dónde veranea?

El término veraneo no ha entrado en mi vida. Hemos salido en ocasiones un par de semanas como máximo, y casi siempre a la playa por decisión de la superioridad.

¿Cuáles son los grandes paisajes de Huesca? ¿Qué pueblos le conmueven especialmente como ciudadano y como pintor?
El Pirineo ha sido de siempre el tema preferido de los grandes pintores de ambos lados de la frontera. Pero a mí me ha interesado más, desde que comencé, la sierra de Guara y la tierra llana. Los Somontanos y la tierra llana. Respecto de los pueblos, de los más de trescientos que se publicaron en la serie de dibujos que hice para HERALDO en los años setenta y ochenta me sorprendieron algunos de los menos turísticos, empapados de equilibrio y buen gusto en su urbanismo rural. El pintor, aunque no calle, pinta. El tema es un poco la excusa. Y el paisaje oscense que me rodea tiene tal variedad de matices y de formas que me llena completamente como asunto. La naturaleza ha sido la gran protagonista de mis veranos.

¿Quiénes son sus pintores oscenses preferidos y por qué?
León Abadías, Félix Lafuente y Martín Coronas por razones obvias: mi tesis doctoral debía girar en torno a uno de ellos. Elegí a Martín Coronas porque, pese a ser el menos pintor si consideramos criterios académicos, es el que consideré más interesante como hipótesis de trabajo.

¿Qué hace diferente al resto del año? ¿Cuál es el menú de un día perfecto?
No demasiado. Solo cambian los espacios. Respecto a menús, las ensaladas de legumbre, los gazpachos caseros, el marmitaco y el pollo a la chilindrón son frecuentes en la mesa de verano.

¿El viaje y la ciudad de su vida?
Los viajes de verano de mi vida han sido a las islas. Baleares y Canarias. Desde el 77 en Palma, al último de hace dos años en Costa Adeje, en Tenerife. Respecto a las ciudades son necesariamente de invierno: Siena y Granada. Allí tengo dicho en casa que me busquen si me pierdo: si no estoy es que me he perdido del todo.

¿Qué significan para usted las fiestas de San Lorenzo?
Parto de una premisa que creo es fundamental: la infancia y la adolescencia no las viví en la ciudad. Estaba en un internado de los de la época, con los Salesianos. Cuando regresé definitivamente ya había cumplido los treinta y me costó reenganchar. Las vivo el nueve y diez, y encuentro tiempo incluso para lo que desde hace unos años llamamos cena gamberra pero que en los últimos se ha parecido bastante más a la adoración nocturna.

El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. Al amor y a los ritos de paso. ¿Cómo fue esa época?
De la primera infancia recuerdo, sobre todo, los juegos por la noche en la Avenida de Monreal, iluminada con una bombilla. La infancia y la adolescencia en el Internado. Creo que las pasé sin demasiados agobios.

¿Cómo fue la primera vez?
Dicen que no se olvida, pero está claro, y lo pueden certificar quienes me conocen, que la memoria no es una de mis características.

¿Que lecturas u otras actividades realiza estos días?
Soy un lector escaso, he de reconocerlo. Les digo en clase a mis alumnos que si por cada trazo hubiera leído una línea sería un tipo culto. La actividad diferente es la natación. Hago un kilómetro diario durante el buen tiempo. Me rebaja curvas excesivas y me da tiempo para pensar.

¿Qué película marcó especialmente uno de sus veranos?
‘Esplendor en la hierba’ de Elia Kazan, sin duda. O quizá me marcase aún más su protagonista femenina Natalie Wood.

¿Por qué se dice tanto y tanto que Huesca es la capital cultural de Aragón?
Tal vez se diga demasiado. Puede producir un efecto de adormecimiento en los trabajadores de la cultura de la ciudad y la provincia. La realidad es que, proporcionalmente, la cantidad y la calidad de los productos culturales que ofrecen no solo la ciudad sino muchos otros núcleos de población de la provincia hacen pensar en una realidad con mucho mayor poderío económico como capital y provincia de la que tienen este vasto y cambiante territorio y esta pequeña ciudad de provincias.

¿Cuál es la mejor anécdota veraniega vinculada a su profesión?
Me querían hacer pagar por dibujar una ‘cheminera’ en un pueblo no muy alejado de la ciudad. Lo de somardas, por lo visto, no se queda solo en la capital. La somardería debe filtrarse.




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