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Cultura

"La emigración de los jóvenes es una hemorragia dañina"

Félix Teira (Belchite, 1954), uno de los escritores aragoneses más sólidos, acaba de publicar una novela coral sobre las dificultades de los jóvenes y su difícil relación con los padres: ‘Hijos y padres’ (Funambulista).

Antón Castro. Zaragoza Actualizada 09/06/2013 a las 09:54
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El escritor Félix TeiraMARÍA ORTÍN

¿En qué consiste para usted ser novelista? ¿Por qué escribe? 
Ah, la pregunta temida… Todos escritores tenemos una respuesta memorizada, que no acabamos de creernos, para salir del paso. ¿Por qué escribimos? Quizá en la adolescencia, el origen de todas las quimeras, era una manera de explicarte la vida que te desbordaba; con el brío chulesco de la juventud la literatura parecía un arma para transformar la sociedad; ahora, cuando sabes que no vas a entender la vida ni a transformar la sociedad, se convierte en una forma de estar. Casi de ser…


¿Qué relación mantiene con la realidad? Parece que siempre estás ahí al pie del cañón, desvelado contra la extrema derecha de Le Pen en ‘La ciudad libre’, con la barbarie de Yugoslavia en ‘La violencia de las violetas’...
Lo de “testigo de su tiempo” queda pretencioso, pero es cierto que la realidad me ha impuesto temáticas que nunca había pensado. Novelista o no, ¿quién queda al margen de una circunstancia que zarandea su sociedad? La ferocidad de la guerra de Yugoslavia, en la “civilizada Europa”, con un nivel de vida similar al nuestro, repetía lo peor de la especie: el odio al vecino, al diferente, al otro.

Ahora también se postula contra la crisis. ¿Qué le duele exactamente?
Lo que más duele es que sea una crisis estúpida porque no obedece a una quiebra tecnológica sino a un capitalismo especulativo, ése que no crea riqueza sino que la engulle. Ahora mismo los peor parados son las clases bajas y emigrantes, pero también afecta a las clases medias, que son la columna vertebral de la democracia.

¿Con qué estado de ánimo escribe?
El cabreo, opuesto a la indiferencia, es bueno como motor de arranque. Te cabreas cuando lo que ocurre te importa. Desearía escribir desde la lucidez, claro, ¿pero quién tiene ese don?

Vayamos explícitamente con su novela. ¿Qué quería contar del vínculo entre hijos y padres?
Los personajes están en torno a los diecisiete años, probablemente la edad más crítica, pues ya se ha afirmado una parte de su personalidad y cuestionan todo, especialmente el modelo inmediato, que es el de los padres. Eran los portavoces idóneos para narrar estos tiempos confusos.

¿Cuál es ahora el lugar del hijo y el lugar del padre?
Pese a los cambios (divorcio, nuevo papel de la mujer, etc.) la familia es una estructura básica que conforma la personalidad de los hijos, para bien y para mal, con más fuerza que la escuela, las amistades o la sociedad. Hay un periodo en que los hijos cuestionan los roles de los padres, pero después, si los canales de afecto y comunicación han funcionado, los imitan.

¿Qué piensa del hecho de que los jóvenes tengan que emigrar así, tan alegremente?
Es el indicador del fracaso de un país, así de tajante. La emigración de los cincuenta y sesenta alivió el paro, trajo divisas e incluso modernidad. La emigración actual de los jóvenes mejor formados es una hemorragia dañina. En el progreso de las naciones, muchos estudios lo corroboran, no son decisivos los recursos naturales sino el capital humano y las instituciones.

Es profesor de adolescentes. ¿Cómo los ve a diario, qué sensaciones tiene?
Un adolescente armado con un móvil, adornado con un ‘piercing’ y con cascos en las orejas parece distinto del de hace veinte años. Sin embargo, es el mismo joven necesitado de una orientación, unas normas claras y algo de comprensión. En educación, lo digo en el libro, el único factor que altera el producto es el factor humano.

¿Está fracasando la educación en la sociedad o fracasa la sociedad y arrastra a la educación a un lugar crítico?
La expresión “fracaso escolar” no refleja la realidad. Hay fracaso sociofamiliar, y las tres estructuras que fallan son, por orden de importancia, la familia, la escuela y la sociedad. La familia ha delegado muchos aspectos de interiorización de normas, sentido del esfuerzo y responsabilidad en la escuela. Ahora se agrava con dos problemas: la desinversión en la escuela pública y la pregunta trágica derivada del paro juvenil: ¿Estudiar? ¿Para qué?

¿Cómo compagina el binomio denuncia y literatura, compromiso y estética en sus libros?
La denuncia, gratuita o fundamentada, en una novela sonaría falsa, una verdad sin corazón. Lo que vivifica una obra, la carga de emoción y produce ese temblor inolvidable es la literatura. De modo secundario, como una exudación, surge la denuncia que la literatura ha cargado de verdad. ¿Pero cuándo aparece la literatura? Es tan esquiva y caprichosa…

Dice siempre que hay que salir a la calle...
Si me encerrara en mi torre de marfil lo que pudiera escribir estaría muerto. Para dar cuenta de los sueños y miserias de tu sociedad hay que pisar la calle, ir los bares, leer periódicos, oír la radio, mezclarte con la gente… Es ahí donde le tomas el pulso a la sociedad.

Por cierto, ¿’Hijos y padres’ es una novela o un encadenamiento de cuentos?
Tampoco yo lo tengo claro. Son cinco cuentos protagonizados por personajes que se conocen entre sí, de manera que los cuentos se ensamblan, se prolongan e incluso el desenlace ocurre en el siguiente, lo que conduce a una visión panorámica propia de una novela.

¿En qué autores, en qué libros, se siente reflejado, con cuáles tiene una impresión de complicidad o de afinidad?
Últimamente me doy cuenta de que en mi obra hay rastro de todas las lecturas que me han impresionado. Como en literatura reconocer deudas no es pagarlas, admito en ‘Hijos y padres’ influencias de las aventis de Juan Marsé, el desgarro del Boa de Vargas Llosa, la aparente ingenuidad de Daniel Gascón o Andrés Barba, la acritud de algunos cuentos de Raymond Carver, la mala baba y a la vez la comprensión de John Updike, la frase chulesca de Tom Wolfe… A cierta edad somos hijos de nuestras lecturas.




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