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Literatura

Dita, una niña contra los nazis

Antonio G. Iturbe (Zaragoza, 1967) firmó una de las novelas del 2012: ‘La bibliotecaria de Auschwitz’ (Planeta).

Antón Castro. Zaragoza Actualizada 22/03/2013 a las 16:53
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El escritor Antonio G. Iturbe

Uno de los libros del año 2012 lo firmó un zaragozano, de Casetas, nacido en 1967, que se trasladó muy pronto a Barcelona: Antonio G. Iturbe, director de la revista literaria ‘Qué leer’. Se trata de la novela ‘La bibliotecaria de Auschwitz’ (Planeta), inspirada en un caso real y en la joven bilbiotecaria Dita Kraus, que pasó a la novela como Dita Adlerova. La novela se presenta este viernes, a las 19.00, en la librería Fontibre Troa de la calle San Miguel.

“La lectura de ‘La biblioteca de noche’ de Alberto Manguel fue la que me mostró que había existido una pequeña biblioteca clandestina de ocho volúmenes en un recóndito barracón del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, en un subcampo llamado coloquialmente Campo Familiar. Una muchacha de 13 años, Dita, era la encargada de manejar los libros y ejercer de bibliotecaria. Manguel cita en su bibliografía el libro donde él ha leído sobre la pequeña biblioteca y voy a por él. Supe de la existencia de una novela llamada ‘The Painted Wall’ escrita por Ota Kraus. Encontré en internet una página web en la que se podía adquirir la novela. Pero no podías pagar con tarjeta VISA sino que debías escribir para solicitarla. Al hacerlo, la persona que me respondió firmaba como Dita Kraus. Le pregunté si no sería ella la Dita que manejaba los libros en barracón 31 del Campo Familiar. Y era ella, con 79 años. Dita Adlerova es su trasunto libresco, la proyección literaria que hago de ella basándome en su vida”, ha explicado el escritor y periodista.

Dita tiene algunas semejanzas con Ana Frank: nacieron en el mismo año, una en Holanda y la otra en Checoslovaquia, y fueron trasladada al campo de Berger Belsen. Ana no sobrevivió y Dita se convirtió en una gran lectora y en un personaje de novela. Antonio G. Iturbe señala: “Al principio quería hacer un libro de no ficción. Estuve documentándome mucho, escribí cientos de folios, pero no me salía. Empecé a plantearme que debía contar una historia. Porque ocho libros desvencijados en un barracón no eran un material de peso desde el punto de vista de la historia oficial de la Segunda Guerra Mundial, pero en cambio eran una metáfora extraordinaria para hablar de la importancia de la lectura y la enseñanza y rescatar del olvido a la gente del barracón 31, que arriesgó su vida para levantar una escuela que arropara a un montón de niños caídos en el pozo más negro que han conocido los tiempos”.

Los niños, una rareza

Dice Iturbe que los niños en Auschwitz-Birkenau eran una rareza: no eran útiles como mano de obra y eran asesinados. A veces eran objeto de los siniestros experimentos de Joseph Menguele, que también aparece en la novela y que da miedo a todo el mundo: a los prisioneros y a los propios nazis.

Añade: “En Auschwitz todo estaba prohibido. Aún así, funcionaba un mercado negro en el que se podía comprar algunas cosas: se podía cambiar un mendrugo de pan por unos cigarrillos, se podía cambiar sexo por un mendrugo de pan… En el barracón 31 lograron conseguir de manera clandestina hasta ocho libros. Fue designado por los nazis como barracón para los niños del Campo Familiar para que no molestasen durante la jornada mientras sus padres trabajaban en los talleres. Nombraron director o kapo del barracón a un interno, judío alemán, llamado Fredy Hirsch. Los niños debían permanecer allí durante la jornada entretenidos, pero le prohibieron que se hablara de religión o de política, prohibieron que se practicara cualquier tipo de enseñanza. La grandeza de Hirsch es que no les hizo caso y organizó de manera clandestina una escuela”.

Dita es uno de los grandes personajes de una novela coral. Igual que el extraño Hirsch. Explica Iturbe: “Hay personas que tienen una fuerza natural arrolladora, que son como un río, imparables. Dita es una de esas personas. A sus 83 años sigue llena de planes para el futuro. Hirsch es un luchador. Su sueño es el de ver a los judíos libres y orgullosos en su tierra prometida de Sión. Es un hombre orgulloso, un gran instructor de deportes, un líder al que los jóvenes veneran, un atleta, un hombre de una elegancia innata que hace que incluso en medio del fango físico y moral de Auschwitz siempre tenga un porte impecable. Pero sí, Hirsch tenía también un secreto, un talón de Aquiles. Pero eso lo hacía todavía más grande. Hirsch tenía sobre la cabeza más guillotinas pendiendo que sobre cualquiera en Auschwitz, y aun así desobedeció las órdenes de la comandancia nazi y nunca dio un paso atrás”.

En la novela hay amor, dolor, delación, traición, miseria y muerte. Y hay, muy especialmente, un resquicio para la cultura y la importancia del conocimiento y de los libros.




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