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Ocio y Cultura
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Entrevista

"El buen cuento es infinito"

La escritora Eugenia Rico (Gijón, 1972), premio Azorín y Premio Ateneo de Sevilla, entre otros galardones, presenta hoy su primer libro de relatos en Ámbito Cultural.

Libro de Eugenia Rico
Eugenia Rico
VALENTINA FIGINI

¿Cómo nace ‘El fin de la raza blanca’ (Páginas de Espuma)? ¿Quería que fuera un libro unitario o un libro de suma de textos?

Yo quería un libro en el que los textos dialogasen unos con otros, se iluminasen los unos a los otros. La arquitectura final del libro fue lo que más me costó. Escribir lo que los cuentos se dicen al oído unos a otros.

¿Qué le debe este libro a Dante?

Gran parte del libro sucede en el Infierno aunque los personajes hablen español. He invertido la estructura dantesca: ‘El fin de la raza blanca’ comienza en el Cielo donde los personajes se buscan, continúa en el Purgatorio donde se encuentran y culmina en el Infierno donde se quitan las máscaras. Son como las etapas de un amor-pasión como el del portugués y la princesa del libro: empieza en el Paraíso, se convierte en un purgatorio y acaba en el Infierno.

¿Cómo te has enfrentado a los cuentos y al cuento como género?

El cuento es un género de perfección. Una sola palabra fuera de lugar puede destruir un cuento. En el cuento si hay una pistola tiene que disparar, en la novela la pistola podría ser sólo un objeto de deseo. La novela es el reino de la digresión, el cuento el dominio de la precisión. Para mí el cuento es un género de madurez tanto como la novela por eso he tardado tanto en publicar cuentos.

Hay cuentos de distinta extensión. ¿En qué distancia se siente más cómoda, en el primero o el último, brevísimos, o en la media distancia?

No es una cuestión de distancias, si no de que ese cuento en particular haya quedado perfecto, si es así a la primera aún habrá que corregir, pero si no ha salido hay que tirarlo. Por otro lado no hay cuentos cortos ni cuentos largos. El buen cuento es infinito porque sucede en la cabeza del lector. La verdadera extensión de un cuento sucede en la cabeza del lector.

El primer cuento es escalofriante. ¿Un cuento de amor y de horror, no?

Acaso el amor y el horror no pueden ser lo mismo. Es un cuento sobre mi literatura que acaricia como una cuchilla y hiere como una cucharilla que hace cosquillas en tu piel.

El último es un cuento sobre el doble y la identidad. ¿A dónde quería ir?

¿Adónde vamos? No sabemos quiénes son los otros, no sabemos quiénes somos nosotros, a veces convivimos con un extraño que somos nosotros mismos. Eso es la soledad.

Háblenos de ‘La línea gris’. ¿Qué le debe a su hermano, muerto demasiado pronto, y a la novela que le dedicó, ‘La muerte blanca’?

Escribí ‘La línea gris’ antes que ‘La muerte blanca’ (Planeta), y tiene esa misma respiración poderosa. El argumento es ficticio, la depuración del lenguaje es la de “la muerte blanca”. Yo le he dedicado todas y cada una de mis obras a mi hermano muerto. ‘El fin de la raza blanca’ está dedicado al final del libro a mi hermano porque no podrá leerlo y a los lectores porque lo han leído. Como recompensa al lector y como homenaje al ausente. Pensamos que los muertos no pueden leer. Quizá no sea del todo cierto.

¿Cuál es la presencia de la guerra civil, en qué medida le obsesiona?

En el libro hay varias guerras, y la guerra aparece como el telón de fondo de ese tiempo de los asesinos, cuando leen ‘La línea gris’ en Sudamérica piensan en los tiempos de las guerrillas y de sus guerras civiles, los españoles recordamos nuestra guerra. La guerra es para mí el escenario de la barbarie, el lugar donde los hombres dejan de ser hombres y pasan a ser otra cosa que nos sabemos qué es, por eso escribo sobre ella y me meto en el punto de vista del asesino.

Hay un cuento especialmente espeluznante. ‘La primera vez’ ¿Cuál es el origen de ese cuento de violación y pederastia?

Es la historia real de un amigo mío, violado de niño por un familiar y de cómo su familia castigó a la víctima inocente por haber hablado. La infancia es el único colectivo marginal al que todos hemos pertenecido. Deberíamos defender más a los niños porque todos hemos sido niños. Los niños aún hoy no tienen suficientes defensas contra la pederastia, contra el “mobbing”.

Hay cuentos realistas, fantásticos, de leyenda. ¿Se siente más cómoda en una atmósfera que en otra o la literatura consiste en explorar?

Yo vengo de la tradición oral de los cuentos de la “esfollaza” (deshojar el maíz) que contaba mi abuela en Galicia, pero vengo también de las lecturas: de Poe, de Maupassant, de Chejov, de Flannery O'Connor. Aunar la tradición oral con los registros cultos es mi afán y en esa búsqueda todos los recursos son posibles.

¿Qué ha aprendido como escritora de un proyecto como este?

Publicar ‘El fin de la raza blanca’ forma parte de mi proyecto como escritora de ir construyendo una obra en la que no hay ladrillos pequeños, los cuentos son ladrillos grandes de mi obra igual que los poemas que no quiero publicar hasta que no esté muerta. Puede ser que entonces ya nadie quiera publicarlos, puede que yo tampoco quiera pero ya no podre decirlo. Mientras tanto como todos los escritores tengo que ser buscando la página perfecta y la obra total, en la medida de mis fuerzas.

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