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Ocio y Cultura

RECOMENDACIONES NAVIDEÑAS / 1

El triángulo guasón del amor

Portada del disco de Loquillo
El triángulo guasón del amor

Gabriel Sopeña es uno de esos creadores capaces de pensar para sí y para los demás. Posee un entusiasmo contagioso. Es apasionado con lo ajeno. Y ama por igual la poesía y la música: a su trabajo en Más Birras, Ferrobós o El Frente hay que sumarle una carrera nada desdeñable como solista con álbumes como 'Mil kilómetros de sueños' y un montón de proyectos colectivos que han concebido, desarrollado y arreglado. Su encuentro con Loquillo ha sido especialmente fructífero: ahí están dos discos como 'La vida por delante' (1994), con algunas canciones-poemas espléndidas de Neruda, de Gil Biedma, de Octavio Paz o de José Mateos, o incluso suyas como 'Lisboa', y la segunda aventura, 'Con elegancia' (1998).

Coincidiendo con esa colaboración, Sopeña y Loquillo pensaron un nuevo disco sobre el mundo poético, cotidiano e irónico, de Luis Alberto de Cuenca. Gabriel, tan dado a la bondadosa desmesura, decía de Cuenca cuando le requerían los productores (con quien no es tan afable: habla de “la mueca del mercachifle, crecida en su soberbia opulencia y atiborrada de un desprecio avaricioso e ignorante”) quién era el autor de 'La caja de plata': “Es un poeta príncipe que ha trascendido y trascenderá generaciones; y nos conmueve a los dos, a Loquillo y a mí”, les decía. Al final el sueño ha sido posible y ya está en la calle el disco 'Su nombre era el de todas las mujeres. Loquillo canta a Luis Alberto de Cuenca' (Warner, 2011).

Diez canciones, diez poemas de amor y desamor, diez melodías de mucha ironía, de alguna mala baba y de reencuentros, diez temas de alguna travesura y la picardía de la seducción y el sexo. Diez canciones que transcurren en la noche, en la cocina o en las calles madrileñas pero también en Salamanca. Loquillo es definido en el prólogo del disco por Arturo Pérez-Reverte como el “lector impenitente, olímpico veterano del asfalto y de la vida, último de los hombres duros” que se atreve con “los poemas guasones, entrañables, enamorados, políticamente incorrectos de Luis Alberto”.

Loquillo se atreve como él suele hacerlo: con sosiego, con gravedad, con esa energía de roquero indómito, sin forzar su registro, asumiendo su papel de 'crooner', casi de rapsoda urbano con voz de trueno. Sopeña le crea una sonoridad, un fraseo, una textura melódica, una amalgama de sonidos y él, sin estridencia y con voz enriquecida o desgastada por los ecos etílicos de las madrugadas, sale bien parado del empeño. Con precisión, con intensidad, con Johnny Cash en la cabeza. Con Tom Waits, con Tony Bennet, quizá, en la memoria.

Si la música y la adaptación de poemas corren a cargo de Gabriel Sopeña, los arreglos y la producción son de Jaime Stinus, que también toca la guitarra. La batería la toca Laurent Castagnet, tan vinculado con Aragón y con varias formaciones, y el piano y el órgano lo pulsa Santi Comet, del dúo Los Peces.

El disco reproduce los diez poemas, algunos tan felices como 'Political Incorrectness', 'Nuestra vecina' o 'Cuando vivías en la Castellana', sin olvidar 'La malcasada', que podría haberla cantado Chicho Sánchez Ferlosio. Y además incorpora algo muy sugerente: la obra pictórica de Fernando Pereira, que acompaña la reproducción de cada canción. Loquillo tiene su oficina en Zaragoza, en Antípodas, y este es, de nuevo, un álbum casi aragonés.

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