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PINTURA

La necesidad y el sentimiento

Roberto Coromina expone sus reflexiones artísticas en la galería del arte.

Aspecto de la obra, casi minimalista, y del preciso montaje.
La necesidad y el sentimiento
A DEL ARTE

Roberto Coromina (Remolinos, Zaragoza, 1965) al visitar la muestra me ha remarcado especialmente dos cosas: que es pintor, que se empeña con meticulosidad en logros importantes de la plástica y que la exposición -primera que realiza en Zaragoza en una galería privada, a pesar de su extenso corriculum- se llama ‘Minutos, horas, días’. Las primeras obras que forman dos conjuntos se basan en el número 24 que son las horas de un día. Dice que ya tiene edad para considerar el paso del tiempo como reflexión. El tiempo-deseo, dice Francisco Carpio en el texto del catálogo, es atrapado por un proceso rítmico en el que las líneas rectas construyen un complejo entramado de formas geométricas.

Dice Carpio que «como si fueran mantras, esas líneas van atrapando el tiempo, sobre el espacio del cuadro». Pintar el tiempo, pintar la estela, el rastro de dejamos a nuestro paso por la vida es lo que hace Coromina con esas líneas rectas dibujadas y pintadas formando paralelas.

La exposición aprovecha bien el espacio y se ha articulado entorno a cuatro componentes: un conjunto de bastidores partidos con lienzos pintados de rojo forman el conjunto que conecta con una etapa anterior dedicada a la reflexión sobre el soporte de la pintura, el grueso de obras nuevas, en la dirección marcada en 2010 con la obra premiada por la Junta del Principado de Asturias que se llama ‘Pintura 23’ está formado por pinturas de líneas geométricas resueltas en blanco que confieren una luminosidad y efectos geométricos cargados de lirismo, algo que recuerda las pinturas geométricas de carecer cinético de Eusebio Sempere.

Interesante resulta el video en el que se reflexiona sobre la magia de la pintura. Unas manos se encuentran con pintura azul, la frotan y el resultado es una superficie dispuesta para que surja la misteriosa pintura. El último grupo es un conjunto escultórico en el que unas planchas de acero cromado, diversamente plegadas, forman una elipse, como si fuera un móvil de Alexander Calder. La diferencia es que también se podrían considerar pinturas que se desbordan plásticamente de la bidimensionalidad pero que la luz y un vinilo rojo les imprimen color.

Recuerdo la exposición de Roberto Coromina, ‘Relevos’ en el Palacio de Sástago en 2003. En ella, José Manuel Broto había elegido al pintor de Remolinos como un pintor de la siguiente generación y no es extraño dado que Broto en los 70 se inclinó por la corriente ‘Pintura-pintura’ como forma de constatar su vitalidad y de negar la reiterada máxima de su muerte. Roberto Coromina considera también la pintura como una realidad sentida, ejercitándola siempre con un perfil de un pintor perfeccionista y meticuloso.

Los otros, el soporte, la duda

El artista ha conectado, a lo largo de su «percorso», el hecho pictórico en el marco intelectual de la historia del arte. Unas veces ha reflexionado desde el barroco, pintando fielmente fragmentos de Caravaggio o de Ribera, otras veces ha distorsionado las imágenes haciendo una anamorfosis que fuerza al espectador a buscar la forma proporcionada y clara. Recientemente ha reflexionado sobre el soporte pictórico al pintar como tema los lienzos sobre bastidor vistos por detrás, como si se tratara de una deconstrucción. En esta etapa sus reflexiones se orientan en el proceso de la pintura, en pintar sin pintura y con pintura, en el tiempo y en el espacio, en los efectos ópticos y el geometrismo, en la luz, en el movimiento, en el misterio siempre latente del arte y en el misterio de la pintura. El resultado es siempre distinto a la referencia.

A la vez le interesa cuestionar la pintura, sus imágenes, la percepción de las mismas. Se interesa por la razón de ser del arte y la pintura. La muestra que analizamos es un ejemplo de diferentes técnicas y soportes, encontramos técnicas tradicionales con una tridimensionalidad fingida, encontramos instalaciones o conjuntos que recuerdan a los relieves, encontramos videopintura y nos acercamos a la escultura que colgada en el techo presenta movimiento, orden espacial y pictórico. Y siempre trabaja con coherencia.

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